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El congal postapocalíptico
Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
Los encantos del soju
Impresiones de la bebida nacional coreana que acompaña los rituales de una sociedad a la que le encanta emborracharse.
Por Jorge Hill
12 de junio, 2015
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Cansado de buscar las distintivas botellitas verdes con caracteres en hangul de la bebida nacional coreana, le pregunté a la señorita de los chupes de Liverpool si tenía soju (alguien me había chismeado que ahí había). Hizo cara de “Voy a contestarle algo bien acá al pinche chavorruco”, entonces dijo, llena de seguridad: “Soju coreano, uhm, no, sólo tenemos este soju chino” mientras señalaba las botellas que estaban detrás de ella. Que eran de sake, japonés. Me alejé con algo entre pena ajena y risita infantil.

Entre las tantas cosas fascinantes de la sociedad coreana se encuentra su cultura de beber. “Qué mamada”, dirás, “todos en el mundo chupan” y bla bla bla. Sí, sí, pero beber, y emborracharse sin pudores, es una actividad social arraigada, importante, siempre presente y catártica para los coreanos. No está mal visto, no es algo que se esconda o algo de qué sentirse avergonzado. Se chupa y se emborracha con los amigos, con los compañeros de escuela y trabajo, con los jefes, con la familia, con los desconocidos, el día de la semana que sea, en casas, bares, restaurantes y en la calle. Sí, en Corea del sur no hay leyes en contra de chupar ni de estar borracho en la calle. Cuando tienes una sociedad funcional, en un país desarrollado, con un muy bajo índice de crimen y violencia ¿a quién le va a importar que estés hasta el dedo? Meh, mamadas victorianas que seguimos cargando en el culpógeno, moralmente obsesivo y esquizo occidente, sobre todo en los países “en vías de desarrollo”.

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Esto no quiere decir que todos los coreanos beban, que todos sean alcohólicos o que sea una sociedad sumergida en un ebrio y babeante estupor. No, esos son, una vez más, nuestros prejuicios occidentales proyectados. Esto sólo significa que beber es todo un ritual, con sus propias reglas, sus pasos, tiempos y juegos, que lejos de ser un vicio destructivo, puede funcionar como un maravilloso aceite para la máquina social… en la sociedad correcta. Si le mascas al inglés y te interesa o tienes planeado ir para allá, aquí dos escritos “Cómo beber en Corea” y “Por qué la bebida es importante en Corea del sur“.

Hace unas semanas, en nuestra ya instalada búsqueda por asimilar y conocer más sobre la cultura y comida coreana, pedimos unas botellas de soju mientras nos zampábamos una sopota de kimchi (kimchi jjigae) y tremendo bulgogi, picosito y ligeramente dulce, con calamares sobre una parrilla aún crepitante.

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Ya sabíamos qué hacer con el soju: lo que se te dé la gana. Puedes mezclarlo con refresco, en cocteles, tomarlo directo de la botellita verdosa o en shots, siendo esta última la manera más típica. Una etiqueta coreana (entre otras variedades y juegos de rol) dicta que el anfitrión, o el que se sirva primero, le sirve a todos los demás, todas y cada una de las veces que se sirva o haya un vaso vacío. Hay “rondas”, tienen nombre, todos coludos o todos rabones. Se pone la palma izquierda sobre el abdomen, con la mano derecha se sirve cada shot.

Pedí tres vasitos para shots, practiqué los pequeños manierismos, serví la primera ronda y ¡Gon bae! (o “¡kombe!”, “¡salud!”).

El soju es parecido a muchas cosas de la comida y cultura coreana, es inesperado, fuerte, causa un shock de primera impresión, probablemente un rechazo, pero unos minutos más adelante lo encuentras encantador, quieres más y más. Transparente y frío entra refrescando la boca con la sorpresa inicial de purísima agua de manantial, después el etanol causa una segunda sorpresa que impregna la parte trasera de la boca y nariz ¿por qué se vuelve tan adictiva esa mezcla de sabores entre agua natural híper purificada y acetona? No sabemos, pero sí sabemos que pedimos otra botella de esa bebida destilada de arroz con 40% de alcohol y que lejanamente se asemeja al vodka. Después pedimos otra, después otra y creo que después otra, no lo recuerdo bien. Lo que recuerdo es que al Poke, a Paula y a mí nos brillaban los ojitos y parecía flotar entre nosotros, el restaurante y la calle, una liviana y brillante neblina de eufórica felicidad mezclada con pulsos de nostalgia.

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Actual Footage

Es prácticamente seguro que en cualquier restaurante coreano tengan soju, recomiendo ampliamente probarlo, aunque cada botellita te la dejarán caer en 100 pesos o más, cuando cuestan un promedio de 2000 won (alrededor de 2 dólares, 32 pesos). Pero, dos buenas noticias: 1) La persona promedio tendrá suficiente con una botella o dos para acabar rebotando y 2) Afuera, en las calles de la Zona Rosa que hoy están plagadas de pequeñas tiendas y mini-súpers coreanos, las vas a encontrar más baratas. Póngase las pilas y no la cague, como yo, que por huevón y crédulo acabé en Liverpool, intransitable base de operaciones de la sociedad clasemediera aspiracional mexicana, buscando tesoros propios de barrio extranjero.

Llena tu casa de soju, el soju es amor.

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@JorgeHill

 

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