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El congal postapocalíptico
Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
Nuestro hogar, la baticueva
Por Jorge Hill
20 de julio, 2012
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12 muertos y 38 lesionados, es la cifra que hasta ahora se da a conocer sobre el tiroteo que hizo un hombre a media premiere de la tercera y última película en la más reciente saga de Batman.

 

Los motivos de James Holmes, exestudiante de medicina, son aún desconocidos. Pero los motivos individuales, haciendo un zoom out a una cultura que se distingue por los tiroteos en escuelas, lugares públicos, asesinos seriales y por “liberar” países a base de guerras, para después “reconstruirlos” con sus empresas y bancos, poco importan, por lo menos hoy y para este, su congal.

 

De cuando una cultura te sigue convenciendo de la importancia de

“la individualidad” M.R., S.A. de C.V.

 

Películas, libros y documentales, nos repiten una y otra vez lo que ya sabemos, la realidad incómoda, la que se evita al momento de dar la noticia “objetivamente”. Se nos dan las cifras y los horarios, las entrevistas y el gran espectáculo que hace la cultura estadounidense, incluso de sus propias tragedias. El histrionismo de una nación que vive al borde de la esquizofrenia, como tantas hoy. Aún más importante, está el delicado problema de que México, el país vecino, esté enteramente permeado de esta cultura, al nivel en el que nuestros modelos de vida cotidiana, de televisión, de medios y producción, de aspiraciones diarias, son una imitación burda, a la Televisa y a la tercermundé, del sueño americano: Ser famoso, ser millonario, ser jefe, ser estúpidamente ignorante y banal, ser adorado y glorificado por hordas babeantes que buscan lo mismo. “La vida perfecta”.

 

Hasta se puede ser presidente en esta cultura, yay.

 

La realidad incómoda, es, pues, que no existe tal cosa como el sueño americano (mucho menos el mexicano) y que bombardear día tras día a una población con una gran mentira, presionarlos ante una incongruente, doblemoralista y francamente imbécil interpretación y lectura del “éxito” y “bienestar”, tiene sus consecuencias, graves. Y las consecuencias tienden a crecer cuando una infección no es tratada de manera urgente.

Documentales como el de Moore, “Bowling for Columbine” o ficciones como “Elephant” de Gus Van Sant, entre cientos de otras, ponen el ojo sobre la realidad incómoda, la incongruencia de una cultura que se distingue por ejercer el poder y el control sobre el cuerpo y la mente, los coadyuva -¿coacciona?- hacia ese “éxito” y “normalidad”, mientras que por otro lado, les permite e impulsa la compra de armas a 2×1 en un Walmart y los hace culpables aún antes de nacer, a través de un Dios que “bendice a América” o, más al sur, una virgencita morena que cuida y venera a su pueblo humilde y agachón. Una cultura en la que matar es bueno pero es malo, un presupuesto trillonario anual para una maquina de asesinato y virtual invasión disfrazada de complejo militar industrial para la defensa y primaria corporación americana, un orgullo que se revuelve entre la confusión de lo bueno, lo malo y lo supuestamente necesario.

 

 
Recuerdo estar viendo a Brozo, mientras las torres gemelas caían, diciendo uno de sus ya tan pocos comentarios atinados desde que el transformer Televisa tomó su personaje. Cauteloso, pero valiente, comentaba que esto era una enorme tragedia, pero tal vez lo que deberíamos de preguntarnos, todos, en especial los estadounidenses, era un “¿Por qué?”, un “¿Qué hemos hecho para merecer esto?” que pasa de lo mártir o de lo retórico para convertirse en una muy incómoda pregunta real, con  incómodas respuestas. Para el pusilánime, para el corazón-de-pollo o para el que gusta de identificarse melancólicamente con la víctima dejando el pensamiento crítico de lado, la pregunta es “blasfema”, se convierte en un “Te da gusto lo que les pasó”. La torcida interpretación de un fenómeno simple, pero muy poderoso: la historia, las tendencias políticas y culturales de un país, su gobierno y su población. Misma a la que, debe aceptársele, no siempre está de acuerdo con sus señores; bien sabemos, que la clase política de la mano de banqueros, élites y grandes empresarios, normalmente no tiene los mismos intereses e ideologías que la población a la que “gobierna” (somete). Un ligero viaje y comentario sobre esta oligarquía global a la que normalmente llamamos “democracia”.

 

Kraken, te digo.

 

Lo que podemos encontrar sin rascarle demasiado a todo esto es la incongruencia de la cultura actual, esa madre esquizofrenizante, sobre una población a la que no le queda otra (en apariencia) mas que ser una veleta que se mueve bajo los vientos caprichosos, bipolares y siempre cambiantes generados desde el hálito de tan singular progenitora, hembra alfa y matriarca. Estos vientos cambian dependiendo de los intereses en la producción y el consumo, reflejados en los contenidos de los medios; dependiendo de las necesidades y nichos vacíos que el kraken debe llenar impulsando a los “especialistas del mañana” bajo un convenientemente controlado sistema de estudios que van desde la primaria hasta lo profesional; dependiendo de quién sea el “enemigo” en ese momento, que habría sido amigo hace unos pocos días. Hoy vivimos en la gran Oceanía de 1984 de Orwell. La cultura entera puede ser movida rápidamente para ajustarse a las necesidades de aquellos que mueven las piezas en lo alto.

Aún así, mostrando un cretinismo (o un cinismo) crónico digno de sanatorio, algunos de nuestros gobernantes y “figuras” dicen que “La televisión no hace presidentes”. Claro que no, sería un camino tan escandaloso, como fácil. ¿Para qué usar un tentáculo cuando se tienen miles más que funcionan en perfecta armonía?”.

 

Ahora haga su cabecita para la derecha,

es propuesta, no manipulación ¡Usted es libre!

(¡Qué bueno que no se ha dado cuenta!)

Si esta “cultura”, a esto que llamamos “lo cotidiano”, no enloquece eventualmente a la gente al grado de llevarlos a disparar sobre una multitud, yo no sé qué otra cosa podría hacerlo.

Agradezcamos, o que agardezcan nuestros señores gobernantes, que en México no hay venta libre de armas y que no se nos ha inculcado, ambivalentemente como a los estadounidenses, que nuestros derechos son completamente nuestros y se pueden defender, incluso del gobierno mismo, con esas armas. Creo que ya sabemos lo que estaría pasando en este caso: Empieza con “R”.

Buen fin de semana, Batmans y Batichicas.

 

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