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El congal postapocalíptico
Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
"Ese es el problema de internet"
Algunos piensan que internet está causando la decadencia del pensamiento, las artes, la crítica y la información. ¿Será? y ¿Por qué hay gente tan enojada?
Por Jorge Hill
7 de febrero, 2014
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internet

Hay frases y citas que se han repetido durante toda la historia, otras se ponen de moda por algún contexto social y desaparecen pronto, tal vez vuelven a aparecer en un contexto parecido más adelante, incluso con otros significados, dependiendo de la episteme del momento. Una frase que parece no haber desaparecido desde la Grecia antigua hasta nuestros días es la socrática “Yo sólo sé que nada sé”, acomodada normalmente como “Yo sólo sé que no sé nada”, al parecer por tener mayor ritmo y melodía, más fluida aunque conteniendo una doble negación, cosa que dudamos mucho del señor Sócrates.

La frase ha dado origen a una diversa rama de interpretaciones y juegos, desde la más estúpida comedia mexicana con un “Yo sólo sé que no he cenado” hasta la creencia de que la frase de uno de los padres del pensamiento occidental es sólo un juego pendejón de palabras, un palindromazo tuitero, una ocurrencia dominguera. Sócrates hablaba acerca de la sabiduría, y el sabio sólo podría ser aquel que sabe que su conocimiento siempre será limitado y que siempre hay algo más que aprender. Aquel arrogante que cree saberlo todo, o todo sobre un tema, no es un sabio, es sólo un coleccionista de datos y un mamonazo intransitable. El que sabe que nada sabe está dispuesto a aprender, y tal vez esa sea la sabiduría más grande de todas.

Otra frase que he estado leyendo últimamente es “Ese es el problema de internet, que ahora cualquier pendejo cree que puede <inserte aquí el hecho que le hace sentir tremendo ardor traseril ante la visión de alguien más haciendo lo que a usted le gustaría estar haciendo y no hace porque no puede, no quiere, no tiene la capacidad o las pelotas>” Por ejemplo:

– Ese es el problema de internet, que ahora cualquier pendejo cree que puede aprender <inserte lo que sea> viendo videitos de Youtube.

– Ese es el problema de internet, que ahora cualquier pendejo cree que puede ser escultor por vender sus artesanías en su tiendita online.

– Ese es el problema de internet, que ahora cualquier pendejo cree que puede ser escritor por publicar un libro digital.

– Ese es el problema de internet, que ahora cualquier pendejo cree que puede opinar sobre lo que sea.

Imagino que la idea queda clara y no se necesitan más, de los miles de ejemplos.

Hasta donde recuerdo todas las personas del mundo (pendejos, medio pendejos y no tan pendejos) tienen una opinión y nos la dan mucho más seguido de lo que comúnmente deseamos. Lo extraño es que haya gente a la que le moleste tanto que otra persona dé su opinión hablada o por escrito, públicamente, en medios digitales o tradicionales, medianos o masivos. En la mayoría de estos casos son invitados “de opinión”, en teoría debería quedar claro que no se va a encontrar un disertación filosófica profunda – o quién sabe- y mucho menos un mamotreto “paper” académico tipo M.I.T. porque… ¿como que por qué? pues porque es una pinche opinión y no una disertación filosófica ni un “paper” académico. Es como salir enojado de ver “Pacific Rim” de Del Toro porque no tiene la poética, el ritmo, la calma, la fotografía exquisita, el baile de cámaras con actores y la profundidad existencial de “Solaris” de Tarkovski; hágame usted el rechingado favor. Y eso que en este ejemplo específico escribo y comparo sobre un mismo formato: cine.

En un principio de este congal, hace tres años, me tocó vivir algo parecido. A muchas personas les parecía prácticamente un insulto que en una página tan respetable, seria, con escritores, críticos y blogueros de alto titulaje, nombre y trayectoria, estuviera escribiendo alguien que despotricaba contra esto mismo que despotrico ahora, que escribía con “groserías” (¡Uuuuuuuy!), con palabras conteniendo más letras de las que llevan, escritos acompañados de memes y temas que parecían no tener ninguna coherencia entre sí; vamos, unos abusos hermenéuticos que Heidegger y Gadamer se nos retorcían en la tumba, pues. Sabía a lo que le tiraba y desde hace muchos años he tenido la siguiente idea muy clara: todo lo que alguien haga, sea lo que sea, a algunos pocos le va a encantar, a la gran mayoría les va a valer madre y otros pocos lo van a aborrecer hasta la muerte. Aunque no soy impermeable a la crítica, creo que nadie lo es aunque lo diga, ya me había dado mis buenos raspones escribiendo guiones y cuentos, ya había cierta cicatriz, en otros lugares, callo.  Desgraciadamente veo en conocidos y desconocidos, con buen contenido, que el peso de la crítica se vuelve algo paralizante al escribir en medios digitales, es ponerse en medio del ruedo y ver cómo las puertas se abren para dar paso a algunas de las criaturas más temidas, pero más perdidas de internet y de la vida misma: los trolls. Aunque hay que tener cuidado, que hoy se tiende a tildar de “troll” a alguien sólo porque expresa un desacuerdo con tus ideas. No, no, eso es ser chillón, nomás.

Esto que escribo hoy viene por haber leído en la última semana las secciones de comentarios de varios escritos, curiosamente estaban plagados de “Ese es el problema de internet, que ahora cualquier pendejo cree que…”, con esas palabras u otras. Uno de estos escritos en especial me llamó la atención por las llamas que levantó y porque quien lo escribió es Dana Corres, a quien no conozco en persona pero sigo en Twitter desde unos cuatro años aproximadamente y con quien tengo una buena “relación digital” (sin cybersex, tranquilos). El escrito se llama “Rompiendo el mito de los puentes peatonales” y logra, en mi opinión, con un lenguaje muy cotidiano y puntos concisos, dar una opinión clara y al mismo tiempo una lectura del poder detrás de la arquitectura, ingeniería y planeación urbana en los puentes peatonales. Para la mayoría de los arquitectos e ingenieros civiles, la hermenéutica y las lecturas del poder en sus disciplinas no deben tener nada nuevo, y si no le dedican tiempo o interés en su vida profesional al tema, por lo menos una pasada le dieron en la carrera. Es algo que se estudia y es algo sobre lo que hay libros, muchos. El maldito problema viene cuando uno lleva con palabras cotidianas, a un contexto cotidiano y a un medio al alcance de todos, algo que toca de refilón -o por lo menos así lo pareciera a simple vista o “simple lectura”- un tema “académico”. A la Corres se podría decir que “le fue como en feria” si uno hace, también, como sus “críticos”, una lectura superficial de su sección de comentarios. La realidad es que el trolleo se le dejó caer duro y se puede discernir claramente la diferencia, como en todas estas situaciones, a los trolls que tiran feromonas flameantes para llamar a otros de su especie y a aquellos otros que no sólo buscan cooperar con el tema, si no que aparte, saben de lo que hablan. Es como si fuera un tipo de magia: el que no sabe suele callarse en el mejor de los casos, en casi todos los otros, termina escupiendo veneno ante la propia frustracion; el que sabe, suele buscar la cooperación o dar a conocer las diferencias de su pensamiento dentro del mismo contexto, a menos de que sea machote súper alfa o una histericota competitiva. El comentario lleno de insultos (no me confunda grosería con insulto, “de favor”) y sarcasmos nunca busca un intercambio, mucho menos un aprendizaje, busca joder y mostrar la ilusión de superioridad intelectual. En cambio, se pueden ver las intenciones de aquel que estando de acuerdo o en desacuerdo, expresa sus ideas con la intención de un intercambio, tal vez, con suerte, un aprendizaje, con el tipo de lenguaje que sea.


DEAR-GOD-TROLL-DETECTED

Así nos volvemos “el cáncer” contemporáneo digital aquellos que pensamos que el arte debe ser de todos y para todos, no de una élite para una élite, que ya será responsabilidad del público ponerse a estudiar un poco y afinar los sentidos para mejorar sus filtros y referentes culturales con la finalidad de decidir qué es mejor o peor. Cáncer y decadencia cultural aquellos que pensamos, fomentamos e impulsamos la idea de que la opinión y la crítica debe ser de todos y para todos, no de críticos revestidos con el traje del emperador, tejido por los sastres de los grandes medios; ya será, también, responsabilidad del público o el lector darse cuenta o no de quién anda encuerado y quién no, de quién quiere decirse que se le sabe encuerado y de quién no. Destripadores de la cultura y hasta deshilachadores del “tejido social” aquellos que pensamos que un mundo donde tengamos más equidad e igualdad, todos, en todo, sería mucho mejor.

commy

¡Oh, Dios! ¡¿Dijo que quiere que seamos lesbocomunisocioterroristas?!

Estas ideas “democratizadoras” asustan un poco y dan incertidumbre a los que nos gusta exponernos como parte activa de ellas, pero aterrorizan a los que miran sus trajes desaparecer frente a sus ojos como consecuencia de la realización que vemos día a día de ellas. Aterrorizan también a ese público que ahora debe hacer lo que la mayoría del público no quiere hacer: responsabilizarse como público activo, público que debe dar lecturas, que debe llenarse de referentes y contextos, que debe volverse, en pocas palabras, una parte activa del ciclo del conocimiento y el pensamiento crítico. Pero no asusta, ni atemoriza o aterroriza a otros, a esos les hierven los carnosos glúteos pensando “Si se ve tan fácil ¿por qué yo no?” y la respuesta a esto sólo la tiene el que hace la pregunta, si es que tiene el suficente insight como para descubrir que debajo de tanto insulto, lo que realmente suele encontrarse es es una impotencia al rojo vivo ante la propia incapacidad, falta de valor, falta de visión y/o coherencia entre pensamiento, acto y palabra.

Así está el que quiere aprender, porque adaptarse a lo que hay y a lo que viene, es parte de un largo y tal vez doloroso aprendizaje. Están, entonces, el que cree que sabe, y el que sabe que nada sabe.

Y ese es el verdadero problema de internet: si andas tragando camote por la vida, un día de muy mala suerte, “cualquier pendejo” te puede poner a pensar.

bwavo

Vámonos de este congal, hijos del saber, que ya es viernes, empieza a dar sed de la mala y les toca a ustedes, si llegaron hasta aquisote, cerrar el círculo hermenéutico para que Ricoeur se nos levante de la tumba y le causen un infarto al pobre Habermas.

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