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El congal postapocalíptico
Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
Hombre contemporáneo
Detrás de sus peticiones por libertad de expresión, el hombre contemporáneo llora la pérdida de privilegios abusivos.
Por Jorge Hill
9 de abril, 2017
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En tan sólo unos días se dio la resolución del juez en el caso Porky, hubo un choque estrepitoso, y vinieron los desafortunados comentarios de Marcelino Perelló en la radio. Los tres tienen algo en común, han hecho hablar a hombres y mujeres acerca de los desgraciados destinos de las mujeres, y no es bonito.

En el caso Porky se nos quiere vender la idea de que en la violación tendría que haber lascivia; nos dicen algunos que sin deseo no hay violación, como si la violación fuera una muestra de deseo y no de poder, de enfermedad e ira, como si no estuviera dirigida en su inmensa mayoría a un género por existir y ser. En el caso del choque, algunos y algunas nos quieren convencer de que una de las mujeres que ahí perdieron la vida, la perdió “por puta”. Según ellos y ellas, la mujer inmaculada, dedicada al trabajo y al hombre, no habría sufrido tal accidente. Según ellos y ellas, ella tendría que haber estado en casa atendiendo al novio, no de fiesta con desconocidos a altas de la madrugada y toda una cascada de suposiciones, que de ser ciertas no cambiarían las cosas. El pensamiento mágico y primitivo de estas personas es notable, risible si la situación no fuera tan seria; alguna fuerza protectora alojaría en su manto a aquella mujer que cumple con las funciones de sumisión para que a ella no le pase nada, los accidentes quedarían fuera de la lista en un destino lleno de gloria y virtud. La beatitud está cerca para las sumisas y la culpa mexicana macha judeocristiana permeando todo en este gran pueblo al que llamamos país. El caso de Perelló, que viene retroactivo ya que el audio tiene tiempo, toca de refilón al de los Porkys y el señor nos asegura, completamente equivocado, que “sin verga no hay violación” y que alguna mística literatura especializada que nunca se nombra le da la razón. ¿Cómo llamarle a la introducción salvaje y brutal, evidentemente sin consenso, de dedos u objetos en una vagina o en un ano? Habrá que preguntarle al señor, porque parece que necesitamos una palabra nueva. Más adelante, Perelló se da cuenta de su error, pero de alguna manera abstracta vuelve a ratificar sus ideas, que considera no debe cambiar a pesar de que sean impopulares o políticamente incorrectas. Otro caso en el que se confunde la petición de razonamiento por exigencia de corrección política, otro caso en donde a aquellos a quienes nos caga la corrección política pedimos un “Mejor no ayudes… ni tú tampoco, pinche Trump”.

Pero lo que más ha llamado mi atención es el coro unísono que han generado estas tres cosas, aunadas a la inercia que ya se sentía con el caso Plaqueta. El hombre contemporáneo parece estar muy preocupado de ya no poder decir piropos en la calle a completas desconocidas, está preocupado de no poder mostrar su poder fálico proyectado en unos cuantos caballos de fuerza, preocupado de que le quiten su “libertad de expresión” por decir mamarrachadas insostenibles más que con el puro orgullo o la perversión. Parece no haber poder que le pueda hacer entender a estas personas que su libertad de expresión está intacta, que pueden decir lo que quieran sin que el Estado vaya tras de ellos, pero que sus constantes intentos por perpetuar una cultura desigual tienen mella, y las mujeres no se van a dejar, cada vez se dejan menos. Es esto lo que realmente preocupa a este ejemplo de hombre contemporáneo, le aterra un mundo donde realmente seamos iguales y hará todo por gritar a los cuatro vientos su pérdida, su horrendo destino en un mundo que supuestamente ya no le deja hacer nada, cuando ese nada es la exclusión, el insulto, la burla, la violencia y la apropiación de la mujer.

Hay millones de mexicanos y mexicanas que siguen buscando y tratando de definir esa bestia mitológica llamada “hombría”; a mí la búsqueda me parece inocente, de mínimo. Pero es de notar cómo son aquellos que quieren revestirse de ella y aquellas que la quieren adorar, quienes terminan fallando a uno de sus supuestas máximas y terminan siendo todos unos chillones. Parece ser que el hombre contemporáneo, lo que no puede dejar de hacer es gimotear por la creciente pérdida de sus privilegios abusivos. Vaya hombría, sea lo que eso sea.

@JorgeHill

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