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El congal postapocalíptico
Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
Hacienda, yo y la náusea
Por Jorge Hill
19 de agosto, 2011
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Érase una vez en Mexicalpan de las tunas que el freelancero Hill sacó sus recibos de honorarios para cobrar unas chambitas que le habían salido por ahí y se dio cuenta que los recibos habían “caducado”, era el momento de ir a imprimir otros y listo ¿no? fácil, rápido, un mundo feliz…

 

#NOT

 

Busqué una imprenta con los permisos necesarios, ya que no cualquier imprenta puede expedir recibos de honorarios así como así, no no, papá gobierno lo tiene todo bien controladito cuando de sus billetes se trata, ¿lo demás qué? vale madre. El carnal de la imprenta me dijo que estoy hecho un idiota y que necesitaba nuevas ondas para sacar mis recibos de honorarios, quesque ahora llevan un código de barras 2D súper ultra tecnológico que acelera partículas subatómicas y cosas así. Para lograr tal cosa tendría que tramitar en hacienda la FIEL, para que con ella se generaran mis archivos tal y cual, con los que se generaría el código que tendría que llevar en CD o flash USB al impresor para que así, si El Señor lo quería, pudiera tener mis recibos de honorarios, con suerte, al día siguiente.

 

A veces siento que Dios sí existe… y le cago.

A regañadientes había yo desde hace mucho tiempo dejado todo en orden en Hacienda, con la clara e imperativa intención de no tener que volver a pararme ahí, hacer mis declaraciones por internet y de preferencia que mi contadora se hiciera cargo de todo. Algo claro hay en mi vida desde hace años: vivir en orden con las instituciones necesarias y fundamentales de mi país, respetar las leyes básicas del funcionamiento del mismo. Lo más importante, forjar mi vida de tal manera que tenga el mínimo contacto posible y ataduras a sistemas bancarios, monetarios, religiones, instituciones de gobierno y corporaciones, ¿por qué? fácil: considero todas las anteriores tentáculos de algo que tiene pisoteada a la humanidad y que yo llamo El Kraken.

Fue desde ese momento en la imprenta que tuve la sensación… como cuando al hombre araña se le activa el sentido arácnido, avisando que algo muy balín está por pasar. Algún tipo de augurio que deviene desde anteriores vivencias y análisis que generan estructuras en la mente y responden automáticamente, de alguna manera “uno ya sabe”. La metáfora arácnida es útil, pero creo que más bien lo que tuve fue lo que Jean Paul Sartre llamó “La Náusea“.

Después de preguntar a amigos y conocidos, ya que la página de internet del SAT es lo más inútil, contraintuitivo y contradictorio que uno puede encontrar después de las religiones del mundo, averigüé que para la misión iba a necesitar hacer una cita, llevar ciertos papeles, solicitudes y materiales. A estas alturas ya estaba yo desganado entre contradicciones y fallos en la información, pero ¿tiene uno que comer y chelear, no? ni modo. La cita se hace por internet y resulta que suele ser imposible hacer una cita para antes de dos semanas… pues ya qué.

Llegó el día de la cita y una emergencia me hizo imposible llegar, así que frustrado y enojado conmigo mismo, hice otra… otras dos semanas de espera. En el transcurso hice lo común, escribir, componer, intentar sobrevivir con la centaviza y buscar más chambas freelanceras sabiendo que pronto tendría mis shiny-new-súper-osom recibos de honorarios y podría cobrar las ya acumuladas deuditas.

:3

Llegó el día, confirmé una y mil veces que había confirmado la cita, el lugar, el número, mis papeles, mis materiales. Y como niñito de primaria con todos sus materiales escolares, fui feliz a darle gusto a la maestra.

 

“Uy, joven, noooo, pues es de que no nos aparece

su cita en el sistema… ¡neeext!”

Tuve que despotricar al aire, ya que ahí viene uno más de los tantos terrores institucionales, tan parecidos a las corporaciones: no hay a quién reclamar, no hay a quién culpar, no hay una persona “culpable”, están diseñadas de tan inteligente y maquiavélica manera que sus “logros” son alabados, pero sus fallos perdidos en el espacio del anonimato y algún tipo de mágica estructura que se nos presenta tan compleja y artificiosa que efectivamente, mejor la olvidamos, pero sobre todo “ni modo, así son las cosas, te aguantas”.

Fallo humano de quien me atendió o fallo del sistema, no importa, pero tampoco se me permitió entrar a internet para mostrarles desde mi mail mi cita, solicitudes, confirmaciones. “Pues no joven, las compus son nomás para hacer cosas aquí pus de aquí, del SAT, mejor haga otra cita”

Un par de días y miles de respiraciones Zen después, entré a hacer otra cita:

“Usted no ha acudido a sus dos citas anteriores y el sistema de

citas SAT estará bloqueado para usted hasta el 31 de agosto”

No soy yo cuando me enojo…

Hagamos cuentas, llevaba entre rollos personales, búsquedas y vueltas con hacienda, cerca de tres meses sin poder cobrar, gracias a estar exteriormente inutilizado para hacer un trámite que SAT describe como “fácil y de 15 minutos”, que aparte nos muestra en su página web, siguiendo la descarada tendencia encriptada en nuestra sociedad gracias al diseño y publicidad depredadora, de felicidad artificial y descaro total ante las realidades, con una guapita sonriente en una lap.

Marketing y publicidad: haciéndote idiota since 20th century.

…y la náusea sartriana vuelve, más fuerte.

El asunto significaba que para finales de agosto haría mi cita, misma que me generarían por lo menos para dos semanas después, suponiendo que todo saliera bien. A mediados-finales de septiembre podría estar imprimiendo mis recibos de honorarios y cobrarles a los que quedaran con ganas de pagarme o no hubieran desaparecido.

Quejas en twitter y diversos círculos generaron comentarios acerca de que podría tramitar la FIEL sin cita, pero habría que ir hasta la oficina grande de SAT perdida donde Tarzán dejó el cuchillo a medio Xochimilco y esperar tal vez hasta un par de horas para ser atendido sin cita. Vale, pues, no importa, venga, venga Hill, tú puedes… averiguaciones posteriores y links a la página misma del SAT aseguraban que ahí se me podría atender sin cita para hacer el trámite, me aseguré de no estar alucinando. Ayer tomé mis papeles, mis cosas y temprano salí a la jungla. Tren ligero, peseros y una caminata digna de ser patrocinada por Gatorade después, me encontraba en las oficinas. Rápido entré, rápido me atendieron, rápido pasé. “Oh, vaya” pensé para mí mismo.

*coro_celestial.mp3*

“Pase a la sala de internet”… ¿sala de internet? yo esperaba sentarme un par de horas leyendo y haciendo mis ejercicios de armonía para ser atendido… spider sense is tingling.

En la sala de internet encontré a un señor bastante amable y alivianado, le enseñé mis papeles, le expliqué la situación.

– Ah, pues pase a la computadora #26 y ahorita hacemos su cita.

– No vengo a hacer una cita, vengo a hacer el trámite sin cita, no sé porque me mandaron para acá.

– Ah, es que aquí hacemos su cita.

La náusea…

– Pero ¿es para que me atiendan ahorita?

– No, es para hacer su cita cuando esté disponible.

– O sea que es lo mismo que hacer yo mi cita desde mi casa por internet.

– Sí, básicamente.

LA NÁUSEA…

– Tengo bloqueado el servicio de citas…

– No debería haber faltado dos veces a sus citas.

LA NÁUSEA.

– Pero… -Respira, Zen, el señor no tiene la culpa y es buen pedo- bueno, entonces no me van a atender hoy.

– No.

– Entonces ¿por qué la página dice que puedo venir a hacer el trámite sin cita?

– Mh… – Reflexivo unos momentos- No tengo idea, digamos que venir a hacer el trámite es venir a hacer la cita, más bien.

Sabía que si me quedaba más tiempo iba a descargar mi ira verbalmente (soy pacifistoide) contra todo aquel inocente, preferí darme la vuelta y largarme sin decir más.

El “quejarme” una y otra vez como lo he hecho durante los últimos años de manera escrita sobre la innombrable burocracia, inutilidad de las instituciones, creación de empleos inútiles que sólo generan pasos extra innecesarios en escaleras ya de por sí altas, los funcionamientos corporativos, el sistema monetario y las estructuras de poder me ha traído más que otra cosa, quejas, frustraciones, en muchos casos burla y sobre todo incredulidad. Si bien no soy activista de pararme en marchas y tomarme fotos para luego enseñarlas por toda red social  (tengo mis ideas de ciertos tipos de manifestaciones sociales que considero irónicamente infértiles), sí tengo la certeza (no creencia) de la transmisión de consciencia y reflexión a través de la palabra, situación que eventualmente puede (y lo hace) generar una mása crítica.

Encuentro con tristeza que tanta gente está acostumbrada a quedarse callada y simplemente pensar que “así son las cosas, ni modo”, repudio y aborrezco este tipo de pensamiento, repudio y aborrezco la burocracia, la inutilidad de un gobierno para poner en orden sus instituciones y dependencias, sobre todo cuando se trata de desangrar a través de impuestos a una población ya de por sí partida por la pobreza extrema y la riqueza extrema del 1%, pisoteada sistemáticamente por instituciones y gobiernos inútiles, por grupos e individuos que han logrado su riqueza gracias a el gran asco corporativo y los sistemas bancarios corruptos y cabecillas en las grandes estructuras de poder, el poder que da más poder, el dinero que da más dinero.

Pisando los talones, cada día más cerca…

Una absoluta náusea me invade al pensar en tantos ciegos de allá afuera que amansaditos reciben su cómoda ignorancia, que han aceptado que “calladitos se ven más bonitos”, que saben que el gran sistema los premia de mejor manera así, aunque a la larga los esté desangrando. Me repudio a mí mismo al pensar que tal vez sí, que tal vez se tiene razón y lo que se necesita es que todos paguemos nuestros impuestos y estar en orden, intentar hacerlo, tal vez así con gente inteligente y decente en el poder se pueda cambiar algo… para después ver lo que se gastan los diputados y otros funcionarios, que a mí no me representan en una chingada y parece ser un sentimiento generalizado, en una vil cena semanal en los restaurantes más caros de México, sus coches, sus viajes, sus grotescos caprichos de poder.

Resulta que uno termina siendo incluso “traidor a la patria” por denunciar los sistemas corruptos, burocráticos e inútiles que sirven de fondo como estructuras de soporte para instituciones y gobiernos, resulta que es uno un simple “neurótico quejumbres” por escribir y hablar de eso, resulta que uno es hasta objeto de burla por tener una visión clara del pasado y de la historia, por un término curioso, estudiado y central en la sociodinámica que se llama “masa crítica

No hay rollo, pase usté, es su pedo, no pasa nada, así son las cosas, qué le vamos a hacer, ni armes pedo, nada te embona, mejor callarse, es muy complejo, son cosas para académicos, son cosas para especialistas, nada va a cambiar para qué te enojas, por qué eres tan neurótico, son berrinches y caprichos de nini, ¿Por qué tienes náusea?


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#YoSoyAnimal
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