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Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
Jugar en los límites creados: la fantasía de la libre expresión
Por Jorge Hill
4 de febrero, 2012
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El fantástico teibol de la libre expresión

En lo oscurito, en la doble moral, en el patetismo.

Hay algo encantador en los juegos que los límites generan y en cómo han sido generados, en por qué y a qué responden, qué revelan, qué nos dicen y a qué juegan esos mismos límites.

Por ahí decía papá Foucault que en la época victoriana se crea un cerco alrededor del sexo y todo lo que tuviera que ver con él; un límite que de fondo ha sido generado por y responde a la función del trabajo y la producción, a la religión mojigata y los intentos de estructuración en base al ejercicio de poder de los grupos que en el momento eran hegemónicos. Esto, como siempre, no creado por un grupo de maquiavélicos poderosos en un bunker conspiracional, si no por movimientos e influencias de subsistemas y grupos diversos en un complejo contexto cultural, al igual que todo lo que pasa en el mundo actualmente. Reprimir el sexo para que una sociedad se centre en el trabajo, la producción y el consumo fue sólo un inicio, la otra parte es que la represión genera deseo y hace salir al sexo por otros lugares, convertido en otras cosas, movido a otros símbolos: regodearse en un entorno enteramente sexualizado que habla, viste y porta sexo, pero sin nombrarlo.

 

Distinga panista de priista.

Hoy vivimos exactamente lo contrario. Bonita observación, pero ¿a dónde se movió esa represión, ese límite, dónde está ejerciendo su poder ahora?

Veamos primero los “límites” del absurdo juego que jugamos a diario en la sociedad, la manera en la que a solas y también acompañados, entre todos, jugamos al tío Lolo, el que se hace pendejo solo. El “límite” termina siendo como un tubo de teibolera, un punto fijo de referencia para que alrededor se den los juegos más sutiles, más curiosos, más chistosos, más doblecara, más grotescos, más sabrosos.

“Viene a colación” (siempre quise escribir esa frase tan mamerta) esto al pensar en varios hechos que han sucedido en las últimas semanas:

– Las bromas de “Platanito” sobre los niños del ABC.

– Las nuevas políticas de censura en Twitter.

– Las bromas de panistas sobre muertes de funcionarios en un contexto de “guerra sucia”.

– Ataques recientes de Anonymous y su intercepción de una llamada entre miembros del FBI y Scotland Yard.

– El cierre de Megaupload, el arresto y pantanosa criminalización de sus dueños y empleados.

– Los ataques sanguinarios, sin control, a activistas, reporteros y luchadores sociales. La creciente tendencia a pensarlos como “terroristas”, palabra y símbolo que se ha vuelto un favorito en la lengua de los países que tienden al imperialismo; palabra y símbolo, que como todo en la lengua, estructura y resignifica nuestro contexto, alrededores, cultura, vida.

Pareciera todo un masacote mueganesco sin relación, lo que une a estos hechos es el juego alrededor del “límite” de la libre expresión, los diversos estilos teiboleros mientras toman ese tubo, algunos para romperlo, otros para hacerlo cada vez más grasiento y resbalosón para los demás competidores.

¡Solo, solo, sí, sí, ea, ea!

Al igual que en la época victoriana se creía que había límites para el sexo, para ponerlo en la lengua y en las letras, hoy se sigue creyendo que hay otros “valores universales”, como un límite para la expresión, creencia impulsada y promovida por los grupos en el poder y a veces por nuestros prejuicios o convicciones, mismos que bien podrían ser un rastro de lo que ha permeado en la cultura gracias a esa mentada promoción de los grupos en el poder durante décadas. Lo que ayer se creía correcto hoy es añejo, lo que hoy se cree correcto, mañana será digno de ridículos y pestes a podredumbre.

Haciendo un “zoom-out” en nuestra cultura actual, pareciera que una gran parte de lo que estructura al gran entramado es la lucha por abrir más o cerrar más este cerco delimitado por los controles en la expresión, ya que las consecuencias son de gran importancia:

– Un gobierno sin secretos es un gobierno que deja de funcionar como una célula de poder, para dar paso a los intereses de todos y no de una élite.

“¡Todo está muy bien!”

Desde arriba todo se ve muy bien siempre.

– Una sociedad sin límites en el humor se vuelve cínica, toma el poder de mostrarle a los demás, sin temores, las ironías y fallas en los sistemas que la estructuran y controlan. Obliga a todos a darse cuenta que la libertad es para todos, por igual, que no puede haber una élite en control de la palabra y el pensamiento, ya que si existe el control para alguien más, bien podría existir hacia uno mismo en otro momento. Es ahí cuando le llamamos “censura”, cuando se ejerce sobre nosotros; cuando se ejerce sobre los demás con los que no estamos de acuerdo le llamamos “merecido y justicia, orden y mesura”.

El ouroboros social

– Podría revelar a gente como a los panistas y a sus “enemigos” lo patético y al mismo tiempo cómico de que la “guerra sucia” que mantienen sea jugada en uno de los terrenos más imbéciles de los linderos de esa libre expresión que tanto les preocupa a veces abrir, a veces cerrar. La hilaridad de que una guerra sucia sea jugada a través de intentar manchar a un partido por una broma, la hilaridad de que al partido esto le parezca inadmisible. Pareciera un sketch de Monty Python, quitándole lo genial para mantener únicamente la parte del absurdo, el patetismo ciego.

 

 

– La revelación del otro gran absurdo en el que vivimos, toda una legislación compartida internacionalmente, que apuntalada sobre la máscara de “los límites de la libre expresión” regula y controla lo de siempre, las ganancias económicas y de poder de la élite internacional. La protección de los derechos y ganancias de creativos, trabajadores y la gente común es un peón más que puede ser movido, un bloque más en el gran sistema piramidal, el gran “Amway” mundial que no contento con tener a sus “diamantes” en la punta, obliga a sus ópalos en el poder a legislar con los ojos puestos en sus intereses y a detener todo intento de reforma o avance en nombre de la capa inferior.

Es este gran juego que todos jugamos, voltear a ver esa capa de melcocha que efectivamente nos separa a los “proles” de la élite y a la que llamamos “sistema político” y “actores políticos”, la gran masturbación, la orgía de chaquetas mentales en la que nos convencemos -Y convenientemente nos convencen- de que tenemos “libertad de expresión” pero que al mismo tiempo “tiene límites”, el patético sueño de estar convencidos de que el primer mundo vive en libertad y democracia, y que aquí, en el tercer mundo, estamos en proceso de construir una.

Loleo, entre amargura, caos, esperanza e ironía.

It´s just for the lulz.

 

 

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