Parásitos de artistas - Animal Político
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
El congal postapocalíptico
Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
Parásitos de artistas
Cómo las leyes que deberían proteger a los creadores realmente perpetúan el poder y las fortunas de monopólicos parásitos de artistas.
Por Jorge Hill
9 de octubre, 2015
Comparte

thumb_ancient-aliens-invisible-something-meme-generator-parasite-entertainment-111860

Me han preguntado últimamente por redes sociales qué opino sobre los derechos de autor en la música y por qué mis opiniones “liberales” sobre el tema parecen ser incoherentes con que tenga algunas canciones registradas y algunas “hasta cuestan”.

Vamos a un tema que a todos nos atañe, aunque a pocos interesa: los derechos y costos de la música que escuchas a diario y que supuestamente te conmueve el alma, la música que nos salvará, soy meló[email protected] y todo eso.

Me centro en la música porque en cada arte y tipo de entretenimiento las cosas cambian un poco y tienen sus propios rincones oscuros. La digitalización es navaja de doble filo aquí.

Los derechos de autor supuestamente protegen la obra de un creador o compositor para que no llegue tu primo el sociópata o tu cuate el DJ Mofles a decir que él hizo la canción bonita que le dedicó a su novia y empiece a ganar dinero con ella. Para lograr esto, el compositor debe registrar con algún servicio tipo CDBaby su canción. El registro queda a nombre real de alguien, no de la banda o seudónimo. Ellos se encargan de los procesos de hueva para que tu música aparezca en todos los catálogos digitales como Spotify, iTunes y muchos otros. También se encargan de “recolectar” los míseros centavos que eso genera al artista después de la mochada de todos y darte pa tu chesco y tu torta un par de veces al año, si no te va tan mal. Aquí el caso de Portishead cuando ganaron 2,500 dólares gracias a 34 millones de streams… sí, Portishead.

broken2

Estos servicios se apoyan en otras organizaciones para “salvaguardar” el patrimonio artístico que obvio te dejará millones de dólares en esta época en la que la gente está acostumbrada a no aventar ni una rebanada de jamón cuasitransparente a cambio de una canción, pero sí pagar millones de varos por un artístico tiburón en formol de Damian Hirst, cuz así de pendejos estamos ya.

damien-hurst-shark-tank-lego.w654

El grado al que se cuida esto es brutal, aunque aún así, sigue siendo incontrolable. Por ejemplo: hice una canción, me gustó, la quería usar para musicalizar videos en YouTube pero que de todas maneras fuera un “single” de uno de mis proyectos. Si no hubiera pedido a CDBaby que hiciera un “whitelist” de mi propio canal de Youtube, al momento de subir el video con la música de fondo, el algoritmo de la plataforma reconocería la canción registrada y me obligaría a varias opciones: quitar el video, quitarle el sonido o “aceptar” que los derechos completos del video no son míos, haciendo imposible la monetización del video y que las lanas que genere se vayan, en cierta parte, al creador de la canción o a quien tenga sus derechos.

“¿Pues cuál es el pedo? De todas maneras eres tú mismo”, dirás. Pero la cosa no es tan fácil. De hecho tiene cientos de complicaciones detrás y este escrito no pretende tocar más allá de la superficie, la punta de un iceberg con muchas y grandes implicaciones en nuestro consumo diario de cultura.

Entre los problemas que surgen: ¿Qué parte de una creación es tuya y cuál no? ¿Por qué si creas un video de 5 minutos con 5 segundos de una canción registrada perderías todo “derecho” sobre él, incluyendo la capacidad de monetizarlo o venderlo? ¿Cómo le damos su crédito y moche a cada quién en un mundo con millones de personas conectadas y procesos automatizados? ¿Por qué chingaos pareciera que todo mundo quiere quedarse con un cachito de lo que otra persona hace y sacarle provecho económico a la migaja que le tocó? ¿Qué pasa cuando desarrollas plataformas y leyes que te permiten juntar billones de migajas ajenas?

middleman

 

Las cosas se complican con la tendencia de las últimas décadas a samplear música ajena y modificarla, a veces haciéndola irreconocible, a veces sólo utilizando pedazos, otras utilizando una clara frase musical o tema con arreglos diferentes o haciendo mashups. Si bien hay de DJs a DJs, y hay unos señores y señoras con serios talentos por ahí, aceptémoslo con el dolor o ardor que le pueda causar a muchos: los que generan su propia música y los que no son unos huevonazos sin talento que dependen del talento ajeno, son una minoría y suelen ser “de la vieja escuela”. ¿No eres de esos? Entonces no te lo tomes personal, no te ardas y no estés jodiendo en los comentarios, toma unos gatitos y sigue siendo osom.

Steve-Aoki-Throwing-Cat

Entre muchos nodos problemáticos está uno grande, uno del que desgraciadamente depende gran parte de nuestra torcida economía: los terceros y las leyes viejas o manipuladas que los protegen. Esos enormes parásitos se configuran como empresas necesarias para el artista bajo el húmedo y oscuro cobijo de leyes que les permiten crecer como grandes monopolios. Están las grandes disqueras, las labels, estudios y productoras. Ellos tienen el dinero y los medios para darte promoción, imagen, presentaciones y que hasta no salgas todo churido en las fotos. Pero a cambio quieren parte de tus derechos, una gran parte, a veces todos.

¿Entonces por qué sí hay estrellas millonarias? Preguntarás. Son los muy pocos que sí la armaron, normalmente haciendo música formulosa y convirtiéndose ellos mismos, más tarde, en productores de lo propio y de lo ajeno. Te sorprenderías de cuántas “estrellas” en bancarrota hay y ha habido a través de la historia. El efímero “logro” y “éxito” de ser una estrellita durante y después de los 80s, época donde nació la millonaria fórmula “seamos parásito de artistas”.

Vanilla-Ice

Toma un contrato de 5 años, te haremos una estrella.

Sí, no dije que te daría de comer, te dije que te haría una estrella.

Los “derechos de autor”, si bien alguna vez tuvieron la intención de proteger al artista, hoy protegen únicamente a esos terceros, a la mancha voraz. El artista sólo se vuelve uno de miles de pequeños creadores que alimentan de recursos a un parásito. El hijoeputa body snatcher hará lo que sea por sobrevivir: tratar de mantener vivo a los cuerpos y mentes que le dan sustento, utilizar su inmenso poder, dinero e influencias para el cabildeo o lobbying en congresos y cámaras, llenar de favores y gustitos a quienes pueden ayudarlo, usar las leyes torcidas para extorsionar e intimidar.

Como escribí allá arriba, no toco ni la superficie de este problema, pero intento exponer un par de los puntos clave y que están más en contacto con el público, ese que a veces, desgraciadamente ni siquiera sabe cuándo está realmente apoyando o dañando a un artista del que se dice “fanses”, si es que llega a preguntárselo alguna vez.

Mi caso y acercamiento a este problema tampoco representa la urgencia y lo grave que es todo esto, no vivo de la música (ni lo intento, eso es para deportistas de alto riesgo, y aquí en México… LOL). Es por esto que muchos decidimos que nuestra música se pueda conseguir de manera gratuita para que la gente te escuche y te conozca, y también que se pueda pagar si quieres hacerlo (spoilers: casi no pasa).

¿Incoherente?

10000236-00-00-00-00_lg

Pero pensemos en todos aquellos que dedican su vida entera, años y años de estudios de teoría musical (que es bastante complicada) más la disciplina y entrenamiento diarios que requiere ser un buen músico. Todo para que tú aprietes el botón de play, bailes, cantes, te conmuevas hasta las lágrimas y unos minutos después, te valga un par de kilómetros de reata embutida. Ya no hablemos de los casos “Numa, si yo le puse un beat y unos soniditos espaciales de fondo, eso la cambió un chingo, es otra canción, es mía”… tengan tantita madre, hijos de su torcida y millenial posmodernidad.

Sí, el copyright es una ley pútrida que ya no tiene cabida en esta época, pero nosotros, nuestra conveniente comodidad que “olvida” los detalles y  nuestra jodida e históricamente reciente manera de entender el arte y la cultura como bienes desechables de consumo, somos el problema que la mantiene funcionando.

twinperfect-knows-how-to-be-cool-meme-generator-parasite-am-i-parasites-don-t-pimp-this-hard-7c70fb

@JorgeHill

Puedes escuchar mis esporádicos releases cuando llego a ganarle a la procrastinación con mis actuales proyectos Harlequin Island (synthrock/postrock) y Fumi Himu (synthwave/retrowave).

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.