Es mi cuerpo y lo alimentan con atole - Animal Político
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
El congal postapocalíptico
Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
Es mi cuerpo y lo alimentan con atole
Por Jorge Hill
18 de marzo, 2011
Comparte

 

Tres, sí, tres fueron las causas de que hoy escriba esto, llévelas llévelas:

1) La serie documental “Tabú” de NatGeo, que en el capítulo en cuestión mostraba y entrevistaba a varias personas con tatuajes, modificaciones corporales, perforaciones y expansiones “extremas”.

2) La película “Black Swan”, a la que me resistí durante el mayor tiempo posible dado que Aronofsky, después de iniciar una carrera con una de las películas que están en mi top 20, o sea “Pi: el orden del caos”, se sumió más tarde en una orgía de autocomplacencia, moralización, cursilería y apantallainocentismo visual con las insufribles y populares “Requiem, we” y “The fountain… we”.

3) La relectura de un viejo guión mío titulado “Sujeto” que tiene como protagonista a un hombre que vive castrado y controlado por una madre esquizofrenizante y una novia más fálica que Ron Jeremy. “La historia de un hombre objeto, en sujeción, camino a convertirse en sujeto deseante” diría el tagline… o alguna mamada así bien intelectual.

Los tres puntos anteriores parece que nada tienen en común, no voy a spoilerearles “Black Swan” si no la han visto (Sí, sí me gustó, mucho), pero los uno a través del hilo conductor del cuerpo, el propio cuerpo prestado, al servicio del exterior, al servicio del poder, el cuerpo que cumple el deseo del otro, el cuerpo departamento que compartimos mentalmente a veces con muchas otras personas que lo mueven y lo llevan hacia otros lugares que a veces, muchas, no son nuestro deseo.

El punto de aterrizaje fue leer algunas discusiones acerca de la nueva ley que en México “prohíbe” que en cualquier trabajo se te discrimine por tener tatuajes y que “ya no serán motivo de desempleo”. “¡Ay pues qué padre, ya era hora!” a todos nos encantaría decir, o nos encanta haberlo dicho o escrito. Pero yo, loleo, y loleo durísimo. ¿Por qué? porque ese dedo me sigue sabiendo a atole y el propio, no me lo chupo.

“Tsss, ya va el Hill sobre los diputeibols y los políticos…”, no, ese sería el camino fácil, el inocente, el radicalista y el que está enfrente de la nariz. Al final, el movimiento de leyes es, en todo su mérito, completamente válido y vamos a ponernos de buenas, hasta “progresista” vamos a llamarle.

A ver a ver, calma, no, eso debería haber pasado hace como 15 años, ok, progresistas mis destos.

¡Qué bonita ley! ¡finalmente el estado mismo nos regresa el poder de nuestros cuerpos, nos deja habitarlos por nosotros mismos y aparte nos defiende ante todos los horribles!

Vayamos entonces a buscar trabajo a las multinacionales, transnacionales o como le llamen a esas cosas del diablo, trabajo de piloto en una gran línea comercial (como un primo mío tatuadísimo), edecarne o cualquier otro trabajo de esos en los que se ejercita el poder de curiosas maneras y te piden ir vestido como todo un “Godínez” o como toda una “Leydi” (pero no tan virginal eh, que si no el jefe no echa ojo y no se sube de puesto), yeah yeah, disciplinamiento del cuerpo y todas esas cosas a las que a tanta gente aún se les hacen “Muy correctas y de gente seria” y que hace que sus mamases se sientan bien orgullosas, cada vez más listos y en camino a la institución matrimonial y el guiño de ojo de Diosito haciéndote “thumbs up”.

 

¡Vientos! tú sí entendiste por qué morí por ti”

Ay ay ay, es que toda esta mezcla de rollito social, éxito económico, disciplina religiosa disfrazada de “buena adaptación” y el desempeño adecuado de los roles que impone mamá televisión hace que las nenas suspiren ante las corbatitas, el “remix” de lociones y la testosterona que se huele entre el fiero ambiente “metronsensualts”; hace que los mirreyes papaloys se pongan rígidos ante la visión del taconcito y el traje sastre, la falda que muestra, ¡Uuuuf! ¡Que muestra la rodilla, we!, con el lente gafapasta que funciona como prisma para algún tipo de blanca sexualidad reprimida dispuesta a estallar en un arcoiris de lujuría bestial (“Asegún”… dicen las pornos).

“Más sin embargo, entonces” pasa que regresamos al caso del amigo tatuado “No pos es que no me aceptaron y sé bien que fue por mis tatuajes, mi CV y experiencia es superior a muchos de los que sí contrataron” y otras historias de esta realidad. Y ahí va el pobre tatuadón o la sabrosonga gótica steampunkera con ciertos rapes asimétricos a poner su queja ante la ley. Y pues entonces, que agarra y dice, le dice el señor de la compañía que no fue por eso por lo que no te aceptaron, sino porque no llenabas el perfil psicológico o lo que se busca, “las necesidades de la empresa” que le llaman, que le dicen.

Y entonces, dice, ¿cómo dice?: Con ley o sin ley,  te la sigues pelando, mijurris.

Dos grandes crisis hubo en la filosofía con Wittgenstein, otra con Derridá, cuando el primero prácticamente demostró que no existían problemas filosóficos, al no ser problemas empíricos, por lo tanto, los filósofos, en pocas palabras estaban perdiendo el tiempo y deberían haber estudiado otra cosa. El segundo, al deconstruir todo lo deconstruíble intentó demostrar que prácticamente todo el día estamos haciéndole al tonto para casi todo lo que hablamos y discutimos. En la psicología, sobre todo el psicoanálisis, viene pasando lo mismo desde hace ya varias décadas. Va uno durante minimito 3 años a acostarse al diván, a contar todo el chisme de lavadero a un señorcín que casi no habla, te cobra una fortuna y finalmente te dice que “quién sabe si te sirva”, y la psiquiatría y otras ciencias por ahí esperando a que dejen de estar dando vueltas en su teoría circular tipo periférico para que puedan tratar a pacientes con algo tangible que no tenga olor a cuento de hadas hiperintelectualizado, “¡Psicoanalista blanco claro, avance avance! ¡Por ahí no, deje de darle vueltas a la glorieta!”

¿Y ése párrafo anterior qué, Hill?… pérenme: Por ahí se habla también de un paradigma que empieza a mostrar signos de decadencia, el paradigma del político, sus leyes y su utilidad, o más bien, inutilidad. El caso de la ley de los tatuajes es uno de tantos que sueltan ese tufillo a “¿Como que los políticos nomás no sirven de mucho no?”. Es el problema en el que el político, quiera o no, consciente o no, en contubernio conspiracional o no, está sujeto a los intereses de otros organismos y sistemas apoyados de sus respectivos subsistemas, sin capacidad material de tocar a través de sus leyes una realidad que los rebasa y que rebasa el alcance de las mismas, que rigen sin regir una sociedad que funciona gracias a engranes puestos en lugares en los que al parecer, el aceite de la más bienintencionada política, no lubrica. Problemas que como los “no filosóficos” de Wittgenstein, en este caso no son políticos, son sociales y económicos, o económicos con catastróficas consecuencias en lo social. Problemas  imposibles de abrazar por otros sistemas ajenos, así le “echen ganitas”.

Soy tu diputado y haré todo lo posible por blablablabla

(Nótese, siendo la narizota lo de menos, los hilotes)


“Ay, pinche rojillo, pinche comunistoide. ¡Nada te embona, Hill! Se me hace que eres Punk3t0 y anarkista”

Lo que sea, pero mientras, en la realidad, allá afuera, lejos de estas palabras, con todos tus tatuajes o tu piel  santa e inmaculada propiedad de El Creador (S.A. de C.V.), sigues y seguimos chupando dedo ajeno lleno de atole, sopeado con puro camote.

Muérdale, Om nom nom nom nom nom.

 

 

P.D.: Ah, si sigues creyendo que en este escrito estoy dando un basheo a los políticos y culpándolos de todo lo que nos pasa, al “Gobierno represooooor” y otras de esas, recomiendo otra leída.

Adeu.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.