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El congal postapocalíptico
Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
La isla de las tetas
Los mensajes con los que televisión y gobierno nos quieren llamar a la isla de las tetas y aquellos pocos conscientes que nos quieren rescatar de ella.
Por Jorge Hill
16 de mayo, 2014
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Ya menguaba el de por sí reducido grupo y la noche había pasado entre cervezas, vino, buena carne y un Pad Thai medio insipido, con tallarines que se me batieron; el devenir anunciado de la primera vez y el exceso de confianza. Entre los invitados, también de primera vez, estaban algunas personas a quienes admiro no sólo por tener una envidiable consciencia social, también por hacer algo con ella, ponerla en actos que generan cambios, poco a poco en la realidad. De los temas casuales se pasó a los personales, terminamos en los sociales. La noche avanzaba para mí con una satisfactoria y poco común sensación de identificación con el grupo.

Fue entonces, que Omar, @tipographo, se levantó para despedirse y darnos una punzada “El problema es que la gente que piensa así es una isla…”. Tal vez no fueron las palabras utilizadas y sin el contexto sería imposible apreciar el concepto. A lo que se refería el Tippi es que en este inmenso mar, que en el momento podría haber simbolizado a México, las personas que realmente se preocupan por dar lectura, manifestar, crear, expresar o actuar ante situaciones incongruentes con los derechos humanos o los derechos ciudadanos, es mínima, es, en efecto, una isla. Pero esta no era la lectura final, que estaba cargada de algo que interpreté como preocupación, melancolía, pero sobre todo, desesperanza. Lo que leía en la frase, que se me quedó grabada después de casi 4 años de esta historia, es la enorme dificultad de expresar al otro lo importante de sus actos cotidianos, lo necesario de su despertar en un país rezagado, que goza de quedarse, que disfruta de no ser parte de algo más grande mientras no aparezca en televisión nacional, que está devastado por una división ideológica que puedo analogar con la ciencia actual: mientras existe gente descubriendo partículas subatómicas y planeando terraformar planetas para la futura humanidad, la gran mayoría del resto ni siquiera comprende cómo es que su foco se prende. Con la ideología, el pensamiento, las artes y la filosofía pasa algo muy parecido: avanzan, dejando en la cultura general los restos que convienen o son útiles para las masas, mientras los centros significativos de sus cuerpos teóricos se van alejando, avanzando cada vez más y terminan convertidos en isla, en una otredad excluida.

Se piensa que científicos, grandes artistas, grandes escritores, pensadores o simplemente porristas de todos estos (como Yoni), viven en “Una intocable torre de marfil” (frase favorita de Maussanitas y otros mensos), que sus conocimientos y expresiones están en un mundo alterno, fantástico, inventado por ellos; un palacio magnánimo desde el que excluyen a los que sienten como “inferiores”. Todo esto es, me parece obvio y contundente, una lectura desde la misma posición pasiva o felizmente ignorante que se ha escogido por una u otra razón, y que es, en la mayoría de los casos, completamente voluntaria. La realidad suele ser la contraria, aquellos que crean cultura, ciencia o ideología, lo que más quieren, su más ferviente deseo, es compartirla, es que el mundo lo sepa, que el mundo le encuentre un uso y un desarrollo posterior a sus ideas, creaciones, cuerpos teóricos, objetos, inventos, pasiones. Pero también, la mayoría de ellos se encuentra con el mundo actual, no sólo no existen los referentes mínimos para darle contexto a una nueva -o vieja, pero compleja- idea, existe una franca y clara oposición, una contraparte que ya sea por rezago, por ignorancia, por algún tipo de resentimiento al asumirse excluido o por una mezcla de las anteriores, se dedica a ignorar con mala cara o en tantos otros casos a demoler, como bien lo ejemplifica Daniel Moreno en el plano de la prensa mexicana (que se puede extender a las redes sociales y a la cultura general), en este texto.

Así es mejor tomar el atajo mental y pensar que hay gente mamona que se dedica a pensar mamonadas que “no tienen impacto en la realidad cotidiana”, asumir que estas personas son parte de la plaga hipster nombra-nombres-sin-contenido, que están enojados con la vida y por eso se quejan y nada les embona, que este escrito tiene como finalidad lamer pelotas y no crear un probable y posible espacio en la mente del lector… “¿Pues quién te crees que eres?”.

Así llegamos, náufragos, viendo pasar de lejos el gran buque de nuestro gobierno, en este caso, el del Distrito Federal. Ese GDF tan rezagado, tan confiado en su supuesto “progresismo” y su “izquierda” (?), que puede aventar, después de tantos y tantos desatinos, una campaña de lactancia con estas características:

Maribel-Guardia

 

1) ¿Moral, amoral? ¿qué nos importa? cada quién tiene sus propios límites morales y el espectro es enorme, esa es una de las grandes tragedias del mundo. Lo que sí existe aquí y es claro, es la erotización de la lactancia. Lo esperaríamos de Televisa y TV Azteca, a eso se dedican, a vender publicidad mientras llenan sus contenidos de tetas, nalgas o cualquier otra cosa que sirva como chicle para el cerebro, ahí nomás, mascando a lo pendejo sin que pase otra cosa; pero del GDF… ¿ya chole, no? fail after fail.

2) No se necesita ninguna lectura, ningún contexto, ningún referente cultural elevadísimo. No, es muy claro, “No le des la espalda, dale pecho”: Da la espalda a su hijo la madre que no da el pecho, porque no quiere y es su cuerpo (¡oh, eso que seguimos sin comprender, religiosos, políticos y población rezagada!), porque le duele, porque no tiene tiempo, porque hay mil razones para hacerlo o no hacerlo y se debe tener la libertad de elegirlo sin ser atacada por población y mucho menos estado; porque es una maldita chinga en este mismo país representado por el estado que te lo está pidiendo, que moraliza pero por otro lado se ha mostrado históricamente y sin cesar, inepto y completamente incapaz de poder darle a las madres mexicanas y a la gran mayoría de los habitantes no privilegiados por sus pasados y presentes tejes y manejes, un nivel de vida digno, una calidad de vida en la que la madre, si quiere darle teta o no a su hijo (o a quien quiera), simplemente lo haga, porque quiere y puede.

3) La imagen de la santa madre en México, donde un “chinga a tu madre” es peor que puñalada. La mujer-madre, esa concepción bizarra que huele a viejo, a ignorancia, de fondo un tufo histórico de religión colada, como siempre. Se asume que es deber político, cultural, social, religioso y sobre todo natural que la mujer sea madre. ¿Pues en qué congal de ranchería creen que vivimos? Cristo Parado, ya mejor me hubiera muerto desde chiquito antes de mamar.

4) La gente quejándose de la publicidad, pero por estas razones, quesque “argumentos” o no sé cómo piensan que son o qué: todas las que salen están operadas (¿so?), es inmoral (… cámara), no va con la imagen de una madre “real” y abnegada (como se debe ser), las operadas no pueden amamantar y ni al caso la publicidad (falso… y ni al caso).

5) Asumir que se va a llamar la atención de El Pueblo poniendo a unas famosas buenonas semidesnudas, que así igual y sí ponen atención y así igual y sí hacen caso. Lo desafortunadamente triste y lamentable de esta parte de la publicidad: tienen toda la jodida razón, Welcome To Metsicou, mi casa es su casa, mano e mano. Me recarga la rechingada y la revende rehuevos.

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Junto con otras personas, Estefanía Vela (@samnbk) puso una queja sobre esta publicidad, fundamentada de exquisita y significativa manera ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos del D.F., aquí la pueden leer y apoyar.

¿Lo bueno? parece que GDF cambiará la publicidad (y seguramente pensará mejor las que siguen… OK, no) después de las críticas recibidas por parte de activistas, organizaciones no gubernamentales y la parte despiertita de la opinión pública en las redes sociales (esas que no cambian nada, ei, esas meras… ).

Gracias a todos ellos, a  nuestras islas.

 

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