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El congal postapocalíptico
Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
La restauración como eufemismo
Por Jorge Hill
24 de agosto, 2012
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Aquí vive un Ecce Homo feliz.

En un par de días se hizo mundialmente famosa la espontánea “restauración” del Cristo de Borja por una mujer de 80 años con lo que se define como una “vida difícil” y un hijo discapacitado de 60 años.

El asunto es tan famoso que nada más llegó un día tarde a  Facebook, imagínese usted.

 

Pero la restauración y la reinvención de las personas, las celebridades, los gobiernos y hasta los significados de las palabras son una constante, algo necesario y en lo que muchos abusan de la elasticidad del miembro para entrarle muy duro al mame.

Por ejemplo, tenemos la restauración del PRI, ese nuevo PRI que regresa a la silla del águila con todo y copete, primera dama celebrity, ideologías de papaloy hasta para el campesino de hoy, mucho Cristo, mucho Papa, mucha virgen y una extraña tendencia a la represión y a coartar  la libre expresión. Supongo que todos podemos cambiar, pero nomás poquito, no vaya a ser que no se nos reconozca después.

¡Yiiihaaaa! ¡Muchas gracias a los “cállate y ponte a trabajar”!

También nuestras instituciones están pasando por una restauración, ese IFE al que tanto trabajo costó proveer de existencia y poner a funcionar, que representaba la esperanza del mexicano para recuperar la fe en las instituciones, hoy dice que nada más fueron 13 los espectáculares de Peña Nieto, que los casos de Monex y Soriana no se sostienen, que ni hay tanta casilla que anular, que la tele no hace presidentes y que ningún partido superó los gastos de campaña ¡Osom! Yo estoy convencido que cuando Diosito (el viejito volador vengativo) creó México, lo hizo en su etapa surrealista/dadaísta, esa en la que las incoherencias no importan y los resultados a todos nos tienen que gustar nomás porque sí, y ni preguntes. “Cállese y póngase a trabajar”… ah, y que qué bueno que en Panamá se anulen elecciones por compra de votos y que el proceso electoral mexicano sea una burla internacional ¡Pus estos! ¡Es pedo de ellos! “¡¿Yo qué?!”.

¿Cómo nos está quedando?

 

También los YoSoy132 sufren constantes restauraciones, en un principio parecía ser la solución final, el “estallido social que México necesitaba desde hace décadas”. Una perfecta y espontánea masa descentralizada sin líderes, moviéndose ante el reflejo de la más mínima injusticia y el cinismo de nuestros medios, gobierno e instituciones. Sin líderes y sin organizaciones “a la antigua”, un movimiento es incorruptible, es un idea que trasciende a sus miembros y a sus posiciones individuales. Muchos esperábamos que los 132 tuvieran los ojos bien puestos en esto y en el éxito que movimientos sociales y culturales como Occupy o Anonymous en su parte activista manifiesta han tenido, pero parece que en México todo se quiere hacer a la antigüita, a la mexicana: a medias, pues. También parece ser que demasiados fumapasto de ciencias políticas están más interesados en ser cabecillas que en ser parte de un movimiento. En fin, la historia de siempre.

¡Tremendo boicot a la tortería durante una semanota!

Pero cuando acabe, me chingo esas. 

¡Toma eso, industria de la torta!

Lo que nomás no se restaura, ni para eufemismo, ni para la buena o para la mala, es la izquierda mexicana, esta izquierda del bananar a la que tanto “izquierdoso” nos da miedo entrarle porque, ay manito, es que con esas amistades y esas declaraciones y esos pejismos ¿pues cómo? Mientras, en Francia, una izquierda “de las de a devis” se gana el respeto del pueblo y el mundo exigiendo que ricos y banqueros paguen los impuestos que deben, cortando gastos innecesarios devenidos desde generaciones enteras de la oligarquía francesa y en pocas palabras diciéndole a sus políticos “Si vas a estar aquí es porque quieres y tienes algo que hacer por la gente, no por un puesto con salarios millonarios que ya no va a existir”… ah, ¿dónde estará nuestro Hollande? igual habría que darle una restauradita maciza al buen Marcelo para el 2018. Y eso a ver, ya ven que igual y los mayitas tienen razón y se acaba el mundo en unos meses, si no Maussán y sus “científicos” nos podrán inventar otros cientos de catástrofes universales y meteoritos que podrían destruir la tierra, cada fin de semana.

¡Ya viene el cambio que México necesita,

montado en el asteroide Toutatis!

Junto a la restauración panameña, ahí en la tierra de mi padre, en la que decidieron hacer las cosas como se debe, también Ecuador dice “pues vamos a ponernos a los cates con los grandes y nos traemos al Assange”, la manzana de la discordia. Tons, los ingleses se encabritan porque Assange tendría que ser de ellos, pero también de Suecia porque ahí es donde el Julian supuestamente hizo de las suyas con su “Juliancito” en un caso de abuso sexual con más sombras y recovecos que un libro de cuentas de Soriana. Pero también tendría que ser de los gringos, porque pues ellos son la policía del mundo, y el “soplón” que hizo que se develara la manera en la que los E.U. hacen sus “restauraciones de otros pueblos”, es estadounidense. Y como el señor Chávez, gran restaurador histriónico, no podía quedarse afuera si ve que algún latinoamericano le está dando retortijones al imperio, hizo su aparición rápidamente para enseñarle al mundo que “Ecuador no está solo en el caso Assange”. Woot! la cosa se pone padre.

O sea, sí está perra la onda, pero primero deja poso bien.

La cosa es que con tanta “restauración”, el problema es que ya no se sabe cuál era la obra principal, sus valores, sus defectos y sus virtudes. También nos enseña que en algunos casos, muchos de los actuales, tal vez sea mejor “dejar morir” a intentar restaurar, pero esto parece ser contrario a la extraña idea de que la evolución tenga que ser crecimiento, como ya muchos economistas más conscientes nos dicen, que tal vez la solución no está en “crecer”, si no en analizar, cercar, pensar el mundo como un ecosistema finito (lo que es en realidad) y reacomodar, pero ya sabemos que los “cállate y trabaja” del mundo están demasiado preocupados por tener más cositas y sentir que su existencia vale más gracias a ellas.

¿Será que esta obsesiva tendencia a la restauración eufemista no es otra cosa que la ambición humana individualista buscando por el interés propio aunque todos los demás se chinguen? ¿Inocentemente inconscientes y ciegos a que siendo un sistema, esto vuelve para jodernos a nosotros más tarde? sin karma, sin misticismos, puro y vil acto-consecuencia, cadenas de resultados que vuelven para reencontrarnos de espaldas, sentados en un trono, sobre una montaña de basura.

El karma no existe, y si existe, no creo que sea una perra.

Es más probable que la respuesta es que la perra inconsciente sea uno mismo.

Pues no sé, pero pongo las preguntas sobre la mesa. Y por si las dudas, yo también ya me ando restaurando.


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