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Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
La sinceridad como método anticonceptivo
Por Jorge Hill
18 de febrero, 2011
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#NOT!

¿A qué se expone uno el día de hoy con las redes sociales? es una pregunta que aunque hace algunos años pudo parecer inocente ante las nacientes y crecientes redes sociales, hoy sigue vigente y parece más digna de reflexión cuando tenemos redes que cada día muestran de manera más transparente lo que somos.

En el pasado las redes sociales e internet en general eran medios para el anonimato, perfectas para el troll cobardón, el stalker de las sombras, el mailero fraudulento, el spammer insaciable y las exnovias psicológicamente inestables. Hoy, medios como twitter permiten conocer más a fondo a las personas, sus hábitos diarios, las personas con las que se llevan, los lugares donde estarán. Cualquiera puede aún abrir cuentas falsas en cualquier medio, pero actualmente, los mismos medios, los avances de internet y sus interconexiones, hacen que sea más difícil seguir con la farsa. Por otro lado, la gente en general está más informada y sabe que no se debe poner tanta atención a un troll, no alimentarlos en el gran zoológico virtual es siempre la opción.

Se sabe de algunos casos famosos en los que las redes sociales han servido incluso al crimen, hubo alguna época en la que hasta en los noticieros se invitó a la gente a utilizar con más cuidado facebook y hacer de sus castrosas opciones de privacidad, un escudo ante secuestradores que utilizaban el medio como método infalible para conseguir víctimas: los yuppies, juniors y las mujeres sedientas de exhibición, dinero y poder, siempre sucumbían a la exposición histriónica de sus fabulosas vidas con fotos, videos, nombres y lugares.

¡Hola facebook! miren lo que hemos aprendido de Barbie y Ken,

besos tronados a todos ¡los amo mil!

Hubo también una época en la que todos queríamos tener un blog, la época blogger, y todos lo hicimos, tuviéramos o no algo que decirle al mundo, fuera esto de interés o una huevaza monumental para el pobre lector, que era invitado una y otra vez a leer “mi nuevo post”. En esa época estaba hasta de moda el anonimato, era interesante el poder discernir quién era quién y cómo era algún blogguero que te interesaba; pocos eran los que subían fotos personales, usaban su nombre real o publicaban más links hacia sus otras redes. Hoy, las mismas plataformas te permiten hacer conexiones entre todas tus redes sociales y perfiles, gracias al mentado “2.0” del que tantos allá afuera se dicen “Gurús” y suelen ser simplemente, unos geeks “smartass” tratando de verte la cara con sus supuestos conocimientos superiores, unos viles Jodorowskys de la virtualidad, en mi lenguaje común: charlatanes y apantallapendejos.

“Puedes depositar mis honorarios de tech-guru 2.0 directamente

a la prostituta que me hace compañía cada 15 días”


Hoy, un blogguero anónimo es una payasada, pierde no sólo el interés de sus lectores, pierde también, toda credibilidad. Esto nos habla de una comunidad virtual que ha aprendido mucho después de tantos años de trolleo, falsedades, anonimatos y otras historias más oscuras; también nos habla de proveedores y compañías que responden ante estos cambios y nos dan las herramientas necesarias para integrarnos a las nuevas necesidades de esta misma comunidad, que a diario pide más.

Hoy puedes twittear y dejar ver a todos tus contactos, a través de lo que yo llamo “el expositor de falsas maravillosas vidas”, o sea foursquare, el lugar donde estás en ese momento codeándote con las celebridades de la farándula (O simplemente inventándolo)

Hoy, el twittero que pasa demasiado tiempo diciendo mentiritas inocentes o “mentirijillas” sociopáticas provenientes de una personalidad mitomaníaca, acaba cayendo tarde o temprano; si el mundo es un pañuelo (o como diría @alexneb_, “una caquita”), las nuevas redes sociales lo han hecho aún más pequeño, digamos, una mierdita-bolita de cabra.

Lo que tenemos cada vez más cerca, son redes sociales que se parecen más a la vida misma, a su transparencia; métodos que nos permiten ver si la iguana masca, y de qué lado; interconexiones que nos permiten saber si todas esas personas que en antaño brillaban por sus personajes creados, ahora los pueden mantener ante una comunidad que pide realidad y realismo.

Hoy, las figuras públicas siempre mantenidas en la privacidad y cuidadas celosamente por sus compañías y representantes, nos dejan ver su realidad, que no son esos brillantes pilares lejanos, y que en algunos casos, demasiados, diría yo, son más corrientes que comunes. Basta ejemplificar el meme que existe en twitter acerca de Paulina Rubio, en el que ante cualquier fenómeno de importancia mundial, se emula un tweet como si viniera de ella, demostrando faltas ortográficas de primaria y sobre todo, una absoluta ignorancia del mundo externo, manchado siempre de un sabroso toquecito de pendejez bimbo-style. Me hubiera encantado ponerles un ejemplo, pero Google no arrojó resultados suficientemente representativos ante mi búsqueda “el tweet más idiota de @paurubio”, igual se sobresaturó.

Hoy, les cuesta mucho trabajo mantener el status absolutamente fantasioso de “perfección” o de “ser intocable” a aquellos escritores, reporteros, cineastas, actores, “artistas”, funcionarios públicos, políticos o figuras públicas que aún quieren cuidar esa imágen creada y que en épocas anteriores funcionaba a la perfección para vender más libros, columnas, discos, obras o simplemente para amedrentar o imponer al que se la tragara; no es ningún secreto que todos los agentes y representantes siempre te piden mantener una imágen de “vaca sagrada” y eso es  porque siempre hay gente que se la acaba tragando, eso se traduce en ventas, rating, fanatismo, enloquecimiento… falsedad, lo que mantiene y hace girar a este a veces insufrible mundo “Pop”.

Por otro irónico lado, aquellos a los que les gusta tirar las netas en la cara, siguen siendo “raros”. Al final, mientras las redes sociales se parecen más a la transparencia de la vida, también toman sus mismas mañas sociales, las mismas cobardías y pusilanimidades. Al igual que en la vida, se te pide sinceridad, pero no demasiada, no vayas a herir los sentimientos del hijo de la hermana de la amiga de tu prima. En las redes sociales que hoy son más efectivas como servicio de citas que un servicio de citas, la sinceridad funciona como método anticonceptivo, o se podría decir de manera más correcta “como método anticogitivo”. La sinceridad en extremo te causa tantos enemigos reales, como virtuales, cuando hoy la diferencia entre uno y otro es muy delgada y a veces no existe.

Lo importante, en mi punto de vista, es que hoy las redes sociales, al igual que la vida en muchos de sus puntos de quiebre, te piden demostraciones, te exigen saber quién eres y si sí es cierto que eres tan chingón o si nada más tienes la boca rumiadora llena de famoso dulce poblano hecho con productos de la familia de los tubérculos.

Hoy, aplaudo a las redes sociales y a las comunidades virtuales que empiezan a tomar ese tinte que finalmente tendría que haber llegado, que de fondo, trata de un tema de consciencia social: el “Dejémonos de lactancias ¿Quién eres y qué quieres? ¿Hay o no hay?”


Haters gonna hate

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#YoSoyAnimal
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