La pendejocracia. El futuro, hoy. - Animal Político
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
El congal postapocalíptico
Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
La pendejocracia. El futuro, hoy.
Por Jorge Hill
1 de abril, 2011
Comparte

Es viernes 12 de enero de 2007, un hombre sale del metro de Washington, toma un violín y toca 6 piezas, mientras que miles de personas pasan a su lado, sin detenerse, uno que otro aventándole un par de monedas.

Entre las piezas, todas ellas neoclásicas o barrocas, se encontraba en primer lugar “Chaconne” (Ciaccone) de Bach, una compleja progresión armónica de 14 minutos, considerada no sólo una de las grandes obras de la historia, también una de las más difíciles de tocar en un violín. El violinista era Joshua Bell, un virtuoso que hizo su debut a los 14 años con la orquesta de Filadelfia. El instrumento era un Gibson Ex Huberman, hecho a mano en 1713 por Antonio Stradivari (“Un Stradivarius”, pa la banda) valuado en 3.5 millones de dólares. Lo que en realidad sucedía era un experimento, llevado a cabo por el Washington Post y su resultante artículo que terminó con un premio Pulitzer. El experimento se centraba en las preguntas acerca de la belleza en el arte, la capacidad de apreciación de la gente, el “marco” que necesita algo para “ser bello” y para no hacerles el cuento largo, la manera en la que la gente “moderna” traga camote a diario, sin saberlo.

 

Éntrale, tú sabes que te encanta.

 

En 2006, Mike Judge hizo la película “Idiocracy” una ficción que basa su premisa en que ya no es el fuerte o el inteligente el que se reproduce y pasa a las siguientes generaciones, en la sociedad actual es el imbécil el que sobresale y se vuelve “exitoso”. Llevando una línea hasta el futuro a través de un hombre actual que es congelado y despierta cientos de años después, Judge nos muestra con un buen humor negro la sociedad a la que supuestamente este hombre despertaría: El presidente de estados unidos es un luchador de lucha libre, todo está basado en disputas, armas, tetas y “jackasses” en la televisión y una cultura de la imbecilidad glorificada. Como bien dice un comentario en youtube en el link que puse más arriba “Idiocracy ahora es un documental”. El futuro, hoy.

Vi “Sucker Punch” de Zack Snyder, quien alguna vez nos dio el fabuloso remake de “Dawn of the dead“, había algo en ese, uno de los pocos remakes que superan al original, que a muchos nos hizo sentir que el género cinematográfico de “entretenimiento” podría tener una nueva cara y dignificarse. Era, aparte, fantástico, que Zack Snyder saliera a la fama con una película de “zombies”, donde los zombies alguna vez fueron humanos y se dirigen casi por instinto a los centros comerciales, masas descerebradas de gente comiéndose a los vivos. El que no ve la metáfora y la denuncia socio-cultural en los clásicos de George A. Romero, está perdido viendo “mostritos”.

Más tarde, Snyder nos dio la aclamada “300”, chicle pal cerebro. Después vino “Watchmen”, chicle pal cerebro con un par de gotas de un conflicto interesante. Ahora vino “Sucker Punch”, un clásico para suckers, un desatino brutal, una historia sin pies ni cabeza que termina siendo un pastiche de videos a la MTV, unidos por pequeños rastros de guión y diálogos asombrosamente clichosos que funcionan como una deshilachada costura de sastre incipiente. El cuadro se completa por una corrección de color extrema, para que haya chiclito para el ojo, un grupo de lolitas vestidas a la steampunk saltando por los aires, disparando, jugando con la estética del ya de por sí explotadísimo kung-fu, para que haya chicle para las gónadas y chicle aspiracional para la trompa de falopio; hay robots, samurais, aviones, nazis, dragones… wait!… ¡¿Qué?!

 

Se me informa que se ha llegado a niveles críticos de estupidez,

pero la opinión pública sigue siendo buena.

 

Sería fácil salir de esta argumentando un fanboyismo roto por Zacky, un “es cine palomero, ¿Qué esperabas?” y otros más de los “argumentos” que se repiten una y otra y otra y ooootra cansina jodida vez que este tipo de cine llega a las pantallas y que cada vez, se vuelve más idiota, minando más y más el terreno para otro tipo de creaciones que ya no tienen entrada en una industria sustentada en “Si no cuesta, y deja millones de dólares, no se hace”.

Pero ese no es el problema, el problema está, como en la primera parte de este escrito, en nuestra apreciación, en lo que queremos ver y escuchar, en que estamos tan atareados en la esclavitud moderna, en el gran engrane que hace que todo funcione, que hasta nuestra percepción ha sido moldeada.

Tal vez pocos conocen cómo funciona la industria de “hacer películas”, es necesario saber que se entrega una sinópsis de 3 líneas en las que supuestamente se debe contener “toda tu historia”, si eso pasa la prueba, el guión será leído y deshechado si el asistente del estudio no “ha sido atrapado” a las 5 cuartillas. Porque para que una película venda, al minuto 5 debe tenerte “aferrado a tu asiento”, en el minuto 15 debe venir el primer punto de quiebre para moverse al segundo acto y alrededor del minuto 60 debe subir hacia el tercer acto, en un éxtasis armageddonico que incluya explosiones, el perdón, la sobrevivencia del amor ante todo o el cumplimiento de algún sueño mamón. Sí señor, así son las cosas y hay gente que vive de enseñarte este “paradigma” para que seas uno más de los que aspiran a Hollywood y al cine nacional o internacional.

¿Alguien ve el hilo detrás de esto? es muy fácil, cuando ves una película que no está basada en estos ritmos y estructuras, se te hace “lenta”, “mamona”, “pretenciosa”, “costumbrista”, “apreciativa”, “muy… artística, we, pero… no sé, ¿como lenta no? de hueva”. Y es así, como una vez más, una industria, algo basado en la ganancia feroz y depredadora de dinero, moldea percepciones y “maneras de pensar”. Pero ¿No pasa nada, no?

No, no pasa nada, si que “no pase nada” resulta ser el aplanamiento de nuestras percepciones y apreciaciones, no pasa nada si el 99% de la música ya no contiene estructuras complejas, síncopas, melodías que salgan del pinche Mi, una intro, un desarrollo, un coro, puente, coro y final, todo en 4 minutos, si no “no pega”, si no “la gente se cansa”, si no “no deja”. No, no pasa nada si el 99% del cine es una historia descerebrada con un ritmo frenético que entra por los ojos pero nunca llega al cerebro o simplemente lo hace rumiar como vaca babosa. No, no pasa nada si las artes están sustentadas en aventar lo primero que se te cruza y pintarlo para después enmarcarlo como “arte objeto”; no pasa nada si un Hirst te dice que un tiburón en un tanque es sublime arte postmodernista y se puede comprar en 9.5 millones de euros.

 

 

No pasa nada cuando tú apoyas este tipo de cine, música y demás artes, con tu atención y tu dinero, para perpetuar el ciclo de “entre más imbécil, más peladito y en la boca, mejor”.

“Es que tú todo quieres que sea sublime y artístico, eres mamón, Hill”, si hubiera un equilibrio entre el arte entretenimiento y el arte “apreciativo” esto sería cierto (lo de mamón sí lo es), pero sólo falta prender la televisión 5 minutos, salir a la calle, a algún antrejo, leer lo que está “en boga” para darse cuenta de la melcocha fermentada en la que culturalmente vivimos, el grado tan brutal de necesidad que se tiene de simplemente “no pensar”.

 

La campaña de Diesel: El inteligente critica. El estúpido crea. Sé estúpido.

A este grado de aceptación social de la estupidez se ha llegado que hasta es “trendy”.


La esclavitud moderna trae consigo los alicientes para que seamos todos unos perritos de Pavlov: jódete trabajando toda tu vida para pagar cosas que no necesitas, pero no te preocupes, a cambio te doy tetas, músculos, objetitos curiosos con qué llenar tu hogar y muchas, muchas aspiraciones fantásticas que nunca llegarás a ser… ¿pero qué tal que en una de esas sí?, te vendo los medios para lograrlo y si no lo logras, te puedo seguir vendiendo sueños.

 

¿No pasa nada?

Bienvenidos a la Pendejocracia, el futuro, hoy.

 

 

 

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.