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El congal postapocalíptico
Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
Hágalo usted mismo
Las oportunidades que existen hoy en día para creadores gracias a internet y el paradigma anterior en la industria-cultura que los obstaculiza.
Por Jorge Hill
25 de enero, 2013
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Yo soy de esos neo-románticos digitales que piensan que internet ha tenido, tiene y, sobre todo, tendrá en los próximos pocos años un lugar privilegiado y vital en este constante revolverse de la humanidad. Tal vez su primer mérito, aún incipiente, sea poder llevar a la gente a concebir por primera vez de manera contundente que somos un todo, un gran ecosistema que reacciona de maneras inesperadas y sobre todo imprevisibles a hechos que desde la lejanía pueden parecer pequeños y oscuros. En la teoría del caos, el aleteo de la mariposa no es pequeño o insignificante.

Entre los cambios que han llegado a mover industrias e incluso economías de países enteros y que vienen de internet, tenemos la proliferación de la llamada “piratería”, el término que hoy utiliza la explotadora industria del espectáculo y la vendimia de arte para satanizar lo que la humanidad lleva haciendo toda la vida: compartir. El discurso cansino oficial de que esto daña a creadores ya nos lo sabemos de memoria, siempre viene de señoritos políticos con intereses metidos en la industria, lobbysts o dueños de grandes compañías como disqueras y productoras, que tienen a creadores prácticamente en una línea de producción, apropiándose de sus derechos y ganancias, mochándose con lo más mínimo posible; funcionando, pues, como toda corporación: gastando lo menos posible, utilizando huecos en las leyes, manteniendo sus responsabilidades hacia los creadores en el límite entre el abuso brutal y lo “permitido por ley”; y claro, maximizando las ganancias. Curiosamente, los creadores no son los que se quejan de la piratería, a menos de que sean, al mismo tiempo, dueños o socios de algún gran y jugoso negocio en el mundo de la producción.

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Lo que vivimos hoy, en el gran esquema, es una lucha de gente que despierta a sus derechos y a la visión de estructuras podridas que se revelan gracias a una cultura de contacto inmediato, resultado de la globalización, la digitalización y claro, internet. Hoy me sigo quedando perplejo cuando platico con algunos amigos músicos que por alguna razón no tienen contacto con esta cultura y de muy extraña manera, siguen, desde hace diez años o más, buscando posicionar a su banda gracias a una disquera o una productora, este sueño setentero-ochentero que seguimos viendo en películas y que pareciera ser prácticamente el sinónimo de “éxito”. Más perplejos los encuentro a ellos cuando comento que tirarle por ese lado es una de las más grandes estupideces que cualquier creador, de lo que sea, puede hacer hoy en día.

El problema para creadores se viene a complicar con el rockstarismo prometido, el creador piensa que las promesas y las historias de hadas del mundo del arte que vemos en películas y escuchamos en historias del primo del amigo en alguna reunión, deben estar por ahí, rascándole. Así quien busca el éxito o el dinero o simplemente ser acreditado por su trabajo tiene la esperanza de ser “descubierto” por algún tipo de mecenas moderno, que el proceso de distribución, arreglos, exposición y publicidad se hagan por él, que él se dedique únicamente a lo que más quiere: exponer su obra y ser adorado por ella.

Desgraciadamente estas historias sólo pasan, y en muy raras ocasiones, en lugares donde los sueños se cumplen cada vez menos, como en Estados Unidos, y aún así se debe estar en el momento correcto, en el lugar correcto, con las amistades correctas y el producto correcto. Con todo, el sueño americano es algo que ya ni siquiera los gringos se creen mucho, como bien diría George Carlin “Se llama Sueño Americano porque tienes que estar dormido para creer en él”.

Otro obstáculo, uno de los peores, es el que se pone uno mismo o por la presión externa, el tema del absurdo credencialismo, que ya se ha tocado varias veces en este su congal. Todavía existen muchas personas que creen que si uno no es publicado por cierta editorial o si uno publica sus propias cosas, no es “escritor de verdad”. De la misma manera que muchos músicos no se sienten “consagrados” si no tienen un disco grabado y producido por equis persona y equis lugar, disquera o productora. Pintores que sienten que si no exponen en tal galería y venden o exponen sus cuadros por internet, entonces no son “pintores”. Esta idea terrible se encuentra, aparte de en el creador, de manera más tóxica en el público, creando un ciclo deplorable con consecuencias que se ramifican hasta la cultura generalizada y nuestra manera de entender y simbolizar tanto al arte como al artista, el creador y la creación, su mérito o valor. Pendejadas, pues, mamadotas, más imágenes y falacias de un mundo con mucha imagen, mucha forma, mucho “¿Y tú quién eres?” y poca atención al argumento, al resultado y al fondo. Si este es el público que se busca, adelante, si no te recuerdan en un mes porque ya los cegó otra lucecita apantallamensos, pues yatusabé. Uno cosecha lo que plantó.

Hoy la balanza parece querer inclinarse poco a poco a lo que creo correcto y como debería de ser desde hace mucho, que nunca debería haber dejado de ser: quien quiere crear, simplemente crea. Buscar los efectos secundarios (éxito, fama, dinero, reconocimiento) como si fueran el fin mismo es otro resultado de un mundo patas pa arriba. Creo que el creador está encerrado en la misma estructura que gran parte de los políticos y funcionarios de hoy, que en vez de estar en sus puestos por una férrea y productiva convicción de servir, ayudar y cambiar, están ahí por la lana, el glamour, el poder. Al igual, buena parte de los creadores de hoy parece que no buscan tanto crear y exponer, sino un sueño guajiro y mamón, trepador, arribista.

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En la actualidad se multiplican de manera exponencial las oportunidades para el creador que simplemente quiere hacer lo que se supone que el arte debe hacer: mostrar, exponer, conmover. Pero estas oportunidades dependen de uno mismo, debe ser uno el que, aparte de crear, distribuya, contacte, busque, haga redes sociales, exponga, busque foros, logre imagen. Internet nos colma de sitios y plataformas para publicar libros de manera digital o impresa, presentar música, exponer películas y cortos independientes, etc. Pero… ¿qué hueva, no? mejor seguir esperando a que algún mega-productor, editor o curador de arte “nos descubra”. Entre el sueño guajiro prometido y la desidia se nos puede ir la vida entera. Mientras, los que aún intentan mantener, directa o indirectamente una industria podrida siguen cosechando algunos éxitos que dependen de formarse bien, de portarse bien, de lamer las bolas correctas y de ajustar tu creación a intereses ajenos, intereses, claro, de vendimia. Así uno se queda también en el probable éxito a medias, sacrificar el interés propio por el ajeno… el “éxito” que vemos hoy en actores, actrices, músicos, directores y escritores que ya sea para llevar la papa a la casa o por pura urgencia de “tener algo”, terminan en lugares, situaciones y resultados que muchas veces los hacen decir a la prensa “sin comentarios”… o usar seudónimos, el viejo truco.

Tons ¿qué va a ser, señores y señoras creadores? ¿hágalo usted mismo o nos arranamos a esperar a que nos “descubran”? ¿Quieres seguir siendo parte del paradigma podrido que ya da muestras de estarse yendo, final y merecidamente, muy a chingar a su madre?

Usted decide.

Para músicos:

Reverbnation: plataforma social para subir y exponer música, gratuito. Se pueden hacer press kits digitales y suscribirlos a diversas oportunidades ahí mismo. Con un proceso nada complicado también subir tu música a itunes y todas las tiendas digitales importantes. Estos servicios extra obviamente cuestan y llevan ciertos lineamientos, no es caro para lo que es (¡distribuir y ganar de tu música sin intermediarios!) y no es tan complicado en realidad.

Para escritores:

Un artículo de Mashable con 6 opciones para publicar uno mismo sus libros, de manera digital y/o impresa.

Creadores de todo tipo:

Idea.me es una plataforma de crowdfunding o “fondeo público” en la que muestras tu proyecto, ofreces a los posibles fondeadores algo relacionado a él y si tienes éxito y tu proyecto tiene ondita, la gente, cualquiera, muchos, varios, te lo patrocinan ¡Voilá!

Fondeadora muy parecido a Idea.me, un proyecto mexicano.

Yatusabé!

————–

Aprovecho el tema, que no está en mi mente últimamente por pura casualidad, para echarles un videito casero y mostrar lo que ando haciendo de música ahora, todo improvisado y naciente aún, con cambio de nombre de proyecto y explorando otros géneros y maneras de componer-tocar, etc… rollazo del que pienso librarlos.

Asquerosa y terrible autopromoción ¡of course! ¿Qué no estábamos en eso?

 

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