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El congal postapocalíptico
Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
Punto y coma; la trivialización religiosa de las enfermedades mentales
Una moda y una organización que en su búsqueda por ayudar, bien podrían estar trivializando un problema médico y social que ya es muy grave.
Por Jorge Hill
10 de julio, 2015
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En el transcurso de esta semana vi pasar por Facebook y Twitter imágenes de tatuajes con el símbolo “;“, acompañados de las típicas frases clickbait de sitios como Mashable, Buzzfeed y otros del tipo que medio aborrezco. “Una nueva tendencia que te va a conmover”, “¿Conoces la historia detrás de los tatuajes de punto y coma?”, “¡La última foto te conmoverá hasta las lágrimas!” y ese tipo de mamarrachadas.

Finalmente caí víctima de mi propio morbo y me asomé, “a ver qué mame fugaz de esos que inventan cada dos semanas traen los millenials ahora”. Me sorprendió encontrarme algo que tenía una cierta profundidad, algo con lo que podría identificarme, y al mismo tiempo algo para analizar, encontrar sus pros y contras: una organización llamada “Project Semicolon” impulsaba a tatuarse el punto y coma como representación de comunidad entre personas que luchan o han luchado contra la depresión, automutilación o intentos de suicidio, propios o de familiares y amigos. Detrás del tatuaje un símbolo poético y esperanzador: el punto y coma suele usarse cuando parece que se ha decidido que una frase va a terminar, que se va a dar una conclusión voluntaria pero se otorga una añadidura, algo que podría ser un nuevo inicio.

“A semicolon represents a sentence the author could have ended, but chose not to. 

The sentence is your life and the author is you.” – Project Semicolon

Las preguntas que se me aparecieron fueron muchas, contradictorias, probablemente banales, probablemente basadas en el prejuicio y la incomprensión inicial. ¿Realmente generaría un sentido de comunidad tatuarse lo mismo? ¿Quién entre los tatuados sólo estará tratando de llamar la atención y trivializando las auténticas depresiones clínicas? ¿Quiénes pueden separar la tristeza de un estado depresivo serio cuando en nuestra modernilla sociedad se le llama “depresión” a lo que se siente después de un día medio jodidillo o de que te rechace el humano-recipiente de tus pagafanteos?

Un reacomodo mental posterior me hizo intentar dejar el prejuicio inicial y pensar que no era mala idea, que saber que hay otras personas pasando lo mismo que tú es un gran respiro en crisis o estados depresivos. Saber que puedes ayudar a alguien y que alguien más te puede ayudar es parte de una comunidad, la empatía, compartir algo, saberse y mostrarse vulnerable frente a otros que hacen lo mismo en una sociedad absolutamente ignorante, excluyente y ojeta ante las enfermedades mentales, ante estados y temas que simplemente no entiende, ante personas que rápidamente desechan lo ajeno con bromas de “los loquitos”, con premiadas fantasías de certezas de “gente sin voluntad”, “gente que no le echa ganas”, “los que se hacen las víctimas”, “todos tenemos pedos” y un sinnúmero de ideas empaquetadas listas para usarse y seguir siendo parte de un grave problema que enfrentamos todos, en todo el mundo: la exclusión del “diferente”, las funciones que genera, el poder que ejerce, el cómo empeora todo.

(Sí, ahí va Hill a chingar con “su Fucó un vez más”, y todas las que se necesiten)

La tercera vuelta de tuerca viene al darme cuenta que “Project Semicolon“, aunque impulsa a la conciencia social y a la búsqueda por comunidad, es una organización cristiana y autocontenida, como lo explica abiertamente en esta parte de su página. Dicen no excluir a personas de otra fe, lo cual me parece bien, el problema es que fuera del teléfono para una línea de emergencia de suicidio y “la fe”, no encontramos nada más que pueda servir para ayudar a las personas que lo necesiten. Obviamente que no, ya que como buenos cristianos, creerán que todo se arregla con “fe en Cristo”.

No, y no. Y mil veces no.

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Al final ¿qué hace Project Semicolon por ti? Convertirte en cristiano o apelar a tu religiosidad, ofreciendo, como sus escrituras lo dicen, una esperanza al final del túnel sólo por creer en algo. Las enfermedades mentales no esperan, no tienen religión y aunque la esperanza religiosa pueda aliviarlas en algunos casos, reaparecen pronto, a veces con más intensidad.

Si eres cristiano o te quieres tatuar un “;“, está muy bien, cada quién sus decisiones personales, pero si tienes un problema de estas magnitudes, te recomiendo muchísimo buscar tratamiento profesional, ya sea con medicamento recetado y constantemente supervisado por un psiquiatra o con terapia psicológica, de preferencia las dos. Y me disculparán -o no- mis compañeros y lectores psicoanalistas, pero tampoco los recomendaría a ellos, otro tipo de secta que te tendrá durante años y años en el confesionario-consultorio y esperando la mágica bendición de Tata Freud. Tal vez lo que necesitas es ir directo al problema y empezar a actuar sobre él, recomiendo el instituto de terapia cognitivo conductual en este link. No, ni trabajo ahí, ni para ellos y yo no gano nada con eso, sólo mi muy personal sentimiento de comunidad anticipatorio al saber que tal vez pude ayudar a alguien.

Podrás pensar que estoy siendo muy duro con gente que sólo intenta ayudar, que sólo porque en mi bio de allá arriba dice que estudié psicología siento que me puedo aventar a escribir cosas como estas. Sé muy bien de los prejuicios sociales y de cómo te pueden aplastar más, sé bien sobre la diferencia entre una tristeza cotidiana y una depresión. No por los libros, ni la carrera, sino por más de una década de interrupción de mi vida gracias a una distimia orgánica (un tipo de depresión química y crónica que no tiene “cura”) con lapsos parecidos a la catatonia que básicamente hizo cachitos todo adentro y alrededor, y de la que sólo hasta ahora empiezo a hablar y escribir más abiertamente, después de otra caótica década de “recuperación”. Hoy sigo recuperándome y probablemente siga “recuperándome” todo lo que resta de mi vida, medio estabilizado gracias a medicamentos. Intentar rehacer tu vida a media vida no es una cosita “ahí, equis”. Intentar explicarlo menos, escribir sobre ello, aún menos. Eso sí, tengo material para todas las novelas que no he escrito y que no sé si algún día escriba, y eso a lo que algunos llaman “pesimismo” otros llamamos una muy racional y realista percepción agudizada a tantas cosas que parecen estar torcidas y podridas en nuestra cultura y sociedad. Si estás pensando que esto último que escribí “lo piensa porque está medio loquito, ya lo dijo” u “obvio, no puede pensar bien porque está malito”, ¡felicidades, eres uno más en la larga lista de los “no entiendo ni madres sobre enfermedades mentales y desvirtúo, devalúo y prejuicio a lo pendejo”.

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Creo que para ayudar a alguien más es importante salir del clóset, aunque te pueda traer peores consecuencias con tantos que ignoran y están llenos de prejuicios, personas tanto lejanas como cercanas que a veces querrán -sin la intención o con toda la saña y premeditación- hacerte sentir peor, menos, débil, diferente, excluido, que sólo te estás victimizando: exactamente todo lo que una depresión clínica ya hace solita hasta en sus manifestaciones más débiles. Después de tantos años uno aprende, entre otras miles de cosas, a reírse de algunas personas por sus teorías, habladurías, prejuicios e ignorancias ante tus hábitos o las circunstancias de tu vida (o lo que creen saber, interpretar o dilucidar sobre ella).

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Sí, sí se llega a eso y sí, la vida no se acaba hasta que se acaba, puede tener muchos nuevos “principios” y muchos nuevos caminos, sólo hay que buscarle. Y no, la religión no es la única respuesta y probablemente sea la más lejana a una ayuda auténtica, permanente, confiable. Si eres religioso seguirás buscando apoyo en tu fe a pesar de lo que diga este ateo recalcitrante (así son ustedes, pues), pero el consejo será entonces que, aparte de eso, no dejes de buscar tratamiento.

¡Netas, no la cagues! Ya es suficiente problema la ignorancia y prejuicios normalizados de esta sociedad como para todavía dejar que una nueva capa religiosa trivialice las enfermedades mentales, la tuya o la ajena. El camino es al frente y diversificado, no para atrás y único. Búsquele, sí se puede.

@JorgeHill, el “sin tatuajes”.

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