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El congal postapocalíptico
Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
La mujer invisible
Alejandra Negrete, de 40 años, trabajadora doméstica. Víctima del multihomicidio narvarte ¿quién habla sobre ella y por ella? La mujer invisible.
Por Jorge Hill
7 de agosto, 2015
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Rapidito nos intentaron convencer los grandes medios tradicionales y algunas de nuestras instituciones de “justicia” -¿alguien de México recuerda qué significa esa palabra?- sobre lo peligroso de andar de fiesta, sobre todo si es más allá de la salida del sol, y uy, de jueves a viernes. Santo niño de Atocha, eso no es de Dios. No es de gente bonita, no es de niñas bien, no es de chavos trabajadores y productivos. Aún peor la perdición en el abismo si andas entre rastudos, colombianas y “lo que suena a” strippers o prostitutas del jet set. Hacer eso sería “estar en malos pasos”, es como sacar la cartera frente a la gente para que se les antoje asaltarte o ponerse falda para que se les antoje violarte, porque nos encanta y somos pendejos y pendejas, masoquistas, no aprendemos; “hay gente a la que le gusta la mala vida”.

Las burlas que tenemos como instituciones de justicia e “investigación” al mero estilo Maussán no tardaron en darnos firmes versiones sobre los móviles y lo que habría ocurrido en el multihomicidio de la colonia Narvarte. Primero una fiesta loca-locota-sin-control, luego que no, que un robo, ni modo, así pasa, gente con saña, gente enferma que desnuda, humilla, tortura y viola a cuatro mujeres para después dar un tiro de gracia a las cinco personas que encontraron ejecutadas. De que existen ese tipo de personas, existen. Pero de que hay fuertes motivos para sospechar de asuntos políticos, los hay. De que ya perdimos la cuenta de las versiones “oficiales” que diversos funcionarios y la Parchaduría General de Justicia tienen que ir parchando cada vez que algún medio independiente descubre nuevos datos, también. De que los “expertos” resultan ser expolis con pasados más negros que los de cualquier rastudo, también. Que la verdad es una “puta” al mejor postor, llena de oscuros y muy diversos intereses, ni se diga.

¿Pero qué aprendimos aquí? que no hay que andar de locos y de locas, cuidadito, a cualquiera le puede pasar, no necesitas ser un reportero o una activista que ya habría mencionado su persecución y responsabilizado a gente poderosa si algo le pasaba. Sobre las insufribles moralinas, prejuicios y falacias de aquellos de allá arriba en el poder, y de los ya muy pocos (?) mensos de aquí abajo que se las tragan e interiorizan, han escrito con agudeza y claridad @catalinapordios por aquí y @temoris por acá.

Dejando de lado el asunto general del multihomicidio y nuestras heroicas instituciones con sus investigaciones tipo CSI (Creer Sin Investigar), el asunto particular que me ha perturbado en los últimos días es la desaparición en los grandes medios de quien se presume que se llama Olivia Alejandra Negrete, de 40 años, trabajadora doméstica.

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En los mejores casos es nombrada al final de las notas o artículos como una víctima con mala suerte, estaba ahí en el momento de los hechos y “ni modo, le tocó”. En los malos casos, de esos que hay demasiados en nuestras pintorescas y “súper irreverentes” redes sociales mexicanas, es “la chacha asesinada”, “el pilón”, una broma más para ganar followers y favs, total, no pasa nada, al igual que no pasa nada cuando publicas un “video porno” “actuado” por menores de edad sin su consentimiento. Aquí la @malamadremx les da una nalgada con ese tema, de repente alguien tiene que detener la imbecilidad rampante, porque suspender cuentas de Twitter por unos momentos nomás no sirve y obviamente tampoco es negocio. De eso también nos escribe @acedeno con un el ya claro título “#UACH: Mentalidad de manada en Twitter“. Sí, como bien diría el meme twittero: “Como los pinches animales”.

Regresando a Alejandra, en los peores casos, que son la mayoría, ni siquiera es nombrada, a lo mucho un número más, no hay reflejo de su existencia. Ya es difícil “entender” o pasar por alto que a estas alturas algunos medios sólo hablen de Rubén y no de las otras víctimas, todas ellas mujeres. Que es por motivos políticos, es donde parece estar el meollo del asunto, es en quien reside todo el misterio y secreto de este problema. No, Nadia también había sido amenazada y existe un video de ella responsabilizando a Duarte por lo que le pudiera pasar.

Estamos hablando realmente de un primer paso de invisibilización, que nos lleva al segundo, añadiendo el pan de todos los días del mexicano, nuestro grotesco clasismo normalizado. Mujer, trabajadora doméstica, en su cuarta década de vida ¿ella a quién chingados le iba a importar? ¿para qué gastar tinta, clicks y botonazos en ella? no es noticia. El mexicano quiere escándalo de momento, ya sea generado por ficción telenovelera, por ficción generada en las instituciones o por la realidad que siempre supera a la ficción. El escándalo que rápido se olvida porque “así es la cosa, ni modo, aquí nos tocó vivir”. Escándalo o tetas. Los medios lo saben bien.

La negación activa de “La mujer invisible”, a quien no encuentro una y otra vez en tantas notas, noticias y artículos, me sorprende cada vez más, porque cada vez más la busco y no la encuentro, no está. Una vez más, esa ausencia que no habla de ella, ese vacío, es llenado con todo lo que se puede hablar sobre nosotros.

Y me hace pensar, me hace pensar en ella y las otras, y las tantas otras, desdibujadas, deslavadas de nuestro mundo simbólico. Me hace pensar en mi novia y en su colonia peligrosa donde a veces debe caminar en las noches, me hace pensar en mi mamá y en mi hermana con un hijo recién nacido, en mis amigas, me hace pensar que desde hace tiempo ya no me causa tanta gracia la palabra “feminazi” aunque haya sectores extremos del feminismo (que se definen a sí mismos “extremos”, como el lesboterrorismo) con los que simplemente no concuerdo. Me hace pensar que sí estamos muy jodidos, en eso y en tantas otras cosas. Me hace pensar que tienen toda la razón de estar absolutamente emputadas con nosotros, con instituciones, discurso, palabra y ley, con tener que luchar desde la invisibilidad impuesta, así sea desde el extremo, porque en un país de extrema ignorancia, prejuicio y violencia, parece no quedar de otra.

Las lecciones de este horrendo caso son muchas y desde muchos lugares diferentes, lo que queda por revelar sobre él -si es que alguna vez sucede- también tiene pinta de una gran maleta llena de comprometedores secretos que pueden poner de cabeza todo lo que ya de por sí está chueco. Lo que me queda claro, desgraciadamente, es que en todos esos lugares, las cosas están peor de lo que pensábamos, y ya pensábamos que estaban irremediablemente del carajo.

Supongo que lo único que queda es seguir presionando, escribiéndolo y hablándolo, manteniéndolo presente, asumir lo que se pueda y aprender lo que se deba. Y a ver qué más… ya ni sé. Este país está loco, todos lo estamos ya.

@jorgehill

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