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El congal postapocalíptico
Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
El problema con la apropiación cultural
La progresía nos dice que está mal jugar con elementos de otras culturas, pareciera que en el fondo no quieren que la cultura progrese.
Por Jorge Hill
25 de marzo, 2017
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Entro al típico bufet chino; después de servirme una bondadosa cantidad de diversos platillos recuerdo que nada de lo que estamos comiendo ahí es estrictamente chino. Todos los platillos son adaptaciones, conversiones, incluso el famoso chop suey fue inventado en Estados Unidos con ingredientes mayoritariamente occidentales. En la alta cocina se hace algo parecido, pero se le llama “fusión”. Ahí sí, nadie le hace el feo y todos se quedan con el ojo cuadrado.

Empiezo a preguntarme sobre la mentada “apropiación cultural” que tanto aparece en textos y videos de unos años para acá. Se define como el uso de factores de otras culturas, muchas veces sin tener conocimiento profundo de las mismas, supuestamente promoviendo un prejuicio sobre ellas o mostrando el poder mayor de una cultura dominante, casi siempre la cultura occidental blanca.

Entre más leo y veo videos al respecto menos me hace sentido todo este asunto de la apropiación cultural.

Cuando un extranjero está de vacaciones o se va a vivir a otro país, está prácticamente implícita una petición para que se empiece a comportar acorde a los cánones de esa cultura. “A donde fueres, haz lo que vieres”, dice la famosa frase. En estos casos parecería comprensible para los aficionados de la apropiación cultural, es una persona o un grupo inmerso en otra cultura. Aún así, imagino que tendrán sus problemas para aceptarlo. Donde parece que es imperdonable es cuando una cultura toma elementos de otra. Un ejemplo clásico que se viene a la mente serían las películas de Disney y otros estudios de animación, que ahora les da por hacer princesas o figuras heroicas nativas de otras culturas. Las películas son un éxito, pero siempre salen los mismos grupos a quejarse de apropiación cultural.

En los fandom del anime y el k-pop existe un fenómeno parecido, hay grupos de blancos occidentales que no soportan que otros blancos occidentales hagan cosplay, usen ciertas expresiones japonesas o coreanas y en general gusten de estas expresiones artísticas y culturales. Algunos negros no soportan que otros utilicen expresiones que se consideran “negras”, algunos gays no soportan que los heterosexuales usen ciertas expresiones o un tipo de humor “muy de los gays”.

Y yo me quiebro la cabeza, pensando en el pasado, en la historia, preguntándome qué sería de nuestra cultura ya tan globalizada si la apropiación cultural estuviera realmente prohibida o de verdad le importara a la mayoría. Me pregunto qué sería de las lenguas y de nuestras expresiones diarias, un bloque que no cambia nunca. Qué sería de la cocina, de la música y de las artes si todo estuviera catalogado en una vitrina, intocable para todos menos para cierto grupo. ¿Qué habría que hacer? ¿llevar un jodido papelillo que diga que perteneces a tal grupo para poder hacer tal tipo de arte, expresarte de cierta manera, vestirte de tal manera?

Me como mi chop suey, ese masacote chino-gringo sobrevalorado que tiene menos chiste cada vez que uno lo come, y me pregunto si la progresía extreme se dará cuenta que prohibir o quejarse de la supuesta apropiación cultural no es otra cosa que resistirse a uno de los más grandes catalizadores y generadores de cultura que tenemos, una inmensa herramienta de cambio, globalización y aceptación. ¿Qué no es lo que el buen progre querría? Pero qué ganas de morderse la propia cola y qué ganas de encontrarle problema a todo, con tal de salir al mundo a decirle que se está haciendo algún tipo de “justicia social” que al final es pura barrera para lo que se dice querer. Pareciera, más bien, que se proyecta en el otro el narcisismo, el ego, el “no me toquen lo que yo digo que es mío”, para después jugar al justiciero en pura triangulación.

La historia sigue y en ella nos remezclamos, afortunadamente, y no se puede jugar a ser “ciudadano del mundo” cuando se promueve su fractura. Ay, la progresía extreme y sus auto-zancadillas.

@JorgeHill

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