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El congal postapocalíptico
Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
Música de chavorrucos azotados
Cuando uno cuenta la historia de su banda favorita, tal vez está contando su propia historia. O tal vez sólo se es un chavorruco azotado.
Por Jorge Hill
6 de febrero, 2015
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música para chavorrucos azotados anathema

We are just a moment in time

A blink of an eye

A dream for the blind

Visions from a dying brain

I hope you don’t understand

“Shroud of False” – Anathema (1998)

No ha sido una buena semana, el fin y su puente resultaron peor. Es lunes y mejor no salir de la cama. El cuerpo tibio de mi novia se acerca y se aleja mientras me retuerzo para intentar dormir, por fin, durante la tarde.

El concierto es a las 8:30 y no tengo ganas de ir, o sí, no sé si tengo ganas de ir. Los boletos están pagados, los vi en el baño. Me resultan extrañamente agresivos y fuera de lugar, quisiera que no estuvieran ahí.

Pienso en la ironía y al mismo tiempo en la coherencia que hace -y muchas veces anteriores ha hecho- Shroud of false: “Somos únicamente un instante en el tiempo,  el parpadeo de un ojo, un sueño para el ciego, las visiones de un cerebro agonizante. Espero que nunca lo entiendas”.

Ha sido demasiado azote, ya basta. “Ya basta”, dice ella, muchas veces, de diferentes maneras. Tiene razón, ya fue suficiente un fin de semana y su puente, y si no queremos llamarle oficialmente “recaída” se debe hacer algo pronto. Es hora de levantarse e ir a ver a una banda que ha estado en mi “Top 5” desde la primera vez que los escuché, habrá sido 93-94 y yo andaba por las 18 vueltas al sol.

Ella se guarda los boletos que marcan su primera vez, la cuarta mía. Bonito momento para ir a escuchar en vivo a lo que podría ser la banda más significativa en mi vida y probablemente una de las más depresivas de la historia.

El viento fresco en el camino hacia la colonia Roma me despierta un poco, empiezo a sentirme emocionado, es una realidad. “¡Otra vez! ¡Fuck yea!”. Los recuerdos empiezan y sus afectos vuelven a ligarse: esas primeras épocas de explosiones fúricas con voz gutural y guitarras distorsionadas lentas, densas y pesadas recuerdan a un estado catatónico, y recuerdan también a la banda que surgió a la par de Anathema con un sonido parecido: Katatonia -otros de ese Top 5-. Las letras son sólo la parte del lamento que se puede expresar a través del lenguaje, los feedbacks de las guitarras se van encontrando para lograr armonías y se convierten en quejas, se alargan y se mantienen mucho tiempo después de haber terminado la canción, cuando todos los demás están en silencio. Un llanto agudo que podría parecer disonante, que tiene coherencia para el que sabe escuchar, para quien es lo suficientemente atento y paciente, quien se encuentra de repente solo con la música, en una balsa que no puede ir a ningún lado.

Anathema wallpaper 09

La delegación Benito Juárez está a un lado, al otro está el parque. Sus luces individuales, focos y farolas parecen puntos separados, lejanos, son pequeños pinchazos hechos en un papel diáfano que nubla lo demás. Un halo voluble y turbio rodea cada punto de luz. Los faros de un auto en sentido contrario cruzan rápidamente frente a mis ojos y directamente sobre ellos, siento una punzada molesta en la parte trasera de la cabeza, casi dolorosa. La sensación baja por el cuello y se asienta en los hombros convirtiéndose en un corto estremecimiento. Pienso en la segunda etapa: el vocalista Darren White deja la banda formada por los hermanos Vincent, Jamie y Danny Cavanagh. “Vinnie” toma el micrófono mientras sigue con la guitarra rítmica y sus primeros intentos desentonados y desgañitados resultan perfectos para un paso del doom/death a un doom más atmosférico y sensible, las influencias se vuelven obvias: Pink Floyd está en todos lados -otros del Top 5. Los humanos no somos tan complejos, pequeñas redes interconectadas por asociaciones concientes o inconcientes-. Recuerdo no haber podido contener las lágrimas frente a un amigo cuando escuchamos por primera vez “Sentient”, la introducción del disco “Eternity”, seguida de “Angelica”.

“And I wonder if you ever wonder the same
And I still wonder…”

Muchos autonombrados “true” se empiezan a decantar desde esa época, no pueden con esas joterías sentimentaloides sin cantos guturales. Como dirían los gringos “Good riddance”, algo así como “Qué bien, solitos le llegaron”.

División Del Norte está tranquila, sin tráfico, siento que el taxi va muy lento, con movimientos demasiado suaves, como rodando sobre nubes, al dar la vuelta se inclina como un barco hacia el lado que la inercia le dicta, regresa con calma a su estado balanceado. Ya tengo prisa, ya la siento. Un suspiro súbito acompaña un lapso de latidos acelerados mientras recuerdo estar viendo por primera vez a la banda en vivo, en Granada, durante un viaje a España. “Ahí viene otra vez eso, esote”, pienso, sonrío un poco.

“¿Y si no suenan bien? ¿Y si el lugar en el que van a tocar está terrible? ¿Y si no me acabo de alivianar y no me la paso bien y soy odioso y nos echo a perder el momento, la noche, todo? ¿Y si… y si..? ¡Cállate cabrón!”

te callas culera

La tercera etapa termina la decantación de los “rudos” e inicia, tal vez, con One Last Goodbye (Un último adiós) del disco Judgement (1999), canción que suele conmover a cualquiera que no esté jugando a ser el nene maloso de la cuadra, aún sin conocer su historia y sin reparar en la base rítmica irregular que está integrada de manera completamente orgánica y discreta con la canción. Después de recuperarse de una profunda depresión por la muerte súbita e inesperada de su madre, los tres hermanos interpretan en todos y cada uno de sus conciertos la canción que Danny compuso para despedirse de ella y poder elaborar un duelo. La ternura, la seriedad, solemnidad y potencia de ese momento es inigualable. Las lágrimas inevitables.

http://youtu.be/li_xjPIDBSo

A Fine Day To Exit (2001) deja ver movimientos inesperados dentro de la crisálida, pero A Natural Disaster (2003) logra crear grietas en ella. Las diferencias del Anathema 1992 con el de 2003 son inmensas, y al mismo tiempo se mantiene un núcleo que los hace inconfundibles, mismo que continúa hasta ahora. Del capullo salen voces procesadas con vocoder, secuencias programadas, coros femeninos dulces y constantes que se integran en diferentes rangos a la voz de Danny y Vincent para formar una pared vocal de armonías complejas acompañadas y enriquecidas por los demás instrumentos; las síncopas, obligados y tiempos irregulares se convierten en base orgánica e integrada para dejar de ser “en tu cara”. La exploración con efectos de sintetizadores, pedales y procesadores se convierte en algo cotidiano.

En esta época, los chicos malos que escuchaban pornogore metal o “doom del bueno, del pesado” en los audífonos mientras hacían cola para las tortillas que encargó mamá han desaparecido como antagonistas, afortunadamente están en otra órbita. Pero hay un nuevo mame en el horizonte (siempre lo hay): los rockeros y metaleros progres ponen el grito en el cielo y se desgarran las vestiduras cuando notan que, al no encontrar otro lugar dónde categorizar a Anathema, se le empieza a llamar “rock progresivo”, del cual siempre tuvieron y siguen teniendo influencias fuertes y claras, pero no se lo platiquen a alguien que piensa que el progresivo únicamente se trata de minutos enteros de solos guajoloteros, modos, escalas y progresiones barrocas, neoclásicas, medievales, folklóricas, regionales, minimalistas y experimentales aplicadas al rock/metal sobre cambios constantes de tiempos irregulares o de la muestra, a veces grotesca y fríamente mecánica, del virtuosismo en la composición y sobre todo en la ejecución del instrumento.

En fin, los “puristas” de todo y en todo, como siempre puliendo el honor a su adjetivo, haciéndole a la “pura mamada”.

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La SALA Roma nos recibe, aunque un poco tarde. Son 8:40 y afuera está un letrero luminoso muy a la gringa que dice “Anathema SOLD OUT”.

soldout

Escucho de lejos los últimos acordes de The Lost Song. Part I, la primera canción del Distant Satellites (2014) que marca la segunda colaboración de la banda con Steven Wilson como productor/mezcla. Esa ojiazulada mente brillante del progresivo contemporáneo que ve algo especial en Anathema, ese algo que curiosamente (?) escapa a muchos de sus tantos fans(boys?), quienes lo consideran un absoluto genio musical -sí, es un Don Chingonsote-.

PROG-HCE

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El lugar está abarrotado y para el inicio de la segunda canción ya estamos acomodados en un rincón no tan incómodo y no tan lejano. Eso es suficiente para mí, ser chavorruco tiene sus límites y el juego de “yo soy más fan que tú porque estoy más cerca y grito más” siempre me ha parecido no de fans, sino de fanboys… y pocas cosas encuentro tan detestables como los fanboys y las fangirls, de lo que sea.

Fue un concierto profundamente conmovedor que duró un poco más de dos horas en las que pasaron de uno de sus nueve discos de studio a otro, de una consentida a la otra y cerrando con Sleepless, un clásico de su primer LP Serenades (1992). En el escenario una energía que he visto cambiar -pero nunca menguar- durante dos décadas en las que yo he cambiado, extrañamente, de la mano de la banda. Evolucionando – espero- a la par y dejando atrás prejuicios, en mis ideologías y en mi propia música, empezando por la decisión de hacerla solo, un reto. Cada nuevo disco de Anathema parecía encajar de mágica manera en mi propia vivencia y daba cada vez más sentido y empuje a esa pregunta tan humana y tan común, tan tortuosa e incesante, ese “¿qué importa lo que opinen los demás, aunque a veces nos importe?”

Al contar la historia de su banda favorita de una manera reduccionista, resumida y llena de huecos, se da uno cuenta de que tal vez está contando su propia historia de la misma manera. Así, probablemente, también uno se permite por un momento romper algunos límites de lo que se creía no oportuno, incorrecto o irrelevante expresar sobre uno mismo:

El shot de neurotransmisores del concierto fue liberador y fue un despertar, un pequeño empujón que puede quitar el miedo a pasar una vez más por un cambio de medicamentos, de hábitos, de modalidades tóxicas de pensamiento. Ponderar un universo incomprensible, inaprensible, a veces violento, a veces frío, al cual no le importamos porque no tiene capacidad de afecto, ante el simple y a la vez complejo hecho inspirador de contemplarlo.

Que el universo se mire a sí mismo, parafraseando a Sagan, que se piense a sí mismo. Pensar que uno comete a veces el simple error de olvidar que todavía hay cosas hermosas por sentir y ver, allá afuera y aquí adentro, donde ese artificio al que hemos llamado “separación” se pierde.

—————

“Despair is for people who know, beyond any doubt, what the future is going to bring.
Nobody is in that position.
So despair is not only a kind of sin, theologically, but also a simple mistake, because nobody actually knows.
In that sense there always is hope”. 

Searched and found life inside
We’re not just a moment in time…

Traducción:

“La desesperanza es para gente que sabe, fuera de toda duda, lo que el futuro les traerá.

Nadie está en esa posición.

Por lo tanto la desesperanza no es únicamente un tipo de pecado, teológicamente hablando, es también un simple error: nadie sabe con certeza.

En ese sentido, siempre hay esperanza”.

Busqué y encontré vida adentro

No somos únicamente un instante en el tiempo…

A Simple Mistake (Un simple error) – Anathema (2012)

Hemos cambiado… sigamos.

@JorgeHill

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