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El congal postapocalíptico
Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
La tranza perfecta
Por Jorge Hill
29 de junio, 2012
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¿Qué? ¿Ya estamos hasta la madre de las elecciones? pues sí, la verdad es que sí. Todos, los políticos, los apolíticos, los apartidistas y sobre todo los “nos vale madre”, a quienes eso de coexistir con la realidad no se les da y resultan estar inconformes con la inconformidad ajena.

El asunto es que después de estas elecciones, y gane el copete que gane, todos regresaremos a nuestro ritmo y discusiones de siempre, con una enorme diferencia: habrá un nuevo presidente y un nuevo equipo que va a decidir el futuro de México y sus habitantes por los siguientes 6 años… si tenemos suerte y no se instaura “La Dictadura: Parte 2”.

Muchos de nosotros, pesimistas o realistas, ya damos prácticamente por hecho que Peña Nieto estará en la silla presidencial, sabemos que no habrá fraude. No se necesita hacer fraude cuando tienes de tu lado a un país criado por dos televisoras y arrasado por el clasismo, inyectado de aspiraciones irreales, dividido en ciudadanos de primera, segunda y tercera.

 

 

Existe un fenómeno curioso en la cabeza humana, cuando pasa algo que no nos podemos explicar con nuestra red de pensamientos, conocimientos y suposiciones, automáticamente pensamos que debe haber un “algo” más grande. Así hemos pasado de los dioses de cada hecho natural a un sólo Dios… y a su hijo, sus santitos y ángeles, sus vírgenes; resultamos con un panteón más grande que el de los dioses griegos, a la hora de la hora.

Murió por ti, pero tiene primera fila

para aplaudir nuestras pendejadas.

Así surgen OVNIs todos los días por un puntito raro en el cielo, acumulaciones de gases, globos aerostáticos y cientos de fenómenos naturales que no son parte de nuestra vida cotidiana. Tendrían, entonces, que ser extraterrestres que nos visitan y se quieren comunicar con nosotros, pero siendo una civilización tan avanzada tecnológicamente como para viajar millones de años luz, la tecnología no les da para comunicarse y hacer su presencia auténticamente notoria, o en el caso de que quisieran no ser vistos, están haciendo un trabajo increíblemente malo, al grado de la imbecilidad cósmica.

¡No nos veas!

Sorry, es que la evolución en nuestro planeta

nos hizo muy penosos.

Conocemos la historia del México del PRI, sí, había fraudes y manipulaciones al por mayor, un descaro digno de emperadores chinos. Hoy la realidad es otra (refiriéndome a la ciudadanía, no al “nuevo PRI”, ja), y aunque sigue habiendo gente que duda de instituciones como el IFE, tenemos algunas facciones de nuestra cultura muy informadas y críticas, observadoras. Con esto no digo que algún pelao bruto en algún lugar del país decida por cuenta propia o con un pequeño grupo de brutazos, robarse unos votos o hacer alguna tranza local. Eso se puede esperar, la gente está muy loca, Jhonnies. A lo que me refiero es que hacer un fraude orquestado desde lo más arriba y llevado a cabo a gran escala, es imposible.

La realidad es más fea que un fraude, más dolorosa que una tranza a gran escala, un síntoma que preferimos evitar, para no pensar en la posibilidad de una terrible enfermedad que se ha adueñado del cuerpo entero: un país que fuera de nuestra pequeña burbuja cibernauta, está en la pobreza extrema, sin educación y sin armas para formarse de un pensamiento crítico a través de la disección en esta lluvia de información.

Tenemos a un país que ya votó por una alternativa durante dos sexenios y no le sirvió de mucho, que trajo cifras de muertos dignas de una guerra civil de países africanos destruidos por siglos de explotación del “primer mundo”. Tenemos un país que lo que quiere es “ser como los gringos” y “ser bonito”, “tener muchas cosas” y “tener mucho dinero”. Si te prometen que “vas a ganar más” y te ponen un par de tortas en la boca, con eso es suficiente. Así de triste, así de real.

Llévelo, llévelo, su kit EPN de acarreo, 

para el niño, para la niña.

Pero, gane quien gane, la tendencia global ahí está, que es la que a mí y a otros interesa, poder ver un esquema más grande y amplio, ese lento proceso de aprendizaje, que normalmente viene a la mala, al ver que este sistema político y económico simplemente ya no funciona, hace a los ricos más ricos y a los pobres más pobres, nos regala la gran fantasía de que es “la mayoría” la que decide, y que “el bien de todos”, de alguna extraña y quimérica manera, cabe en tal proceso. Lo escuchamos seguido en México, pero la realidad es que esto está pasando en todo el mundo y la gente ya está harta. Pero estos procesos no se dan de un día para el otro, de hecho, no caben en las urnas, no caben en EPN, ni JVM, ni AMLO ni en el Don Quadro, con todo y su solemnidad y facilidad de palabra. El único  lugar en donde cabe esto es en la cultura y en la conciencia individual, que se torna poco a poco en colectiva, en una fuerza ciudadana lo suficientemente informada como para formar una masa crítica que pueda ser más influyente que los pequeños grupos de poder económico, banqueros y grandes corporaciones que utilizan a la capa política como viles títeres de sus intereses.

 

El primer gran movimiento de este tipo en México ya se dio, son los 132 y vinieron a lograr todo un escándalo. Como buen agente de búsqueda de cambio del paradigma, han encontrado desde fieles seguidores hasta increíbles y apasionados detractores que dedican buena parte de su tiempo, letras y saliva a devaluar lo que se puede traducir como una amenaza a su comodidad y dependencia del sistema actual. Lo que buscan los 132 tampoco cabe en las urnas y el estar en contra de un aspirante que representa una impresionante regresión, es sólo uno, de muchos símbolos que surgen al estar en contra, y consciente, de algo más grande, el complejo movimiento del poder y el dinero, su influencia en los medios y en la cultura, en el imaginario colectivo.

 

Hola, vecinos.

 

El primero de julio, gane quien gane estas elecciones, las cosas en este sentido poco van a cambiar, el poder aplastante de corporaciones y banqueros es mucho mayor al de cualquier presidente y su gabinete, estén estos funcionando para ellos o estén en contra y propongan cambios como los que ha habido en Brasil o Argentina, grandes y valientes movimientos, aún así, limitados, aún así, miles mueren de hambre y frío. Muchos se preguntan ¿por qué? ¿cómo es que con estos cambios estructurales tan fuertes las cosas siguen prácticamente igual? y para muchos, la respuesta es muy simple: sea de izquierda o de derecha, sea el gobierno del tipo que sea, la influencia de las élites con poder económico es mucho más fuerte que los poderes locales de cualquier nación. Esto no es nuevo y se ha estudiado desde principios del siglo pasado, con nombres que han llegado al “mainstream” cultural, como el de Chomsky y otros. Pero, desgraciadamente, pasa demasiado tiempo para que las mentes renuentes o cómodas decidan voltean a ver estas realidades dolorosas y existe toda una cultura meticulosamente autodiseñada para premiar al que decide (por que de fondo, esto se trata de voluntad) insertarse en el gran juego de la aspiración, de la compra, de la telenovela, del famoseo y el consumo, esclavos de la obsolescencia programada y voluntariamente ciegos a la explotación de recursos, animales y personas para poder tener en nuestro hogar el último gadgetcito mamón que en 6 meses habrá “pasado de moda”.

La “democracia”, siempre en venta al mejor postor.

Y así vamos a las urnas, algunos muy emocionados, otros completamente desesperanzados, cumpliendo porque no nos queda de otra, pero hay muchos allá afuera, muchísimos, que deciden abstenerse. No es de mi interés aplaudir o “regañar” a quienes anulan o se abstienen, simplemente se trata de hacer la nota, de ver que detrás de este gran número hay algo significativo ¿la absoluta desesperanza? ¿El completo desinterés? tal vez ¿la noción de que nuestro voto no va a cambiar el gran esquema de las cosas? Antes de saltar tan rápido a regañar a la gente que anula o se abstiene, creo que uno debería de preguntarse si no hay una aplastante realidad que los ha convencido de no hacerlo, de no perder su tiempo y mejor preocuparse en conseguir comida y sobrevivir.

Entre la desesperanza y la ignorancia se nos suma un todo bastante gris. Algunos se enojan y piden a gritos “que la gente vote”, suponiendo que esos votos, mágicamente, irían para el candidato por el que ellos votarán y que así se vivirá algún tipo de “época de oro de prosperidad” que nada más existe en los cuentos. Más cosas curiosas de cómo funciona nuestra cabeza.

Creo que en lo que hay que pensar, o en lo que yo seguiré pensando, es que nos tocó vivir en un momento de la humanidad en el que esto es lo que tenemos, un sistema económico y político que cada vez está más cerca del caño, que ha desestabilizado en unas pocas décadas, incluso, a los grandes poderes del mundo y empieza a dar nuevas potencias, con variaciones que parecieran muy grandes para algunos y que en el gran esquema de las cosas, son pequeñas: todos se siguen manejando a través de la moneda, el crédito, la virtual esclavización de sus ciudadanos y la dependencia externa e interna de los grandes bancos y las grandes compañías, a las que poco les interesa si eres comunista, capitalista o terrorista, si tienes billete eres bienvenido, “formaremos nuevos empleos arrasando tus tierras y recursos para seguir inflando al monstruo-élite que no ves, tú calladito, ganando una miseria” ¡yay!

 

 

A muchos les podrá parecer blasfemia mi posición, pero mis ojos no están en este primero de julio, no están en las urnas, están en un proceso largo y que considero mucho más interesante y clave para el futuro, el de una sociedad global digitalizada que intenta integrar a todos, que busca cómo llevar esa información a los que están más lejos y más excluidos, que ya no ve izquierdas ni ve derechas, ve la ambición desmedida de los de arriba, robando más y más a los de abajo, usándolos como virtuales esclavos, para darles a cambio de una sumisa y silenciosa servidumbre un par de aspiraciones, un par de telenovelas, un par de objetos brillantes y la promesa, que nunca se cumplirá, de que algún día, podrán ser tan ricos y poderosos como ellos.

No se necesitan fraudes, se necesita lo que tenemos: toneladas de ignorancia y comodidad ante la servidumbre, que estemos completamente convencidos de que no podemos sin un líder, un representante del poder y las decisiones, buenas y malas; que somos ovejas incapaces de la autoorganización. Que ser una manada activa, cada quién con su lugar y función en el grupo, es de lobos, y los lobos son “los malos”.

La tranza perfecta.

 

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