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El congal postapocalíptico
Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
De fanáticos y sueños: FNF vs Progresismo
Como los creacionistas en EU, el Frente Nacional por la Familia aprovecha dos ventajas estratégicas: ignorancia general y oposición dormida, soñando.
Por Jorge Hill
2 de octubre, 2016
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A inicios de este siglo un monstruo se asomaba desde las profundidades siempre silenciosas del conservadurismo estadounidense y remontaba las olas para hacer un ataque masivo, organizado y estratégico sobre instituciones, estado y medios. Con los Bush y el Cristo de los renacidos como estandarte, esta marabunta inició una cruzada moral, ideológica y religiosa que tenía como principal misión reintroducir las creencias de la religión cristiana en las escuelas públicas de todo el país. Ellos no lo proponían así, evidentemente sería demasiado problemático para un país con una educación laica. Su principal disfraz, con el que se colaron a la fiesta de la realidad, constaba en afirmar que la evolución “es sólo una teoría” y que ellos tenían otra igual de no válida e igual de dudosa, igual de no demostrable y hasta menos subjetiva: el “Diseño Inteligente”, parte fundamental del llamado “Creacionismo”, el término pseudocientífico que escogieron para llamarle a “Creo todo lo que dice la Biblia a pie juntillas y me vale madre la realidad”. Las dos “versiones” deberían ser enseñadas a la par en las escuelas, y los libros de biología y otras ciencias debían de marcar claramente que todas esas cosas raras y mafufas de las que hablan los señores y señoras con batas blancas, sólo eran teorías y hasta creencias. “Pus igual que las nuestras ¿no?”.

La ignorancia fundamental de este nutrido, políticamente poderoso y vocal grupo sobre la ciencia, sus disciplinas, métodos y procesos para encontrar verdades naturales, sería aterradora para una población medianamente informada y estudiada. Pero el estadounidense de las minorías autocríticas se encontró en el camino con otra verdad casi igual de terrible: con todo y el poderío económico-militar que los acomoda como “El Mejor País del Mundo” -según ellos y sus propios estándares-, la mayoría de su población era ignorante de los procesos y saberes científicos más básicos, de la lógica más simple para generar y estructurar un argumento no falaz y sustentable, de la filosofía más “El Mundo de Sofía”, del research de primaria y del pensamiento crítico más Fox News.

Para entonces, las “teorías” de la iglesia cristiana ya estaban metidas desde la cocina de la familia común estadounidense hasta el congreso, como bien lo muestra el perturbador documental “Jesus Camp” y otros sobre el tema. Hoy, muchas escuelas en 14 estados de los 50 del país enseñan “Diseño Inteligente” a la par de la evolución darwiniana, bien marcada con su sello de “sólo una teoría”. Cuando el estadounidense se quiso dar cuenta, la marabunta ya se había repasado la selva entera y se había regresado a dormir a sus nidos.

Mientras, la nueva izquierda estadounidense, marcada por la primera generación desde los 60 que pide a su gobierno más prohibiciones que libertades, soñaba con un mundo emancipado a través de internet, de la vida supuestamente sana y la salvación del planeta cargada de ideología y moralina, siempre dependiente de estéticos e innovadores ads invitando a algún tipo de nuevo y diferente consumo igualmente insustentable a largo plazo (aquella taradez de lo light, el fiasco del pánico al gluten, el exclusivismo hacia superfoods como la quinoa o el kale, algunas expresiones fanáticas del veganismo, etc). Soñaban con el progresismo trendy buenaondy, con la invención o resignificación de terminologías posestructuralistas para definir e inyectar de presencia e influencia a fenómenos abstractos y sumamente subjetivos (“microagresiones”, “apropiación cultural”, “cultura de la violación”, “whitewashing”). Apuntar el alma bella, pero fúrica, hacia la inconciencia de los privilegios ajenos desde el propio privilegio. Llamar a la prohibición de palabras, temas, imágenes o contextos que pudieran insultar o causar malestar (“triggering”), crear espacios libres de toda confrontación (“safe spaces”) y, básicamente, tener una emocionante vida actimisma buscando tanto víctimas como culpables en la red para que el acto mismo se convierta en preciada selfie.

The Nightmare. John Henry Fuseli.

The Nightmare. John Henry Fuseli.

Haciendo el zoom-out que tanto nos gusta aquí en el congal, nos encontramos con dos polos tan opuestos que terminaron tocándose. Los dos descansando sobre los mismos pedestales: absoluta subjetividad, ningún tipo de rigor o pensamiento crítico ante sus propios fundamentos ideológicos, un discreto encanto por el totalitarismo, un andarse por las ramas casi poético y elocuentemente gimnástico, un abierto desprecio a la racionalidad y a las ciencias (si no son de alejados de Dios o de tocados por Satanás, serían manifestaciones dominadas por hombres privilegiados blancos y habría que rechazar sus resultados y aprendizajes… cuando sea inconveniente), y una marcada obsesión por el control exclusivo de palabra, pensamiento, acto y lugares públicos. “Reeducación”, le eufemizan y enfermizan.

No es su imaginación, no está usted en ácido weeee, si ha encontrado en las líneas anteriores una analogía casi perfecta con lo que pasa hoy en día en México con la aberración lógica, ideológica y pseudocientífica llamada “Frente Nacional Por La Familia”: también cuentan con una preocupante ignorancia de la lógica, la ciencia y el pensamiento crítico; también cuentan con una poderosa influencia social, cultural y política, también cuentan con una agenda educativa para sus chamacos y evidentemente para toda la presente y futura sociedad del país, también cuentan con una jeringa gigante con la que nos quieren inyectar a todos tremendas dosis de moralina, tampoco cuentan con el contrapeso de una sociedad crítica e informada, la gran mayoría son ellos y sus grandes medios tradicionales los apoyan. Sobre todo, también cuentan con que su más grande rival ideológico y político actual ha estado dormido y sigue dormido, con que en las nuevas maneras “progresistas” del mencionado jetón, el liberalismo clásico racional-científico ilustrado de izquierda, “mamón, pretencioso, exclusivista, viejo y macho”, ya no tiene ni tantita cabida y con que la libertad de expresión ha sido delimitada con toda su aprobación, dos pulgares arriba y ovación de pie. Fragmentación hasta la atomización, amor fanático al subjetivismo y relativismo posmo, el individualismo redefinido, regresando a morderte el culo cuando le soltaste la cadenita y lo perdiste de vista. La parte más jodida de todo esto: ahí en los otros rubros sociales, económicos, políticos y culturales donde Estados Unidos está “bien” o mucho mejor, aquí en lugares como el mejiko majiko al que le aventamos impetuosos “vivas” junto a Quique en el zócalo, estamos más allá del carajo.

Ya es tarde, pero algo deberíamos estar aprendiendo en esta parte de occidente de las dos derechas conservadoras religiosas ya citadas, aquí donde todo parece querer replicar el teatrito estadounidense paso a paso: organización y unión a tal grado, en un inesperado Godzilla-Cthulhu estratégico, que se puede moldear estado e instituciones en el transcurso de una década -un parpadeo-, aprovechando que nuestros rivales políticos duermen, soñando. Y los de ellos sueñan tranquilizadoras utopías de absoluto control sobre pensamiento, palabra y cuerpo, sueñan con palabras prohibidas y con el perverso pero reconfortante placer y poder de ser quien ejerce esa prohibición, con los grandes linchamientos aplaudidos por la efímera masa digital, con la manera más barroca, churrigueresca, abstracta, sacada de la manga, forzada, impulsiva, desprovista de pensamiento crítico, laberíntica y subjetiva manera para victimizar o culpabilizar a personas, imágenes y manifestaciones artísticas en las redes sociales, en los medios digitales y de preferencia en el siguiente blogazo desnucador bufador que nos llenará de likes y RTs. Ahí en esa eco-chamber donde se le reza a los creyentes y el ego se acaricia uno a otro por turnos en fila-ouroboro, en ese placentero encajar como rompecabezas y en ese recibir el aplauso, abrazar los afectos, abrir las invitaciones anheladas y subir a tu personaje de nivel en el RPG de la vida pública-mediática. Soñando un sueño borgesiano, uno donde sus sueños autocontenidos harán que la ProgreCard se llene de puntos para gastarlos en la siguiente gran fiesta de la neoizquierda glamourizada autodestructiva y autocompasiva a la que hoy llaman, con inconsciente y perturbadora ironía abrasadora, “Progresista”.

Mientras, allá afuera, la derecha quita-derechos, orgullosa de su propia ignorancia, fanática religiosa y abiertamente despreciativa de toda otredad, ya organizada, con más poder y presencia que nunca, ríe triunfal.

“Se les dijo”.

@JorgeHill

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