La cámara moral de diputados y el FOMO - Animal Político
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
El congal postapocalíptico
Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
La cámara moral de diputados y el FOMO
La prohibición es exactamente lo contrario a la emancipación. Así, facilito. Lo prohibido, cuando está basado en la moralidad de un grupo o de una élite sin argumentos de peso, siempre vuelve transformado, siempre encuentra un cauce y salida. Normalmente, muy encabronado.
Por Jorge Hill
20 de septiembre, 2013
Comparte

Hasta la madre del tema, hasta la madre de ver que algo tan importante, como tantas otras cosas, no avanza en México. Hasta la madre de escribir sobre lo mismo. Pero sobre todo, hasta la reverenda madre de ver que lingüistas, filósofos, intelectuales, artistas, escritores y otros, no tengan posibilidad de incidencia sobre los constantes retrasos y pasos hacia atrás en un tema que de por sí siempre ha estado patas-pa-arriba en México, porque ha dependido de quienes no tienen la menor idea, de los diputados. El asunto: prohibir en los medios palabras y contenidos “discriminatorios”, con la fantástica, mágica y absurda idea de que esto va a servir de otra cosa que no sea dar muchos pasos atrás en una de por sí incipiente y muy limitada “libertad de expresión”.Esto es lo que nuestros diputados, que parecen ser muy superiores moralmente a los demás, han decidido sobre nuestra libertad de expresión, nuestros espectáculos, nuestro entretenimiento, nuestras artes y en muchos casos, nuestro trabajo y nuestra creatividad.

Las cosas a tomar en cuenta sobre lo que se decide por nosotros:

1) Ejercita el poder desde un lugar claro, y ese lugar es como de los 50s ¿”Buenas costumbres”? ¿”Contenidos de doble sentido”? ¿Qué les pasa? ¿Se encontraron un manual de Carreño en el baúl de la abuelita?

1abuela-rockera

Conozco abuelas más alivianadas y lúcidas que estos cobrones… así cobran, pues.

2) La prohibición es exactamente lo contrario a la emancipación. Así, facilito. Lo prohibido, cuando está basado en la moralidad de un grupo o de una élite sin argumentos de peso, siempre vuelve transformado, siempre encuentra un cauce y salida. Normalmente, muy encabronado.

 no

3) La falta de exposición por prohibición hace el trabajo para lo que suele estar diseñada: invisibilizar el problema. Así, echar el esqueleto al clóset, echar bajo la alfombra la mugre recién barrida y peor aún, limitar la confrontación ideológica abierta que logra eso que Hegel llamaba, ahí nomasito, “dialéctica”. Concepto leve,  ya sabe usted, esa única manera por la que la ciencia, la historia y la cultura pueden avanzar. Sí, a través de decir las cosas y decirlas como son, sin eufemizar, confrontar las ideas abiertamente con las contrarias. Así nos parezca aberrante y moralmente reprobable la idea del otro, debe tener el derecho a expresarla, así confrontarla para analizar su validez. Ah, pues aquí en México seguimos con que mejor no, “mejor hagamos que aquí no pasa nada, manitos”.

calladita

Próximamente en sus cines favoritos “Los diputados felinos”

Un guión de Hill con humor blanco, familiar, cinta aprobada por la cámara de diputados.

4) Daña los pocos y costosos avances que se han hecho en materia de libertad de expresión, tanto de grupos minoritarios, como del resto de la gente y los medios, grandes o pequeños. Controla contenido, merma la creatividad, pone candados a la producción, nos regresa a la televisión, radio y cine de la “gente bien y bonita” del México antiguo, ése que tanto añoran tantos: el contenido fácil, la comedia babeante y simple, el chicle para el cerebro, el culto al entretenimiento que no haya sido tocado por, oh, las terribles manos del oscuro y maligno señor de los abismos llamado Pensamiento.

diablo3

5)  Para acabar de caer en el absurdo, ya que para nuestros salvadores morales no hay límites, ellos no comprenden que cada día avanzan más los contenidos de medios independientes, que Internet ya llegó y sólo tiene cara de crecer, y crecer mucho. Que si en algún momento intentan controlar esto, se van a encontrar con el verdadero problema, con el  único nicho que se ha ido dejando para la libre expresión auténtica, el medio al que se han ido moviendo poco a poco aquellos a los que nos ha dejado de interesar andar lamiendo botas, pidiendo permisos y ajustándose a candados externos para escribir, crear, exponer y decir lo que se nos dé la gana, en la manera, tono,  lenguaje y formato que se nos dé la gana. Porque mientras no se esté llamando a la violencia o a despojar de derechos a un grupo, lo demás es chillotear y moralizar. El mundo está creciendo, a ver si ya vamos creciendo junto con él.

6) En fin, que de todas maneras el cine y la televisión en el México de la gran industria ya tenían varios puños de tierra encima de un cuerpo muerto gracias a otros cientos de problemas con otras leyes de financiamiento, producción, protección de obra, una industria llena de grupos que funcionan prácticamente como mafias y una economía nacional que no avanza desde… pues, desde nunca.

Aquí lo último que he escrito sobre esto. Ahí lo dejo porque estoy tan decepcionado de este tema, de nuestros diputados cobrones y de la nueva camada de “progres” que nos quieren liberar a través de la prohibición, que voy a cambiar de tema, así de huevos, así a medio post… sí.

FOMO

El FOMO

Tenemos otra santa institución que decide qué es la norma, ellos, por lo menos, basándose en la estadística. Es la santa institución psiquiátrica, con su hija pequeña y más alejada de la ciencia, la infanta institución psicológica. Ellas miran cuál es la norma en las gráficas, “lo normal”, y su trabajo, a pesar de que en lo individual se desviven para negarlo a través de justificaciones teóricas o “de entrenamiento”, es, de fondo, como gran sistema, como institución: normalizar. La normalización conlleva ajustar, como vimos más arriba, a estándares de todo tipo, sobre todo los morales. Ajustar ante el ojo, regla y necesidades del paradigma social que esté funcionando en el momento.

examen_psicologico

Para estas instituciones y la máxima cultural intersubjetiva que sirven y para la que funcionan, el FOMO (Fear Of Missing Out – El miedo/ansiedad por perderse de algo) parece medianamente adecuado, es “normal”. A los que no damos 3 kilos de camote aplanado y tostado por lo que pongas en tu cuenta de twitter sobre tu magnífica fiesta con celebridades, tus checkins de foursquare, tus cuarenta fotos diarias de tus horripilantes dedos de los pies con un mar azul de fondo y las otras cuarenta diarias con filtros hipsters de comidas y bebidas, a  esos, se nos llama “esquizoides”.

Ésta y otras etiquetas son lo que podemos esperar desde esa red de pensamiento si no sentimos FOMO, pero al mismo tiempo no sentimos que algo nos pica o que querríamos destruir el objeto que busca ponernos a desear, ahí estaríamos, más bien, en una estructura perversa (“pervertidos” es otra cosa, una distorsión cultural de un concepto teórico psicoanalítico). Para la cultura predominante, este mismo esquizoide tendría que tener un secreto, tendría que tener un deseo oculto que no puede controlar y que entonces sale disparado como expresión de su desdén o inconformidad ante esta misma cultura: “lo desea en secreto y por eso lo odia”, tendría que haber un “enojo disfuncional con la vida”, se está “amargado”. Se puede ver todo un entramado ideológico que parece crear una ilusión de gran realidad, de objetividad y certeza; una red de pensamientos que se reconforta y apoya en otros grupos e instituciones que funcionan al unísono como pequeños engranes de una máquina mayor a la que llamamos “cultura” y “normalidad”, mismas que pueden tomar otras connotaciones con las denominaciones “Status Quo” o “Paradigma predominante” para quienes quieran aventarse un salto hacia afuera de la caja.

El FOMO, concepto representado por este acrónimo “informal” y “pop”, se podría considerar anteriormente algo “de cajón” en la adolescencia, cuando se tiene una imperiosa e incontrolable necesidad de pertenecer a un grupo que nos empiece a dar identidad propia. La ansiedad irresistible por estar con los amigos y no tan amigos, saber qué están haciendo, qué están diciendo, ser parte de ello, tener lo que tienen, estar donde están y sentirse terriblemente desconsolado, perturbado, con la autoestima por los suelos e incluso paranoide por no poder hacerlo, son vistos hoy, gracias a Internet y las redes sociales, como algo “normal”.

Billede-17

¡ALERTA FOMO! ¡HUYA DESCEREBRADAMENTE HACIA EL DESEO!

Estoy convencido que Internet es, si no la mejor, una de las mejores cosas que le han pasado a la humanidad en toda su historia. También estoy convencido que las redes sociales son una de las mejores cosas que le han pasado a Internet en su muy, muy corta historia; sobre todo cuando entendemos que muchas “redes sociales” funcionan en realidad como “redes de información”, si es que así las queremos y sabemos usar.  Pero, pasa lo que pasa con todos los avances, todas las teorías y todas las herramientas: pueden tener usos contrarios, son filos diversos de la misma navaja y traen consecuencias masivas en la cultura.

Así llegamos a que súbitamente está a toda madre que no puedas disfrutar del todo de un concierto porque lo único que ves son las manos alzadas con teléfonos de aquellos tantos que necesitan generar FOMO en el otro, que en vez de estar disfrutando de un fenómeno por lo que es, lo disfrutan como un recurso más “pal feis”, un “mira, estuve ahí” más, otra estampita para el álbum. Así se enloquece la mitad del planeta por la llegada de un nuevo sistema operativo para teléfonos celulares de una de las compañías más monopólicas y abusivas de la historia, misma que basa su éxito y publicidad entera en generar FOMO de manera magistral y maestra en sus clientes cautivos (eufemismo para “fanboys”), clientes casuales y posibles clientes. Así tenemos una regresión a la adolescencia para sentir que deberíamos estar comiendo ahí donde alguien acaba de hacer otro de decenas de checkins diarios en foursquare o estar celebrando en la –supuestamente- gloriosa, glamorosa y exclusiva fiesta de la que aquel otro acaba de subir foto con filtros hipstagram, una tras otra, fin tras fin.

3016488-inline-750-fomo

La rapidez casi instantánea con la que se mueve la información hoy en día y la cantidad brutal de esa misma información no iba a ser desperdiciada por quienes son mercaderes basados en el FOMO, al contrario, se vuelve aún más fácil si el mismo cliente se convierte en un publicista inconsciente de sus objetos o servicios, si nos convertimos en anuncios vivientes. Más que una estrategia es un sueño y milagro mercadológico vuelto realidad.

Todos tenemos la necesidad de ser vistos y esperamos en algún momento crédito o un apapachito por lo que creemos que hacemos bien, todos tenemos la necesidad de reafirmarnos como valiosos. Y eso no tiene nada de malo, incluso los “esquizoides”, “amargados” y “envidiosos” como los que escribimos este tipo de cosas nos exponemos para que nuestra existencia sea confirmada por el otro, escribiendo esto, o con alguna canción, con algún video youtubero, twitteando como si no hubiera mañana o poniendo de vez en cuando una foto de algo que te quedó rico y quieres presumir. Pero ¿qué pasa cuando deseamos todo en un vacío permanente o cuando queremos dar a desear todo como un vómito sagrado sin válvula? ¿Qué pasa cuando no podemos estar a gusto con lo que somos y lo que tenemos? ¿Qué pasa cuando no podemos soportar que el otro tenga, sea o haga algo que nosotros no? ¿Qué pasa cuando esto se convierte en “normal”, cuando una cultura o sociedad entera se desvive por tener, ser y vivir lo ajeno, lo que se nos presenta disfrazado de “maravilloso”, cuando nos comemos el anzuelo de que “lo permanentemente maravilloso”, de hecho, existe fuera de la fantasía y aquí, en la realidad?

Sólo hay que preguntarle a los gringos cómo les está yendo desde los 70s y especialmente desde la crisis mundial del 2008 -que sigue y que no tiene cara de mejorar- con el “American Dream” que tan orgullosamente restregaban en la cara del resto del mundo a través de la televisión, con su cine y sus artes autoglorificantes, mismas que hoy empiezan a expresar amargura, pérdida y sentimientos de engaño (y de manera más triste, de autoengaño) ante los mismos temas.

Para mí, esta es una de las consecuencias sociales, culturales y psicológicas más claras de la crisis a la que nos han llevado estas nuevas y salvajes formas de capitalismo rampante con sus cientos de tentáculos y omnipresencia. Me queda más claro que el agua, aunque este párrafo pueda parecer reduccionista y falto de desarrollo (es un “resume, cabrón, que ya hace hambre”).

Usted ya decidirá qué es para usted el FOMO, o si no es nada, si yo nomás estoy inventando pura pendejada y mejor apagamos el switch del pensamiento y prendemos, sin control, el del deseo.

¿El deseo de quién? ¿El suyo o el impuesto por el exterior, siempre al acecho de disciplinar, normalizar, moralizar y monetizar?

Ya es su pedo, suyo de usted.

Buen fin de semana, ojalá no lo ataque mucho el FOMO.

Si quiere sígame en @JorgeHill para generarle unos FOMitos de vez en cuandito.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.