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El congal postapocalíptico
Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
El poder en tiempos de bonditud y bondidad
Tal vez estamos viendo la peor cara de México, aún así, los amantes de la bonditud nos dicen que aquí no pasa nada y que nada sirve, que te calles.
Por Jorge Hill
7 de noviembre, 2014
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progre bonditud

Algunos dicen que la palabra “bonditud” surgió de un error que tuvo Gisela Perez de Acha en el programa “Sin Filtro” al querer decir “bondad”. El origen es lo de menos, ella me cae rebien y no hay intención de poner dedo en llaga, aunque conociéndola un poco, me imagino que le deben importar un camote aplanado las críticas idiotas alejadas de argumento por un error que cualquiera puede tener.

Entonces habrá que aclarar el significado que yo le doy a los neologismos “bonditud” y “bondidad” que tanto uso y que ya sabemos que no están en la RAE, no pierda su tiempo en los comentarios blandiendo el pinche librito ante este y tantos neologismos utilizados en el congal y en la vida, cuídese del ridículo, pues. Tal vez el desarrollo de este texto aclare el significado y sea contenido al mismo tiempo.

El país (¿mundo?) que vivimos hoy está plagado de tragedias y serias disfunciones, se vienen anunciando desde hace décadas y han sido echadas de lado como “casos aislados” una y otra vez por (dis)funcionarios públicos, recibidas de la misma manera por una cultura a la que le encanta evadir y le encanta evadir pensar, sobre todo pensar las cosas de manera sistémica, asociarlas y entenderlas, pensar en sus causas y efectos, en los efectos como causas de algo posterior, ciclos y cambios. Una muestra típica y representativa de esta incapacidad es la extendida actitud negativa ante la palabra “sistema”, se cree que es “de hippies”, se cree que se está hablando desde un lugar místico y abstracto, incluso conspiranóico. La realidad es que no podemos entender Poder, Estado y cultura sin asociarlos a sus causas y efectos, de dónde vienen, desde dónde hablan y qué nueva capa de resultados crearán, a su vez convirtiéndose en nuevas causas de una misma red compleja que se autoalimenta y aparece con una nueva (o vieja)  cara cada pulso, cada segundo: Sí, un pinche sistema, métaselo bien en la cabeza, porque aunque no quiera, ya está inserto, no en uno, en muchos. Nunca se le preguntó si quería y no hay manera de salirse, sólo de generarles cambios, para bien y para mal, para bien de unos que puede y suele ser mal de otros.

fractal bonditud

Un primer paso de cambio masivo hacia este paradigma de pensamiento fue dejar de señalar a los malos de la telenovela y empezar a señalar al Estado en las últimas manifestaciones. Dejar de ver al presidente, a “Televisa” o a quien invistamos de magnífico poder como el villano máximo, para empezar a entender la podredumbre en el poder como un sistema, es un gran paso en una cultura, resultado de individuos que empiezan a pensar en asociaciones y no en personas o imágenes, para masificar un discurso coherente, incluso funcional, generador y catalizador, que es justamente lo que nos falta

Esto no quiere decir que el poder de individuos o grupos no influya, claro que lo hace, ancla, da puntos de apoyo y articula. Esto quiere decir, más bien, que podemos entender que el poder, su devenir y su “a dónde ir”, ya son factores en el pensamiento y le dan claridad, posibilidad y poder propio al entendimiento, es poder vislumbrar la máquina en vez de centrarse en un engrane de los miles que la conforman. Es salir de la inocente burbujita que hace a la cultura y a la opinión pública algo sin poder, sin instrumentos, sin injerencia, sin capacidad de generar, como suelen ser las opiniones impotentes con las que el mexicano se mueve día a día, hasta que el sistema empieza a implotar, como lo que estamos viendo en estos días.

Resulta, empezamos a entender, que el “sistema” no está formado únicamente de “el presidente”, “los partidos”, “los corruptos” o líneas editoriales comprometidas, alineadas o simplemente cobardonas como las de las grandes televisoras de México y el mundo, nos incluye a nosotros también, a nuestras incapacidades, nuestros silencios permisivos, nuestra comodiad ante la lejanía del dolor, nuestra muy jodida “lógica” que nos hace vomitar absolutas idioteces de visión microscópica como: “Tampoco eran santitos, andaban secuestrando camiones” (Como diría Lucerito: ¡¿Yyyyy?!), “Son los papás que no los educaron bien”, “Qué mal que graffitearon el ángel, se pierde credibilidad”, “Está bien que estén enojados los papás de los normalistas, pero que no haya violencia” (que se enojen bonito, pues).

Este tipo de gente no sólo cree que esas opiniones son relevantes, cree, incluso, que son “argumentos”.

why eres así bonditud

¿Juai? existe toda una red de bonditud y bondidad que se lo afirma.

Aquí llegamos a la babeante bonditud, a esa gran parte de nuestros productivos y alineados mexicanos que siguen sin comprender la gravedad del problema, que incluso se dan el lujo de desecharlo como “otra pinche manifestación”, “otros porros”, “otros chairos”, “lo mismo de siempre, de todas maneras no pasa nada”. Desgraciadamente ya sabemos que los aprendizajes llegan para muchas personas hasta que el monstruo que ven ahí lejos, presentado entre sonrisas y escotes en la televisión, les sale por debajo de la propia cama. Es hasta entonces que se levantan, pero la consigna es: “¿Y mis chichis, mis mamaditos, mi despertar mañanero con sonrisa y baile en el programito buenaonda, mi sonrisa Loret-Colgate, mi introyección de la “sabia calma” del town elder Dóriga, mi ‘me compro esto y se me olvida’, mi pinche calma y comodidad, carajo?”.

baby-sad

¡Mi “tejido social” me roza, mamá!

Para que exista un Estado debe existir un intercambio, sacrificamos ciertas libertades para tener un estado de derecho. Pero hay de estados a estados, y de estados a estados fallidos, hay de estados a estados que ya pidieron demasiada idiotización de sus ciudadanos sin dar nada cambio, porque el poder se quedó atrapado en la red inmensa y corrupta que los pescadores de allá arriba acomodaron y los pescadores de abajo intercambiaron por otros paliativos, por la bonditud, por la bondidad.winning bonditud

¡WINNING! right?…. RIGHT?!

La bonditud es el nene que no quiere ver pintadas sus calles con consignas porque le parece que “el tejido social” (whatever that means) se está… ¿deshilachando?, es la nena que no puede diferenciar entre una manifestación pacífica y una quema de metrobús en el otro extremo de la ciudad porque no tiene ni una puta idea de lo que está pasando, es la doñita que culpa a las víctimas y a sus padres por no darles una educación llena de bondidad, es la jovenaza que tira un “misógino” a todo hombre que hace algo que no encaja con su (f)rígida y neovictoriana moral y se dice “feminista” en el proceso, es el godínez harto de ñeros manifestantes que no trabajan y que no lo dejan llegar a su chambs para seguir calentando muy productivamente su silla durante 10 horas, sentirse moralmente superior y libre de pecado al “pagar sus impuestos como buen mexicano”; es la seño que nos dice lo terriblemente malas que son las drogas, el aborto, adueñarse de su propio cuerpo para hacer lo que se quiera con él, decir “malas palabras” y tener “malas amistades”. Es, en pocas palabras, la cultura tercermundista y cegatona de un lugar temeroso a todo, al cambio, al hartazgo de los otros, a ver hacia afuera, no vaya uno a encontrar la realidad… ¿para qué? si la realidad está en los noticieros (risas grabadas).

crowd bonditud

La bondidad cita y llama a Gandhi y a otras leyendas confusas, porque “fue posible”, sin abrir un libro de historia para darse cuenta que aquel conflicto de la India fue tan sangriento como cualquier otro y que la imagen del señor ha sido validada por estados aquí y allá gracias a la comodidad e inefectividad que trae a todos, bien alineaditos. “¿Entonces haces un llamado a la violencia, Hill?” ¡nunca! hago un llamado al entendimiento de los fenómenos: los cambios nunca han sido bonitos, mucho menos para los económica y moralmente acomodaditos (#poetuit), eso no quiere decir que sean o deban ser violentos. Tal vez será que para el conforme feliz en la ignorancia voluntaria, el bonditudito y la bondidadita, cualquier llamado al cambio o cambio mismo del status quo, es recibido y señalado como “violencia”, ayñ, pobeshitus. Y sí, son los ganadores, tienen todo un Estado y cultura que los apoya y premia por salirse por la tangente, por no cambiar nada, ser silenciosos y de refilón invisibilizar y denostar todo intento de cambio real o intento de señalar alguno de los miles de hoyos de este queso gruyere podrido al que nos damos el lujo casi fantástico de llamar “Estado”: ¡Estrellita diaria en la frente! mamá y papá deben estar orgullosos.

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Nosotros los Bonis

La bondidad nos llama a “indignarnos bonito” para que nos hagan caso, si no, “no se puede”, si no uno “se cansa” como Murillo Karam, y a la chingada, ¡goeva weis!; nos quiere hacer sentir culpalbes por mirar con deseo en la calle y desde atrás a una mujer, sin que ella misma se entere, porque un grupo de bondituditas nos repiten que es “violencia normalizada” y algo no muy lejano al “feminicidio”, gracias, a su vez, a que otros grupos de bondidadines han tomado el suficiente poder como para convencer a ciertas facciones quesque “progres” que está muy bien tipificar, moralizar y a veces incluso intentar criminalizar algunos de los actos más cotidianos de la humanidad, desde la mirada hasta la palabra… y sí, son estos normalizadores moralistas mini-dictadores los que hablan de la “horrible normalización”, hágame usté el pinche favor. Así nos perdemos en nuestras burbujitas de moral “universalizable”, falacia pasada por lógica y  confusión berrinchuda pasada por ideología.

La bondidad no contiene, entonces, dentro de su pequeño universo de posibilidades bonis-buenaondis, la de “hay gente que sí está sufriendo de verdad, como no lo imaginas, y ya es mucha, mucha más de la que imaginas, y hay personas que sí lo podemos entender como un síntoma de un sistema podrido que ya no puede seguir así”. Esa idea está, como diría Lacan, “forcluída”, no es que alguna vez haya estado ahí y se haya reprimido, es que nunca existió, nunca hubo un símbolo que la represente, no hay espejo, no  hay cómo empatizar, existe la nada y se hace una relación imaginaria con ella, gente hablando sola, psicóticos funcionales, el delirio compartido de una gran facción de la ciudadanía que históricamente se conforma con lo poco que se les da, y un Estado disfuncional y corrupto que responde dándole menos a todos, ciclo ad infinitum… o hasta que el sistema mismo colapsa a causa de sus articulaciones disfuncionales, las articulaciones que unen a una cultura disfuncional, a una ciudadanía disfuncional y a un Estado disfuncional.

La bonditud y la bondidad ya no sólo no son opciones, son estorbos extremistas que vienen desde dos puntos de la ceguera y el adormecimiento acomodaticio complaciente que nos ha llevado hasta aquí y con el que se nos ha llevado entre las patas a todos desde hace décadas, es la derecha políticamente correcta del México de toda la vida y es una supuestamente “nueva” izquierda que se dice a sí misma “progresista”, indiferenciable de la anterior. Moralista, superficial, vacía, pensamiento circular inútil, masturbatorio y fantástico que como buen remolino goza de llevarse todo lo exterior a su centro de calma, ahí donde es mejor, porque parece que no pasa nada y el tiempo se detuvo, hoyo negro y singularidad del raciocinio.

Bonis siendo bonis, escupiendo repeticiones, falacias y moralinas vacías sin tocar ni de refilón el concepto de “argumento” ¿cómo esperar que esta vacuidad mental sea un factor positivo para lograr un Estado y un estado de derecho funcionales y justos para todos?

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El Estado no está siendo nada boni, México nunca ha sido boni y esta etapa está mostrando lo peor de su cara cero-boni; y no, no necesitamos ni queremos violencia para que cambie: tal vez sólo se necesita que ya, por primera y única vez por todas, dejen de estorbar con su vacío mental ardiente de aspiraciones vistas en comercial y crecimiento de privilegios, queridos bonis, porque al rato, si las cosas siguen así, ni para ustedes, amados bonis, va a quedar una chingada.

Boni fin de semana.

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