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El congal postapocalíptico
Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
Mejor usar la boca para morder el taco
Cuando los anzuelos mediáticos apelan a la horda y el enorme pez pica. De nacionalismos rancios, otras estructuras endebles y tacos argentinos de berenjena.
Por Jorge Hill
8 de noviembre, 2013
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La semana ha estado activa con deliciosas trivialidades, de esas que con un poco de creatividad, análisis, clavadez, visión y/o puro invento mamarracho, pueden servir como piedra filosofal de alquimista para ser transmutadas a tomos enteros de discursillos con medianita profundidad. Como los que suelen colmar este congal y de los que tanto goza, este, su autor.

Vamos directo, rápido y a la mollera con la más reciente muestra de “indignación” hacia nuestro nacionalismo tan orgullosamente arraigado, ese que al mismo tiempo y con delirante (¿esquizoide?) coherencia nos hace refractarios a la indignación ante monopolios, los abusos de poder diarios, las leyes que sirven únicamente a los de hasta arriba, el clasismo incorporado a la cultura como normalidad y otros desafortunados abismos de nuestra mejicaníssima cotidianeidad tan chic y tan despreocupada de lo que no es próximo y por lo tanto no debe ser tan importante; nuestro muy aspiracional primermundismo de hiperrealidad montada sobre el grotesco hijo privado de ácido fólico en la gestación malograda entre Papá Hollywood a la Rápido Y Furioso y Mamá Televisa a la Rosa De Guadalupe.

Maru Botana, cocinera argentina con programas en la televisión de ese país y al parecer bastante querida en el mismo, intenta hacer tortillas de una manera involuntariamente cómica para el ojo mexicano relajado y termina con unos tacos de berenjenas y vegetales que no se le acercan mucho a… pues, a nada:

 

¡Momento de la indignación! ¡Patria, sangre azteca, mi México -me dueles-, el rasgar de la vestidura tricolor teñida sobre nuestros campos de maíz gracias a las rugosas manos de nuestro pueblo trabajador y guapachoso! ¡El sonoro rugir del cañón apuntando hacia La Falsa Receta De Tacos!

Jesús del huerto, Santocristo redentor, por los clavos de Jesucristo, no hay respeto, no hay moral. No hay mañana.

Las redes sociales se vuelven locas, hasta los medios tradicionales corporativos le entran al juego de regodearse en unión como tribu neanderthal al encuentro con los vecinos de la montaña de al lado.

He leído, e intento ser fiel a las originales que se han enmarcado con carcajadas en mi mente, bellezas como estas:

– “Deberían correr a la seudococinera esa ¿cuáles son sus credenciales? leí que ni siquiera es chef.”

  También hay que correr de su casa a todas las abuelas y

bisabuelas mexicanas que cocinan delicioso,

con mejor sazón que chef famoso, o no famoso, con credenciales o sin ellas.

– “¡El daño que esta mujer le está haciendo a nuestra cocina! ¡Nuestra gastronomía es patrimonio de la humanidad desde 2010! ¡Qué inculta, qué ignorante!”.

Si encuentra usted una lógica (no falaz) entre las variables de la oración anterior,

le preparo personalmente y regalo, unos tacos de berenjena.

– “¿”Tacos” de berenjena? ni en drogas.”

La “no supe ni qué pedo, pero la cosa es hacer bola”.

– “Cocina en un wok, y el wok es oriental, ni al caso, we”

He hecho chow mein, alitas de pollo gringas, pastas italianas, chilaquiles

y sopas en mi wok.

Ohnoes! la fin du monde!

– Deberíamos organizar un sabotaje nacional a la comida argentina, aparte ni salen de sus churrascos y chimichurri.

La revolución… y la revelación.

¿Esto como consecuencia de qué? De que un par de medios tradicionales envuelvan cualquier tontería sobre  un anzuelo de indignación patriótica: sólo queda esperar a que muerda el pez.

Y el pez mordió. Y yo he mordido al pescado.

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Mientras tanto, en México, miles de tacos se hacen a diario con una tortilla, de maíz o de harina, de las más diversas y más polarizadas calidades, con:

– Cualquier verdura, sola o acompañada ¿Antojo de un taquito de aguacate? Ah, sí, que el aguacate es fruta, no verdura. ¡Madres! ¡Tacos de frutas! ¡ni pensarlo, la locura!

– Carne, pollo, pescado, chicharrón, huevo, machaca; horripilantes sustitutos de los anteriores hechos de soya o algún material veggie, supuestamente comestible y que no haga llorar al niñodios treehugger (Condesa, Roma y alrededores).

– Salsa sola, salsa acompañada, guacamole, chiles toreados.

– Nutella (Sí, lo he visto… “el primo de un amigo”).

– Sal.

– Aire.

 

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Un premio Nobel para el inventor de esto, por favor.

Y mientras tanto, en el resto del mundo, desde cocineros amateur hasta chefs profesionales  hacen lo mismo en Youtube o en programas de televisoras internacionales gigantes sin que nadie diga nada. Apelar al nacionalismo descerebrado suele ser infalible. Sobre todo en una sociedad que es muy patriótica cuando existe una ganancia secundaria para sentirse parte de algo y jugar el complejo juego psicológico de la identidad, pero absolutamente malinchista y devaluadora de lo próximo cuando de sentirse muy diferente se trata. Como los hipsters que se llenan todo el cuerpo de tatuajes para mostrarnos su diferencia e individualidad,  muy underground, pero entonces todos terminan viéndose iguales, muy a la moda.

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Somos, pues, “Ni de aquí ni de allá”, como la India María, a la que con todo gusto cito: “¡Esas son gringaderas!”

Así jugamos el juego del camaleón y de los cambios de máscara, de lo que es nuestro cuando se siente bien, pero es de los demás cuando no ayuda a la formación narcisista o “positiva” de nuestro Yo ideal. Así, también, jugamos a que los demás deberían ser tan de mundo como nosotros, que vamos por “comida tradicional japonesa” a un Sushi Itto y con todo el glamour de una introyectada María Felix o un Luis Miguel (Salve, oh, Rey de Mirreyes) rompemos los palillos de madera, los raspamos para “quitarles las astillas” en lo que sería un acto de pésima educación nipona y los tomamos de una manera tan equivocada y torpe que merecería, si no una decapitación con katana u honorable seppuku con wakizashi, por lo menos una muy discreta y apenada risa seguida de reverencia y los bien vistos sorbos sonoros sobre los tallarines de una sopa Udon o Ramen (No, no es la “de micro”). Esnobeando, pues, que es gerundio.

Igual nos hacemos o pedimos un chiníssimo Chop Suey, ese que fue inventado en Estados Unidos, sin que un habitante de Szechuan nos venga a aventar chile chino en los ojos en representación de su indigadísimo país, con una tradición culinaria tan compleja y diversa como la nuestra, y tanto, o más antigua.

Nos toca “juntarnos” ante la terrible amenaza externa que quiere destrozar nuestras raíces, pero ¿qué tal cuando la misma estructura mamarrachil se transporta a las vísceras de lo nacional? como esta ya fársica “discusión” entre los que no tienen capacidad para simbolizar “quesadilla” como el significante sobre diversos significados (como todo símbolo que se respete) y aquellos que simplemente se las comen y ya, porque existe un entendimiento entre el que quiere, lo que se pide y el que lo da. Si la involución del lenguaje y la capacidad de la mente para simbolizar siguen así, podemos esperar que en pocas generaciones haya personas que se sientan terriblemente indignadas porque no les trajeron un perrito en celo (o en llamas) cuando pidieron un “hot dog”, y aparte, mirar cómo se ríen de los muy imbéciles que piden uno y les traen “una como torta de salchicha”.

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Una ayuda visual para el curso propedéutico “El paso de lo literal a lo simbólico 101”

Asi el mame culinario (si leyó algo medio porno ahí, su capacidad de simbolización no está tan dada al catre), en el que tenemos varias esferas de lectura, una dentro de otra, que aquí terminan para mí: una irrelevante trivialidad de la cocina que puede estar encerrada dentro de una esfera de anzuelos mediáticos, dentro de una esfera de juegos patrióticos de identidad, dentro de una esfera que es este congal cruzado de espirales.

Pasajeros con destino al mame, todavía están a tiempo de regalar sus pases de abordar.

Sígueme en @JorgeHill. En este link puedes verme cocinando peor que la argentina MILF.

 

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