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El congal postapocalíptico
Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
Lleve sus credenciales, de colores, para el niño para la niña.
Por Jorge Hill
24 de febrero, 2012
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En mis andanzas por el mundo virtual y siempre en la búsqueda por temas incómodos para los cánones ilusorios y paradigmas obsoletos de la cultura, me he encontrado pocos conceptos que hagan más mella y al mismo tiempo causen tanta confusión como el de la farsa moderna del credencialismo, un tema que gracias a la tecnología y la interconexión que resulta de internet, toma cada día más relevancia.

¡Mira mis credenciales!

Ahí dice “león”… ¡”León” pendejo!

Otro asunto más en el que no nos gusta mirar hacia atrás, cuando el hombre no estaba especializado y a lo que se dedicaba uno tenía que ver con sus talentos, gustos, inquietudes y no con las necesidades de la industria. Pero en efecto “tiene uno que comer” y “no queda de otra” (no nos han dejado de otra, en apariencia). Viéndolo por arribita y de pasada pajaril, el tema podría parecer de nicho, clasemediero. Cuando vemos que a los campesinos y a la gente pobre tampoco les ha quedado de otra y que el hijo del rico hereda o es empujado en su búsqueda personal con los millones e influencias familiares a su vez heredados, se empieza a ver el engranaje y la interconexión sistémica. Aún así, nos encanta pensar que el pobre es pobre porque quiere, porque no tuvo la voluntad, porque es un “perdedor”. Mirar hacia los abismos de las verdaderas causas es complicado y doloroso, hemos aprendido que es mejor hacerse el que la virgen le habla y creer que lo que uno tiene y ha logrado es únicamente por voluntad propia, esfuerzo y dedicación, que no hay engranaje detrás de nuestra “suerte”, que no hay determinismo como consecuencia del funcionamiento de algo mayor que termina modelando lo demás gracias a sus necesidades de producción y consumo.

¿Pero cómo? ¡Si el talento, la dedicación

el esfuerzo, el éxito y la riqueza son cosas que van

 de la mano en nuestra cultura!

(Y el que diga lo contrario es un ardido resentido)

Como ejemplo claro a esto queda el boom del diseño gráfico. Hace unos 15 años todo lo que tuviera que ver con marketing, diseño y publicidad estaba en auge, la promesa de una vida bien pagada esperaba a los diseñadores; las escuelas se llenaron de personas, que tuvieran talento para el diseño o no, buscaban esa promesa. El resultado es que hoy hay más diseñadores gráficos que pasto, más agencias de publicidad que insectos en el amazonas y todos ellos pretenden ser Don Draper y pararse el trasero gracias a alguna extraña autodotación de glamour artístico y sofisticación mediática que no se ve a simple vista hasta que no te convencen de ello, así bien raro, tú. Nada personal, tengo muchos y muy queridos,  algunos muy talentosos, amigos diseñadores (¿Quién no? lol).

Sí, lobuki, es el brief para Ogilvy.

Mi mezcalito, plis.

El meollo es que esto no es cacería de diseñadores, es poner en claro que eso mismo nos pasa a todos, con toda profesión y toda dedicación: A todos nos gusta pararnos el culo por lo que sabemos, hacemos y somos, o por lo menos, intentamos que parar el culo sea algo medianamente digno, pavorrealesco y que genere las menores burlas posibles.

El terror viene con sólo imaginar, con únicamente abrir una pequeña puerta a la posibilidad de que pudiera no ser tan importante o exclusivo lo que uno hace y piensa, lo que estudió y que defiende con uñas y dientes, que costó miles y miles de pesos o millones de desvelos y esfuerzos, la inversión de tantos años, almas partidas, llantos y uno que otro “acercamiento académico” con el “cuerpo” docente.

Lo confieso, he sido un mal alumno… 

¿Me ayuda a estudiar practicando para “el extraordinario”?

 

Poner el ejemplo de “lo que era antes” siempre nos hace pensar en la supuesta evolución actual, la ilusión de que lo anterior tendría que ser necesariamente menos evolucionado e “incorrecto”, primitivo, sin distinción de temas o argumentos, simplemente así nos gusta pensar, en automático (no pensar). El hombre del renacentismo, que se dedicaba a muchas cosas sin ser “especialista” y todo aquello lo hacía mediana o magistralmente bien, es hoy algo olvidado gracias a un sistema educativo, que respondiendo a las necesidades del mercado, empezó a buscar la división del conocimiento para después llevarlo a un grado mayor de especialización: maestrías, doctorados, PHDs, súper ultra mega cum laude something something a la gogol plex.

Yo con un doctorado en corte y lance de piña

y me ponen a adobar el trompo, pffft.

Antes de seguir, y para evitar el cansino cliché de confusión generada por la malinterpretación “¿A poco dejarías que te operara alguien que no es doctor?”, vamos aclarando que las ciencias quedan excluidas de este tema. ¿Por qué? es conocimiento puro y duro, no se andan con cositas, no se andan con interpretaciones: el que busca, encuentra lo mismo que el otro; el que sabe, sabe lo mismo que el otro. La especialización en estos únicos casos termina siendo benéfica y útil para toda la humanidad.

Para que no se confunda el tono que lleva este texto, voy con la experiencia propia. Psicólogo clínico, desde los 15 años quería ser psicoanalista, a los 17 ya me había zampado por gusto una buena parte de lo “básico” de Freüd (lo cual es mucho) y la carrera, especializada hacia el psicoanálisis, me quiso enseñar que la filosofía es complicadísima, que los franceses postestructuralistas son semidioses de la intelectualidad y que teorías como la Lacaniana rebasan los límites de la abstracción de las mentes más superiores. Que mis compañeros y yo estábamos siendo bendecidos con conocimientos exclusivos que pocas mentes lograban conceptualizar e hilar.

La realidad: esto es exactamente lo que todos creen de su carrera, de su trabajo, de su pensamiento.

De la escuela al rincón del burro de la vida.

Años de ser autodidacta y curioso para temas y prácticas muy diversas me llevaron después a ver que la oscuridad lingüística en la que están enmascarados tantos textos no es otra cosa que eso, una máscara; que las imposturas intelectuales están a la orden del día y que no, que Derridá, Lacan, Deleuze y todos esos nombresotes con los que tanta gente hace citas de autoridad no tienen gran complicación si se conoce la línea de donde vienen. Sí, es mucha información, un chinguero; pero esa es la entrada, para cualquiera, a cualquier conocimiento; lo que pasa es que mientras trabajemos y “produzcamos algo útil para la sociedad” somos unos huevones intelectuales socialmente glorificados que nos hemos convencido de que el conocimiento está en la escuela, que “está en el otro” y que se transmite como por osmósis. Resulta que el psicoanálisis y sus derivados, así como gran parte de otras teorías y conocimientos de todo tipo y género, se van por el caño cuando la ciencia entra al baño. Pero esto es un tema intocable, inadmisible, en algunos grupos, incluso tabú.

El economista defiende a capa y espada sus teorías y después se hace bolas para teorizar por qué no se cumplieron sus predicciones, gran parte de los politólogos nos intentan convencer de que nuestras ideas políticas están mal porque “no sabes de política”, el escritor con ventas y presentaciones nos quiere convencer de que nosotros no podemos ser escritores porque para hacerlo se necesita algún tipo de sello mediático de aprobación, el fotógrafo se sigue peleando (muy preocupado) con la realidad de que hoy cualquiera puede comprar una excelente cámara a precio accesible y que si tiene talento, pueda superarlo; y si dependiera del músico quedado en el paradigma que se va, todas las copias de Ableton Live, Pro Tools y Reason serían destruidas en aras de “la verdadera música”. Varias frases vienen a la mente, todos hemos escuchado o dicho “Tanto que yo me chingué para que llegue este pendejo y así como si nada…”, “Esa ni estudió”, “Yo que tanto me sacrifiqué”, “¿Entonces para qué pagué una carrera y maestría y doctorado?”.

Resumo, traduzco: Si a mí me costó tiempo, millones y/o mucho esfuerzo y sufrimiento obtener esa credencial, tú te tienes que chingar igual que yo y tener una credencial que lo pruebe, ser chingón está en la credencial y no en los hechos, conocimientos, talentos. Hagamos la diferencia, muy importante, del asunto que se da en este mundo del revés en el que la gente sin conocimientos, talentos o dedicaciones (tenga “credenciales” o no) puede llegar muy lejos gracias al amigo, al tío, al nombre de la familia y a un estratégico posicionamiento del escote y la nalga. Pero eso, es otro boleto completamente.

Hoy, antes de argumentar, se empieza con un “Tengo una maestría en tal”. Los argumentos y la lógica, que son lo único que puede mantener la coherencia en la vida y demostrar algo, lo que sea, ya no importan. Lo que importa es el papelito, y aparte, de dónde salió el papelito. A esto se le llama Credencialismo.

 

¡Bravo, Hill! ¡Llegaste al tema!

Pero ¿Cuáles son tus credenciales para hablar de credencialismo?

Hay gente que ni con vaselina…

Así es como preferimos no pensar, dejar que el otro, el supuesto recipiente del conocimiento, piense por nosotros y nos diga cómo pensar acerca de los temas de su especialización, ya que son lo suyo, ya que aquel sí tiene las credenciales. ¿Ser autodidacta? no, qué hueva. ¿Basarse en la lógica y entrar en el complicado terreno de la correcta argumentación? ¡n’mbre, eso es para filósofos, tú! La consecuencia: flotar en una nube de suposiciones, vivir en una vida en la que se da por hecho todo, incluso el conocimiento propio, ya que se aprendió en la escuela, por gente que a su vez, ya lo dio por hecho. Ahí tenemos la historia de México, sus niños héroes, sus pípilas, sus padrecitos revolucionarios; ahí tenemos los libros de física y química que siguen enseñado el átomo indivisible y como un sistema solar mientras en el CERN se busca el bosón de Higgs para terminar de demostrar el modelo cuántico que explica todo lo existente, ahí tenemos los libros de ética, lógica y filosofía que… ah, no, ya no, ya salieron de la educación básica gracias a que son conocimientos que no sirven para lo que importa en el sistema educativo: crear trabajadores especializados, que produzcan y que consuman.

A todos se nos hace horripilante pensar en esto, es inadmisible, se vuelve tan insoportable que es mejor defender hasta la muerte nuestro lugar como conocedor especializado con papelito, mantener la ilusión de lo “oficial”, de que hay cosas que “sí valen” y otras no gracias a un reconocimiento externo o institucional, pero es en las artes donde más se deja ver esto ¿Cuándo se vuelve uno “oficialmente” pintor, músico, ilustrador, escultor, escritor? No existe tal cosa, una ilusión más del credencialismo, insertándose en cada esquina de la vida, respondiendo a las necesidades del kraken económico global.

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La otra cara de la moneda es nuestra vida, lo que somos, lo que creemos que somos en función de algo más. La locura de la vida moderna, creer que uno es gracias a algo y no simplemente que es porque se es. Pero así es la realidad, basta con ver algo tan cotidiano y tan triste como estar en una reunión y ver cómo cada persona cree empezar a conocer al otro preguntando “¿Y tú a qué te dedicas?” y que la respuesta sea, una y otra vez, el trabajo de esa persona. En lo personal, no pregunto eso a menos de ser casi obligado a hacerlo (hay personas que se sienten hasta ignoradas si no entras al juego), no me interesa el medio en el que una persona intenta ganarse la vida porque no le ha quedado de otra (aunque diga que es muy feliz en su trabajo), me interesa quién es una persona, su persona, su mente, lo que es porque es. Es también horrible darse cuenta que son pocas personas las que se pueden salir de esa dinámica, nos hemos vuelto tan dependientes a la ilusión, que es preferible evitar todo contacto con algo que pueda romper la burbuja.

En el fondo, como casi siempre, lo que está sonando es algo en un cuarto oscuro, que se intenta olvidar día a día, bajo cientos de cerrojos y en el piso más alejado de nuestra consciencia: el tic-tac de la bomba existencialista, siempre activa, siempre frágil y peligrosamente inestable.

Tal vez sea esa bomba la que necesita explotar ¿A dónde llevará el hoyo que deja en las paredes?

Buen fin de semana, recomiendo el experimento social de preguntarle a alguien quién es y qué hace, cuando conteste en qué trabaja preguntarle otra vez “¿Quién eres y qué haces? no <<¿en qué trabajas y cuáles son tus credenciales?>>”.

Just for the lulz, como siempre.

 

*Recomendación documentalera relacionada “Status Anxiety“, sobre la patología de la búsqueda de estatus (credenciales incluidas).

 

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