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El congal postapocalíptico
Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
Oh, el horror del horror
Por Jorge Hill
6 de octubre, 2012
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Todo empezó en la infancia. Desde niño fui un nerdo que prefería ver y leer una y otra vez “Mi pequeña enciclopedia” y toda la colección de los libros de LIFE sobre ecosistemas y tipos de animales en vez de andar por ahí pateando balones o haciendo alguna malandracada a los vecinos.

En mi casa habían libros de todo tipo y de todos temas. Si recuerdo bien la historia, un exroomie de las épocas de estudiante de mi padre los había dejado ahí y nunca regresó por ellos. Entre tanto librajo viejo y polvoroso habían varias buenas colecciones de historias de fantasmas, cuentos de horror y ciencia ficción. Ray Bradbury, Isaac Asimov, Edgar Allan Poe y mi muy querido H.P. Lovecraft, entre muchos otros, dejaron hondas huellas en mi personalidad y gustos desde entonces.

Hoy, la búsqueda continúa, es una sed que sólo puedo apaciguar muy de vez en cuándo, cada vez menos, y que siempre está ahí. Ver por lo menos una película nueva de horror, misterio o ciencia ficción a la semana es un ritual que me ha dado pocas satisfacciones, muchas quejas y algunas risas.

No creo en extraterrestres ociosos que cruzaron la galaxia para raptar gente y que son tan idiotas como para dejar chips insertados en sus conejillos de indias, o que su tecnología tan avanzada a la mera hora sea completamente inefectiva ante una heróica sesión de muy mundana -y charlatana- hipnósis regresiva. No creo que exista un ser maligno que lleva siglos ardido porque el Dios de los cristianos lo corrió del cielo y entonces le hace berrinches poseyendo a sus hijos, torciéndoles las cabezas y haciéndolos hablar con voces de borracho enojado, mientras los hace vomitar el Gerber de espinaca que nunca comieron; o que sea un ser tan poderoso como para poner en jaque a Dios mismo pero que un ruquito cura lo saque de un cuerpo humano repitiendo las mismas frases mamertas hasta el cansancio. No creo que exista ningún ser extraño que no esté acorde con las más básicas reglas de su ecosistema o de la evolución misma, ni en Loch Ness, ni en el lago Okanagan, ni en las tundras olvidadas de Siberia, en los Himalayas o en Alaska, pie grande mis pelotas. Suelto carcajadas cuando la gente dice que vio un fantasma o que “se le subió el muerto”, suelo hacer bromas al respecto del alma de la ropa, es muy curioso que los fantasmas nunca estén encuerados y es más, siempre andan de blanco; no entiendo por qué un animal no tendría alma y por lo tanto un fantasma, pero un pinche vestido blanco largo sí.

No creo en ninguna cosa paranormal, duendecillos que ocultan objetos o en gente que cree tener podercitos psíquicos pero que nunca se han ganado ni la rifa de la oficina gracias a ellos. Aún así, siento una fascinación por los conceptos, por cómo pasan las historias de boca en boca, cómo la gente se sugestiona, cómo tememos tantas cosas que son verdaderamente idiotas, como un fantasma ¿Qué te haría un fantasma? ¿Te podría ahorcar con el alma inmaterial de su vestidito blanco? Lo que tememos es a símbolos que representan a lo desconocido y a la muerte, una reacción que viene desde lo más hondo de nuestros genes y gracias a lo que hemos sobrevivido como especie. Pero asustarse, también, de extraña manera, es divertido, nos encanta. Ahí vamos al cine a ver churros hollywooderos en los que ya sabemos perfectamente qué va a pasar, escena tras escena, pero de todas maneras lo hacemos. Ahí vamos a juntarnos alrededor de las fogatas a contarnos historias que hacen que se nos ponga el pellejo de gallina y se active la paranoia, la angustia, la sugestión. Al final es un juego, y es un juego porque sabemos, en el fondo, que es seguro; que la neta es que desde la televisión no va a salir ninguna niñita maligna con poderes para implantar su ira en video.

Dentro de esta búsqueda por historias que ver e historias que contar, encuentro límites cada vez más claros, será por el amor a esos géneros o será simplemente por ser el neurótico intransigente que (dicen) soy. Creo que este tipo de cine y literatura está estancado desde los noventas, sobre todo en occidente, dando un par de sorpresas medio decentes al año… pero ya no busco con esperanza, es más bien un “bueno, vamos a ver esta mamada a ver qué tanto me rio o que tanto despotrico”. Me parece increíble que todavía se pague para ver la misma historia contada una y otra vez con actores diferentes y uno que otro efectito extra, las mismas torceduras de cabeza, la misma niñita con el pelo en la cara que se mueve raro, los mismos curitas gritoneándole al chamuco, las mismas hora y media de “no pasa nada” en la cámara fija con nightvision verdosa hasta que a alguien le jalan  las patas y luego todos mueren, el mismo fantasmita en el espejo con los ojos en blanco (acompañado de un buen madrazo con volúmen alto por si no brincaste ante tal baratija), los mismos rednecks mutantes matones torturadores que se encuentran cuando uno se pierde en el bosque o toma el camino equivocado, el mismo malo silencioso que agarra a machetazos a los primeros que cogieron en la película o al personaje que está escrito -con muchas ganas, intentándolo mucho- para que te caiga mal. En fin, la lista de las cosas con las que suelto carcajadas o unos muy expresivos “¡Pffffft!” es enorme.

Afortunadamente, dentro de tanta chingadera y dentro de una industria que ya no sabe cómo levantarse a sí misma, existen de vez en cuándo las excepciones, sobre todo cuando vienen de epistemes diferentes, de culturas que no están tan maleadas por el consumo por consumir o que ven al cine y la literatura como lienzos para la creatividad y no tanto como un “vamos a desconectar un rato la corteza frontal con este chicle pal cerebro”. El cine asiático, y algunas joyas europeas, han demostrado desde hace ya más de una década que su cine de horror, fantasmas, postapocalípsis, zombies y monstruos funciona, y funciona muy bien, haciendo todo aquello que el cine de Hollywood dice que no hagas: ser “lento”, reflexivo y a veces incluso contemplativo, confundir a la audiencia, dejar finales a la interpretación, pedirles que piensen un poco, tener personajes más humanos y menos “escritos”, utilizar temas no tan conocidos por las grandes masas, no reducir todo a una lucha del bien y el mal, no tener elementos “sexy” o “chistositos”, no hacer que el protagonista haga la bromita mamona después de una escena tensa. En pocas palabras, no tratar a tu posible audiencia como idiotas babeantes.

Finalmente, como le ha pasado a todas las artes/entretenimientos desde que las industrias y los monopolios corren libres por la vida, tenemos millones de productos de dónde escoger, desgraciadamente, casi todos ellos hechos para el consumo y para desecharlos en cuanto se aparece uno nuevo. Pocos son los artistas, bandas, cantantes y películas que recordaremos en un año, porque así es como funciona la cosa ya, la onda es sacarle lana mientras se pueda para crear un nuevo saca-lana.

Es así, que los dejo con un par de recomendaciones mientras sigo buscando alguna sorpresa para ver esta noche, con poca esperanza en un viernes aburridón sin fiesta y más sobriedad de la que debería estar permitida por una constitución que se diga seria:

 

Noroi (Japón, falso documental de fantasmas-demonios-dioses a la Shintoísta que ya es tan común en el horror japonés, pionera del género)

 

Lake Mungo (Australia. falso documental de fantasmas, con muy buenos twists)


Occult (Japón, del mismo creador de Noroi, fans de Lovecraft pueden recibir unas muy buenas sorpresas, bizarra y densa)

 

Deadgirl (Australia. Una mujer bizcocha que no puede morir, dos adolescentes calenturientos y manchados, gran mezcla )

 

The Divide (Alemania, EU, Canada. Congales Postapocalípticos para todos ¡Fuck Yea!)

Monsters (Reino Unido. Original, más drama que ciencia-ficción, sensible, muy bien filmada y bonita-bonita)

 

Búsquelas en sus internetz más cercanos y si no le gustan, pues ni modo, sin llorar.

Sin Yolanda.

 

 

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