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El congal postapocalíptico
Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
Un público más o menos
Mi experiencia con Sigur Rós y un público más o menos.
Por Jorge Hill
22 de abril, 2017
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Hace muchos años decidí no ir a conciertos masivos. No quería ser parte de esas multitudes que se quejan amargamente de la organización mediocre de los masivos mexicanos para enloquecer el siguiente año buscando boletos, para caer en lo mismo una y otra vez. No quería ser parte de esperar 45 minutos por una cerveza caliente a medio servir y tampoco quería ser parte de pagar boletos para un festival completo si yo sólo estaba interesado en un trío de bandas, a lo mucho. Pero la razón más grande es el público, uno que todavía no se sabe comportar. Habrá quien auténticamente disfrute de estos eventos, pero la gente es capaz de todo con tal de salir en la foto, de tener una historia, de sacar unos videos pinchurrientos que sólo sirvieron para tapar a los de atrás y darse una palmadita en el narcisismo exacerbado por las redes sociales.

Mi esperanza de disfrutar a esas bandas que me dicen que “me pierdo”, siempre queda en un “Ya vendrán solos”. Normalmente sucede, la paciencia es don de sabios, dicen también.

Fuimos a ver a Sigur Rós al Auditorio Nacional y desde el principio se sentía una atmósfera diferente: la gente tranquila en las escaleras de entrada, algo silencioso en el ambiente para una multitud de esas magnitudes. La gente fue entrando poco a poco y al principio se sentía que no se iba a llenar, a pesar de tener todos los boletos vendidos. La realidad es que mucha gente llegó tarde y la banda empezó un poco tarde.

Me asomé a Twitter para ver quién estaría por ahí, tal vez unas chelas después del concierto, desgraciadamente era lunes. Poco sorprendido vi comentarios de gente que no estaba en el concierto, describiendo lo soporífero que sería. Otros que no pueden distinguir entre lo contemplativo y profundo, y lo aburrido y somnoliento.

Ya iba psicológicamente preparado para lo de siempre, gente con cámaras en lo alto, gritos y chiflidos en los momentos más silenciosos y clavados; mirreyes, lobukis y hipsters gritando en los momentos menos indicados porque YOLO.

Pero algo mágico sucedió en cuanto la banda empezó, prácticamente nadie sacó cámaras, nadie se paró, nadie hizo otra cosa que quedarse pegado a su asiento ante la intimidante máquina de arte que es Sigur Rós. Sólo tres personas en un escenario inmenso que empieza con pocas luces y detalles para convertirse poco a poco en un festín audiovisual.

Detrás de nosotros estaba una mujer que parecía confundida por momentos, creyendo estar en concierto de Luis Miguel, gimoteando unos “¡No, no!” al principio de una que otra canción.

Curiosamente vino un intermedio, cosa que no veía ni en los conciertos ni en el cine desde hace por lo menos 20 años. Pareciera que el intermedio le dio un tipo de empuje a la gente, tal vez las cervezas, tal vez la típica mexicanidad que no se puede estar en paz nunca, pero la segunda parte tuvo sus cánticos desafinados que nadie pide y nadie quiere en los momentos más silenciosos, sus gritos y chiflidos fuera de lugar. El mexicano en su eterno “Me vale madre, soy especial y se chingan”. Así como en la calle, así como en el diario andar de este país y esta ciudad.

A pesar de todo, seguí sorprendido, sólo fueron uno que otro perdido que no pudieron aguantar la pulsión de ser especiales, de chingarles las cosas a los demás porque se quiere y se puede, porque mexican. Aquellos que cayeron en la tentación fueron abucheados automáticamente mientras la banda continuaba tocando limpia, excepcional. Con todo, fue uno de los conciertos donde he visto a la gente portarse más a la altura. Y me sigo preguntando ¿qué se necesitará para que la gente se porte de manera respetuosa ante el artista y el mismo público? ¿Una banda con una presencia tan intimidante y densa como la de Sigur Rós? ¿La molestia expresa de los demás?

No lo sé, pero parece que hay esperanza. En una de esas hasta a un masivo valdría la pena ir en unos cuantos años más de reeducación… o no.

 

@JorgeHill

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