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El congal postapocalíptico
Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
Los chavorrucos sabemos por qué
Mi generación está llena de chavorrucos, tal vez es la que visibilizó el fenómeno. Veamos qué tan inadaptado, quedado y anacrónico es un chavorruco.
Por Jorge Hill
24 de abril, 2015
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Hoy se casa mi primo Gilberto con su novia de años, Regina. En términos de familia tradicional “se tardó”.

La amistad que nos une va más allá de la familia, nos entendemos y en ciertas cosas nos vemos reflejados uno en el otro. Supongo que es común, con ciertas personas de tu familia encuentras identificaciones diferentes. Con su hermano Enrique encuentro otras identificaciones y un pasado con muchas botellas, noches de música retumbando en el pecho, escotes y panties.

Con Gil, entre muchas otras cosas, parece existir una identificación de los underdogs, los que “nos tardamos”, los que nos tomamos las cosas con una calma que irrita y frustra a los demás, los que no acabamos “encajando” del todo y que, para acabarla de chingar, no nos molesta mucho.

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Sea como sea, el primo Gil es más joven que yo, conmigo se sabe bien que ya no hay “remedio” -y no se quiere-. A mis 39, bien disfrazados por los genes come-años de mi padre, ya he dejado a dos generaciones de amigos y familiares en el altar, en salas de maternidad y a algunos, desgraciadamente, en el cementerio.

“Ya te llamará la naturaleza y querrás ser padre”, sigo escuchando desde la adolescencia, y se me hace tan ajeno, extraño e indeseable como en aquel entonces. Veo a algunos, que quisieron rápidamente encajar, siendo miserables en sus relaciones y trabajos de años, llevándola al día, sobreviviendo y no viviendo, encadenados a grilletes que ellos mismos escogieron. Veo a otros felices y arrejuntados o casados por auténtico gusto, convicción y amor, como estoy seguro que es el caso de Gil.

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No tengo idea si la vida del underdog sea más fácil o difícil que otras, todos creemos que la vida de otros es más fácil o más difícil, ¿fácil en qué? ¿Difícil en qué? Lo que sí sé es que hay cosas generalmente bien vistas y cosas generalmente mal vistas.

Ser un pinche chavorruco que a los 39 años “sigue sin” querer ser padre o casarse, con deseos de “querer hacer y ser cosas nuevas”, brincar de un lugar a otro, no tener idea qué contestar con la pregunta “¿cómo te ves en 5 años?” y renegar de las estructuras familiares y sociales tradicionales más básicas son algunas de esas cosas generalmente mal vistas.

“Sigue sin”, esa frase que te expresa el deseo y mundo mental del otro, que te dice que está convencido de que hay algo que se debería estar haciendo, que hay algo a futuro y que se espera de ti, que algo estaría postergado.

Será que en un universo que se distingue por el caos y el cambio, existe una sobrevaloración de la seguridad, certidumbre y la homeostásis. O de la fantasía de obtenerlas.

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Una los puntos y vea usted lo que quiera ver

Parece ser que mi generación es la que más chavorrucos ha visto, la que los ha hecho famosos, merecedores de un sobrenombre, un fenómeno observable. Muchos de mi generación y de las que vienen ya no tienen mid-life crisis, nunca dejamos de hacer lo que queríamos ¿por qué íbamos a enloquecernos de repente y ser lo que queríamos ser? A lo que se le ha llamado “crisis de la mediana edad” sólo es deseo contenido explotando, rasgadura de disfraz desde el interior, padrecito célibe que se arranca la sotana para violar adolescentes y después regresar a la iglesia para dar sermón.

Es curioso que nos burlemos de la edad de Madonna y que siga en sus desmadres, por ejemplo. Yo lo he hecho, pero sé que toda mujer y hombre, en el fondo, la envidiamos. Tener esa edad, ser millonaria y exitosa, aplaudida por millones y que sólo necesites apuntar un dedo para acostarte con alguien es uno de los deseos que le pedirías a la lámpara maravillosa; ella ya lo tiene.

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Ya muchos quisiéramos media caída de Madonna

También siempre me ha parecido curioso el fenómeno de que jóvenes y adultos se burlen de la chavorruquez, pero que la gran mayoría de la cultura que consumen y disfrutan sea creada por lo que ellos mismos llamarían “chavorrucos”, con desdén y ridiculización. La mayor parte de los artistas, creadores y figuras públicas han pasado por la coladera del tiempo para diferenciarse del montón y de las inmamables modas jóvenes generadas por millenials que duran menos de 6 meses, instalándose como algo que sí vale, vale la pena, el dinero, el tiempo y quedarse con ellos durante muchos años.

Más curioso aún el fenómeno que deviene de la familiaridad y proximidad: “ellos sí pueden, tú no”, cosa que todos ellos, nosotros y ustedes hemos escuchado en algún momento, dirigido hacia ustedes mismos o hacia alguien más. Parece que un placer perverso se obtiene al intentar convencer al otro de que no puede, no vaya a ser que nos rebase en algo. No vaya a ser que no tome una vida alineada a toda exigencia externa y se la pase un poco mejor que los que sí.

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Inaudito, parásitos, ninis, ridículos, inadaptados que al mismo tiempo hacen mi propia vida menos gris, sistemática y monótona, medianamente soportable.

Muchos chavorrucos sabemos bien que a algunas jóvenes les gustan “maduritos” y que las cougars son el deseo de mucho fresco mamadito de gimnasio. Sabemos que algunos pueden ser buenos maestros y maestras, en la cochinada y en casi todo lo demás. Sabemos que hay cosas que dices a tu grupo de amigos, escribes en Twitter y en Facebook, pero en persona haces y dices cosas muy diferentes. Sabes que con un chavorruco no necesitas quedar bien, sabes que nosotros sabemos que las apariencias -propias y ajenas- valen muchos kilos de madre y que cuando unos llevan la leche, algunos chavorrucos ya van de regreso con el queso.

Los chavorrucos somos los hijos bastardos de la cultura pop cogiendo con culturas más arriesgadas, de nichos y cultos. Unos huerfanillos mugrosos y chamagosos a los que se ve con cierta condescendencia en persona, mientras se alaban o discuten sus manifestaciones lejanas gracias a la desconexión de los dos factores. Vagabundos que saben los riesgos de no estar en la cuadrícula y así los abrazan y aceptan, el valor obtenido es mucho mayor al costo.

El chavorruco no es una invención posmo mamerta como los “neosolteros” y no es una cursilería de que “la edad no importa”, tal vez más bien sea la manifestación que escupe a borbotones, de los anacronismos y limitaciones de nuestra cultura tradicionalista y costumbrista, añeja, prejuiciosa y con inocentes fantasías de adaptación.

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Sabemos que en el fondo también quieres esa moto pero te mueres de la pena, que matarías por ese vestido pero tu inseguridad te hizo salir de la tienda, que sigues jugando el jueguito de ver quién de tus amigos y conocidos gana más, cuando has demostrado una y otra vez que el dinero no ha hecho mejor, más feliz o “exitoso” a ninguno de ellos… ni a ti. Sabemos que miras con añoranza tus consolas y videojuegos juntando polvo porque no te atreviste a decir desde el principio de tu relación “esto soy, si te gusta”. Sabemos que a ti también te caga esa corbata y ese traje sastre con el que te tienes que disfrazar diario.

Somos unos pinches chavorrucos y nos gusta “tardarnos”, nos gusta tomar o no tomar nuestras decisiones cuando queremos y no cuando lo quieren los demás; sabemos que eso te caga, sabemos que encontrarás “explicaciones” en el statu quo -ese que genera fantasías de razón, al ser mayoría- con supuestas condiciones de vida, supuestas facilidades, supuestos abusos, supuestas comodidades, supuestas personalidades, supuestas huevas, supuestas inseguridades ante “el compromiso” y “la madurez”, supuestos, supuestos… y sabemos por qué.

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@JorgeHill

 

 

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