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El congal postapocalíptico
Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
La dipumetal que cayó desde el planeta Victoriano
Por Jorge Hill
17 de junio, 2011
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1992, la comunidad del condado de Fana, en la ciudad noruega de Bergen es sacudida por la noticia de la completa destrucción de la hermosa iglesia medieval de Fantoft, consumida por el fuego hasta quedar en negras vigas endebles que se desintegran y caen al tacto.

Más tarde, el joven Varg Vikernes, mejor conocido por el pseudónimo “Conde Grishnak”, único miembro del proyecto musical Burzum, se adjudica la quema de esa iglesia y algunas más de las docenas que cayeron en cenizas alrededor de Noruega durante los siguientes meses. La portada de su siguiente EP Aske (“Ceniza” en noruego)  enmarca su cometido y lo simboliza, lo resignifica, es un comunicado, una amenaza, un mensaje; en la mente de Vikernes un logro, arte, ¿un orgullo?

La única iglesia que ilumina es la que arde” – Piotr Kropotkin

 

La macabra historia que vivió Noruega durante los siguientes pocos años de la mano del Black Metal estuvo poblada de quemas, asesinatos, arrestos y alarmismo en los noticieros. Una parte de los iniciadores del movimiento extremo anti-cristiano estaban encarcelados, muertos por suicidio o asesinados por riñas entre ellos. Las bandas iniciadoras, el “Inner Circle”, Mayhem, Burzum y Emperor entre otros, luchaban por mantenerse vigentes con nuevos miembros; en el caso de Vikernes, él sólo componiendo y lanzando discos desde la cárcel. Pero la llama, muy literalmente, ya se había encendido, y en poco tiempo cientos de nuevas bandas de black metal surgían para nutrir lo que es hoy, el producto noruego más consumido en el mundo.

 

Los documentales y libros son cientos, así como los estudios psicológicos, sociológicos y antropológicos que intentan entender cómo es que en un país “Civilizado, moderno, con el estilo de vida más alto del mundo y que tiene todo para darle a su juventud” pudo haber pasado tal atrocidad. Hoy, a 20 años de esos trágicos meses, el discurso es el mismo: No es el dinero, no es el estilo de vida, no es el lujo, no es lo hermoso que todo se ve en la superficie. Es una búsqueda desesperada por identidad en un mundo alienante, una religión que llegó, como en todas partes del mundo, a incrustar sus supersticiones y adoctrinamientos rancios y ortodoxos sobre una cultura que ya tenía siglos y siglos de haberse formado, que mira con nostalgia a su pasado castrado, al paganismo y la libertad, que mira con horror y desesperanza a su alrededor para encontrar la incoherencia permeando las convenciones sociales diarias, los noticieros, la actitud de sus abuelos y de los nuevos niños de las generaciones.

El grado de repudio ante la alienación se puede notar incluso en la lectura de las identidades y la manera de presentarse ante el mundo, prácticamente todos los músicos de black metal cambian sus nombres a aquellos de entidades paganas, místicas o demonios: Samoth, Vorphalack, Euronymous. Así como utilizar el ya famoso “corpse paint” que muchos confunden con el vampirismo romantizado hasta el ridículo por otras corrientes “oscuras”, pero que en realidad tiene sus orígenes en un hecho simple, pero poderoso: parecer un cadáver. El mensaje parece sencillo, pero al mismo tiempo macabro y con profundidad incluso antropológica para el que lo quiera deconstruír, el maquillaje es una manera más de gritarle al mundo “Mira, esto nos tiene muertos, por dentro y por fuera; y a ti también, aunque no lo sepas, quieras, veas o aceptes”.

“Dead” antes de su… ehm, “muerte” (suicidio) junto a Euronymous

antes de su ehm… asesinato por parte de Vikernes.


Si bien la violencia y el extremo al que llegaron estas personas es inadmisible y reprobable, lo que se debe ver es el “¿por qué?” y aunque de fondo es complejo, el principio del camino al entendimiento no es tan difícil, como bien diría Walter en la gran “The Big Lebowsky” de los hermanos Coen:

 

“That´s what happens, Larry. That´s what happens when you fuck a stranger in the ass”

 

Hoy la escena del Black Metal es mundial y ya está desprovista de violencia, algunos se siguen pintando como “panditas”, la mayoría de los músicos más complejos y respetables del movimiento se han ido a otros horizontes musicales, pero el movimiento toca aún los mismos temas: el repudio al cristianismo, sus farsas supersticiosas, su expansión controladora e imperialista; la liberación del ser humano con todo su potencial y libertades, el hartazgo ante las estructuras de poder, el anarquismo y el regreso a las raíces culturales de cada región, dándonos así, no sin alguna buena broma de por medio, el black metal prehispánico o el black metal hindú.

 

CHAVOTH


Aún recuerdo con cariño y nostalgia cómo hace 15 años hacía mis primeros “pininos” en el teclado después de dejar la batería para tocar un incipiente black metal con “Dark Fairytales”, mi improvisada banda de entonces, y la manera en la que la sangre me hervía, como hasta ahora todavía lo hace ante esos brutales, pero al mismo tiempo inspiradores y gloriosos sonidos. Y si bien hoy el black metal me parece una parodia de lo que fue y un movimiento más comercial que musical, no le resto su importancia y mucho menos lo que dejó en mí, como músico y como persona, y no tengo más que agradecerle. Y no, no he matado a nadie, no pienso hacerlo, no pienso quemar ni siquiera una iglesia de papel y creo que no me he peleado a golpes en 15 años, fuera de una vez que mi ex bajista-vocalista me dió un buen llegue borracho en el hocico que no pasó de ahí y que tenía que ver con asuntos personales y “diferencias creativas” (#sáquesequé, pinche rockstar de a varo)

Ahora, demarquemos las diferencias entre un país medio “hecho y derecho” como Noruega y nuestra república bananera. El país no sólo se ha levantado moralmente de esa época incómoda, la ha entendido, la ha asumido y hoy por hoy, considera al Black Metal una parte tan importante de su cultura e historia que oficialmente se empieza a enseñar a diplómatas acerca de Black Metal, su sonido, sus bases, raíces, estructuras, mensaje, ideología, filosofía e importancia histórica.

¿Qué tenemos en México? el común absurdo, la idiotez del diario de este país retrógrada, nosotros tenemos a muchos, demasiados, como Edith Ruiz Mendicuti (@edith_mendicuti), diputada de nuestra izquierda de chocolate y “Presidenta de la comisión de cultura” que propone al gobierno federal, en pleno 2011, que “expida los criterios necesarios para clasificar la música que se exhibe, escucha y comercializa en nuestro país” dado que los jóvenes que escuchan goth, heavy-metal, punk y emo “están más propensos a ejecutar el mensaje que las letras de esa música satánica les pide” WTF

Aquí su mamarrachada:

(click para leer esta joya de la ignorancia en tamaño legible)

 

El video que puso mi querida @amerikapa en su propio post sobre la “diputada”

 

Parece que últimamente los defensores de la moral y los policías del pensamiento-lenguaje andan con hormigas chicatanas en las tangas, hace poco era el monito este de las minifaldas, ahora la doñita ésta y todos los que están en medio, estuvieron y desgraciadamente estarán mientras la población general no haga algo, que es: EDUCARSE, COÑO.

La pregunta del millón, que algunos mexicanos nos hacemos a diario y que creo que muchos otros se deberían hacer ya, la indignante confusión que nos aqueja:

¿Cómo es posible que cientos, si no miles de personas con este criterio estén en puestos políticos y sean funcionarios?

Yo no lo sé, pero al que venga otra vez a decirme que soy un idiota por anular mi voto se va a llevar una sorpresa muy desagradable.

Seguimos, lastimosa y dolorosamente, con las estúpidas ideas de la época victoriana en las que el mal estaba en las cosas, afuera, no adentro, no queremos responsabilizarnos por nuestros males, lo que hacemos con violencia, lo que el hombre es capaz por su propia naturaleza; no, queremos que lo malo, lo que nos influye a cometer atrocidades sea el cine revolucionario, la música estridente, el arte violento y brutal que nos muestra como espejo lo que somos. No queremos aceptar todavía, en Mexicalpan De Las Tunas, que no es la mujer la que tienta con su satánico cuerpo al violador o que no es el videojuego el que lleva al niño a romperle el hocico a otro en la primaria. No queremos ver lo que nos duele, que somos nosotros, son los padres, los hijos chuecos, la sociedad torcida con la que se encuentran y que se alimenta con indiferencia e ignorancia para cada día dar más fuerza al monstruo de mil brazos con vida propia que se sofoca a sí mismo sin saberlo.

Le guste a quien le guste, se jode el que no, el odio, la maldad y los impulsos agresivos son parte del ser humano, y quien no entienda que lo que se debe hacer con ellos es sublimarlos y encausarlos hacia lo creativo o propositivo, está en el merecido límite de la historia que se va y que afortunadamente no se los va a llevar, están tirando los caballos equivocados, estos no se detienen con un jaloncito de correas, ya no más.

“He visto al espíritu del mundo, sentado sobre un caballo” – Hegel

El que todavía tenga la idea y la equivocada lectura de la realidad,  incrustada en nuestra cultura gracias a la religión y la moralina, de que los impulsos “oscuros” del ser humano deben ser “tapados”, debería empezar a jugar con una olla express para entender funcionamientos básicos tanto de física, como de psicología, sociología e historia.

Todavía hoy escucho y veo con horror a la gran fresada y borregada de México, a “La gran familia mexicana” llena de valores Telerrisa, echar ojos de desaprobación ante situaciones tan básicas como un slam, la manera en la que los metaleros “bailan”, ese contacto duro pero lleno de hermandad, en el que el que se cae es levantado por todas las manos alrededor para que continúe. A casi 50 años de los primeros acordes duros, disonancias y guitarras eléctricas distorsionadas de Led Zeppelin y Black Sabbath, todavía los papaloys y las nenis lindis se siguen espantando, no les entra en esa cajita que se les ha fabricado a medida, que el arte es una sublimación de las profundidades del ser, y esas profundidades no son sólo gloriosas, de hermandad, de nostalgia y amor, también son, y muy seguido, las manifestaciones de los abismos internos, externos y compartidos, de la soledad, la incoherencia, la locura, el desgarre, la confusión, el odio y la frustración.

 

 

Más me sorprende, cuando personas como la Mendicuti hacen alarde de su completa ignorancia cuando ni siquiera tienen la más mínima idea de que gran parte del metal y el punk, es música de protesta o liberación, que Slayer cuando habla de asesinatos y asesinos seriales lo que hace es una crítica a la cultura gringa y los monstruos que ha formado; que cuando Metallica habla (hablaba… pft) de la guerra y la violencia es porque no quieren más, que si los punks se burlan de la reina y no tocan ni el círculo de Do en una guitarra desafinada es porque están hasta la puta madre del control disciplinario, los confusos mensajes dobles de nuestra cultura y la ortodoxia como único método de sobrevivencia en un mundo que se ha vuelto incoherente.

Estas personas, que me dan auténtico miedo y que parecen salidas de las más pesimistas novelas de ciencia ficción distópica, ven el pasado con añoranza y buscan ahí el futuro, como si fuera un lugar de limpieza y pulcritud, pero tal vez lo que ven con añoranza sea la inquisición, regímenes totalitarios donde el que hablara de más o se quejara era quemado o fusilado, como si “antes todo era bueno, la sociedad está mostrando su decadencia global”… pendejos, sí, ¡pendejos! eso denota únicamente su tremenda ignorancia:

 

¡Goya!

 

¡El Bosco!

 

¡William Blake!

 

¡Van Gogh!

 

¡Wagner!

(El “metalerito” de su época, su música repudiada y considerada

violenta y de mal gusto por muchos de sus contemporáneos)

 

¡Cellini!


¡Gaudí!

Y si sigo, no acabo, de hecho, entre más para atrás en la historia nos vayamos, fuera de buena parte del renacentismo y el romanticismo, más violencia encontramos, glorificada tal vez en tiempos del imperio romano y anteriores, pero casi siempre funcionando como denuncia, como espejo de la sociedad, de lo que somos y no queremos aceptar, los golpes certeros que el arte asesta a la humanidad mientras le dice

“¡No mires a otro lado, cobarde! ¡Esto eres tú!”

¡Larga vida al metal! ¡Sí, más! aunque sea el único género “moderno” que ha sobrevivido, evolucionado, adaptado y sigue con fuerza creativa y rompiendo traseros después de 50 años. Larga vida a los enojones con la injusticia, a los encabronados e indignados del mundo, a los hocicones, a los contestatarios, a los que dicen las cosas sin pelos en la lengua, a los que sienten esa indescriptible descarga de electricidad por la nuca y la espalda, y se les llena de minúsculas protuberancias toda la piel cuando conectan en la mente ese guitarrazo con el sentimiento y la idea.

Yo este fin me emborracho con mis amigos, escuchando metal ¿ustedes?

Les deseo un “satánico” fin de semana m/

Edit: el que haya llegado hasta aquí creyendo que digo que les debería de gustar el black metal o cualquier otro tipo de metal y que si no están jodidos, pues lean otra vez, o aprendar no a leer, si no a dar lectura a un texto. No mamen, en pocas palabras.

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Este escrito va dedicado especialmente a mis [email protected] “pinches [email protected]”:

@alexneb @anaexcess @eleseguey @elcacabonita @ElGab @Ginabuentiempo @Dkmino @ivannieblas  @LAMCH_ @PatoSaiz, JC cuevas, Zef y todos los @malignodoom @gingersweetpea @samplella @tattoo_hunter @Sr_Luisenrique @El_Thrash @PelusaPatillas @Faridee @Grish666 @Kyuutz @SkyG @lapurpura @pinheadsito @ella_lakika @lita_ford @ferzon_ @fredseel @arcgabriel8 @demonarch y los que se me olvidaron, “ustedes saben quiénes son”, ja.

Y también a quienes sin ser necesariamente metaleros, también tienen ese fuego en la sangre y pareciera que lo fueran:

@ppmerino @tipographo @machixblue @samnbk

¡Hail Aztec Funeral!

 

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