Para el politipapaloy de hoy (¿ayer?) - Animal Político
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
El congal postapocalíptico
Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
Para el politipapaloy de hoy (¿ayer?)
Por Jorge Hill
9 de marzo, 2012
Comparte

¡En cada palma me cabe un mirreyito mini-toy!

Otro incidente más, de los que ya son costumbre, aumentó la llama en la antorcha siempre encendida de la guerra de clases, géneros, orientaciones sexuales e ideologías que este heterogéneo país contiene.

Juan Pablo Castro, integrante de las juventudes fascistas, perdón “panistas”, tuvo la cotorrísima puntada de hablar en la asamblea legislativa del D.F. para expresar de manera muy clara sus ideologías:

 

 

Como también es costumbre en este congal, intento destripar de “política” o “partidismo” cualquier asunto relacionado, pero es justamente la política uno de los lugares en donde la gente se destapa, se contradice, saca la garra, usa el traje nuevo del emperador y nos deja ver a todos los demás el medianamente astuto juego de estar callando las ideologías no convenientes hasta el momento en el que hay el suficiente poder como para instaurarlas  y ejercerlas sobre los demás. Cosa normal del poder.

 

La propensión genética del político promedio es brutal.

🙁

Es la parte social y cultural la más interesante por acá. El Mirreynato del copetudo se acerca cada vez más y parece que todos los papaloys, mirreyes y lobukis de este país empiezan a sentirse no sólo identificados, de manera más importante, “legitimados” y “apoyados” por una imágen, que es a lo que están acostumbrados tanto para mostrar como para “descifrar” el todo. Sueltos, libres, sin miedo a sacar el megáfono para decir eso que tan guardado se tiene ya que los naquirris han tomado mucho poder y “no vaya a ser la de malas”.

We, osá we, papirri, estoy en la polaca

¿Cómo voy a ser clasista, racista, prejuicioso o intolerante?

Pero entiéndeme, we ¡hasta la basura se separa!

Como bien marqué la irrelevancia de la política en este escrito, marco de manera más puntual la absoluta intrascendencia del partido: El mirrey está metido hasta en la broma que México llama “su izquierda”. Podría parecer esto una crítica desde la derecha, pero si la primera es una broma, la segunda me parece un chiste grotesco y mal contado.

El caso es que los papaloys están boga y no hay plataforma más adecuada para ellos, fuera de que se obliguen a dolorosas actuaciones en el canal de las estrellas o programas mañaneros, que la política. El poders, papáwh, la lanirri, llenarse de gatos al servicio y de escoltas que te dejan como coladera si algún muertodehambre se te pone loco.

¿Algo más, señor mío?

¿Qué representan estas camadas de políticos jóvenes, de cabello engomado, trajes impecables y zapatos brillantes, tonos y ademanes que parecen remanentes casi olvidados del fresa ochentero? calcas anacrónicas de aquellos yuppies a los que ahora les gusta vociferar en lo alto, en lo público y lo privado su asco ante la homosexualidad, su gusto por las diferencias de clases y apuntar el dedo flamígero hacia lo que ellos consideran “mediocre” a través de ese absurdo credencialismo del que aún son zombies.

Parece que en un mundo que se despierta al pensamiento global y a la función de la humanidad como un sólo organismo, los politipapaloys representan los últimos -y por lo tanto más desesperados- escandalosos intentos para seguir funcionando como glóbulos blancos, como un sistema de ataque a lo que se percibe ajeno y amenazador al todo, sin darse cuenta que tal vez sean ellos los parásitos, que el cuerpo ya se está tomando purgantes y es hora de la grotesca expulsión de lombrices.

Si encuentras rápido al fetito-papaloy-parásito

te invito un París de noche, lobuki.

El Mirrey en la política, lo cultural y lo social de este país va quedando como una rebaba en el objeto resultante de cada nuevo molde que se aplica en los de por sí pequeños y espaciados cambios estructurales. El problema -que los veamos hasta en la sopa- es que esa rebaba está legitimada por generaciones y generaciones de poder político y económico de élite que los ha puesto bajo los reflectores, ese lugar al que aún al gran porcentaje de este país le gusta voltear a ver para encontrar a sus modelos, ídolos, figuras y símbolos representantes de “éxito” y legitimidad, de “mérito” y credencial.

Tal vez lo más triste de la situación no es que exista gente con estos prejuicios e ideologías trasnochadas, lo grave es que estén en los lugares en los que están, en la punta de la pirámide. Más triste aún es que si se instaura el Mirreynato copetudo y a través de sus políticas permeadas en la cultura, estas personas reciben más influencia y poder, no hay más culpa que la de nuestro sistema político de a varo (o ¿de demasiados varos?), la completa ineptitud de dos sexenios del “cambio” que nunca cambió o esa izquierda de chocolate o de radicalismos de antaño a la que gradualmente le hemos perdido todo respeto y a muchos nos ha dejado hundidos en la desesperanza… en nosotros como ciudadanos por estar tragando camote mientras vemos el fuchito y la novela.

Ez k ceguro tu t krez much0 pq cegun tu

no vez la tele.

El regreso a la instauración del Papaloy como figura de “éxito” y de “gente bien” viene a dar al traste a muchos años de muy lento avance en la cultura mexicana, siempre atrasada y autosegregada de la cultura global, en ese constante picar piedra con “la chacha”, ya no para que la familia la acepte en la mesa a comer, para que ella lo haga sabiendo que es una igual y exija sus demás derechos laborales completos; para que en el antro se haga cola y no cadena, para que en la calle no golpeen a alguien porque está tomado de la mano con una persona de su mismo sexo, para no tener que sentir la pena ajena ante un “a mí tú me la pelas” de tipos como Sacal o un “Tú no sabes quién soy” del junior con charola.

 

 

 

Las primeras reacciones ante este tipo de críticas, por parte del lector, normalmente se dividen en tres:

1) El que se identifica con ellas sin chistar de manera emocional y las lleva al extremo.

2) El que que no lee los argumentos expuestos e imagina algún tipo de resentimiento detrás del crítico, que “explicaría todo”. Más leña para su fuego, psicología de libro de Sanborns y más falacias para la masturbación mental.

3)  El que simplemente lee lo que está expuesto sin estar poniéndole de su cosecha y ya. Desgraciadamente, ya muy pocos de estos quedan.

Así que saco la garra y le digo a ese espectro de gente que está entre Juan Pablo Castro y Enrique Peña Nieto, con mi apellido inglés “Hill” y mi segundo apellido compuesto español “Ruy Sánchez”, con mi piel tan blanca que es casi azul, con mi 1.85 de estatura, con mi clase media que todavía se puede dar algunos lujos, con mi familia “bien”, de mayoría católica y primas fresas bonitas; con mi heterosexualidad de novia “guapa y bien”, con mi educación privilegiada de universidad de paga y un “trabajo” en el que se me paga y gano por hacer lo que quiero y que me gusta:

Son una jodida desgracia y una pena ajena, no sólo para el país, para un mundo al que ya estorban y está dispuesto a dejarlos muy atrás, en el pasado mismo de donde han tomado sus ideologías.

 

A descansar, que el curul está súper incómodo.

 

¡Vámonooooos por las chelas! Buen fin de semana.

 

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.