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El congal postapocalíptico
Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
Rancherías virtuales
Las redes sociales han demostrado ser herramientas virtuales para conocer gente, probables parejas, conseguir trabajo o exponer obra ¿por qué nos da pena?
Por Jorge Hill
10 de enero, 2014
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nervios

Me llamó la atención que hace un par de días vi un nodo de rancherías virtuales en mis redes sociales. Situaciones así aparecen una que otra vez, por aquí o por allá, con semanas o meses de separación, y cada vez menos. Pero esta vez, en un mismo día, vi alrededor de cuatro comentarios de personas distintas, que no se conocen entre sí, sobre el mismo tema, en diferentes redes sociales. El contenido giraba alrededor de la pena y dolor moral que causaba en estas sensibles almas el revelar que sus parejas, revolcones de una noche o hasta esposos o esposas, se les hubiera conocido gracias a una red social.

disclaimer megaman

 

A continuación un disclaimer, porque ya hasta tiene uno

que explicar chistes e ironías (oh, la decadencia total):

Antes de que la policía moral de internet, los lavaboquitas de las redes sociales o conapredenses escupe-pa-arriba con tendencias radicales sobre el uso del lenguaje se lancen a inyectar el corrosivo (y aburridote) veneno que supura la corrección política de la lengua, debo aclarar que el “ranchero” usado en  esta entrada emula la carga simbólica que le ponía mi abuela: alguien a quien le da pena algo nuevo o de apariencia sofisticada. Si de todas maneras encuentra usted una lectura postclasista, siguiendo los métodos deconstructivos de aquellas feministas que encuentran el “postmachismo” en todo aquel discurso que intente un diálogo más central y menos radical, lo invito a dejar su queja con los altos mandos. Por ahí deben estar los mails ¿o a poco quiere que hasta le ponga los links y lo lleve de la manita? eso ya es postabuso y esas son metachingaderas.

Volvamos:

En los últimos cuatro o cinco años he conocido muchas personas gracias a las redes sociales: followers o feisbuqueros que se convirtieron en conocidos, más tarde en amigos. Otros que no pasaron de conocidos. Otros que ojalá no hubiera conocido. Otros con los que me da pena que ahora algunas personas me asocien. Un par que se volvieron mi pareja (no al mismo tiempo, no somos tan “no rancheros”). Muchos amigos y conocidos que fueron o son pareja. Varios que se han casado, otros que se han arrejuntado, otros que se amaron y hoy se odian, casual. También he conseguido chambas y freelanceos, espacios para escribir, opinar, crear, exponer; oportunidades de chambas de oficina que no he tomado porque soy de los que pueden tener un brote psicótico encerrado en una. Este mismo papel virtual donde escribo ahora mismo fue resultado de las redes sociales, por ejemplo. De la misma manera he visto a muchos otros conseguir trabajo, subir de puesto o hacer crecer su changarro gracias a las redes sociales.

lamer internet

 

Supongo que queda claro que amo a internet y

si pudiera lamerla, lo haría

Si leemos el párrafo anterior y quitamos el concepto “redes sociales” como lo entendemos hoy, una tecnología que potencializa tus alcances para conocer gente, e insertamos en su lugar el concepto tradicional de “redes sociales” (las personas que hemos conocido sin una red social virtual de por medio) ¿qué no acaba siendo exactamente lo mismo, simplemente potencializado?

Me sorprende la cantidad de rancheros y rancheras que seguimos teniendo hoy, y no me refiero a principiantes en internet o las redes sociales, sino a personas que las utilizan diariamente y tienen un entendimiento lo suficientemente extenso de ellas como para convertirlas en algo de uso cotidiano.

Ya he escrito aquí sobre la fantástica división entre “vida real” y “vida virtual”, cosa que habrá sido -más o menos- una realidad en los principios de internet o Facebook, cuando el anonimato o la invención de una personalidad y vida falsas aún era algo deseable para algunos usuarios, o donde el juego de hacerle creer al otro una vida fantástica podía tener algo de atractivo para ciertas personas, por pura vanidad, por trolleo, por sociopatía o nomás… para pasar el rato porque estaba uno aburrido.

EN INTERNET GATO

¿O pensaban que el amor a los gatos en internet era casualidad?

Internet es algo muy diferente hoy y cada día es diferente al internet del día anterior; la manera voraz en la que se revoluciona es impresionante. Es extraño ver cómo aún queda gente ranchera a la que le da por cubrir que su trabajo, la exposición de su obra, algunos de sus logros personales y profesionales, así como su búsqueda de pareja o pareja actual, han tenido resultados “gracias a internet”. Como si internet o las redes sociales fueran algo ajeno a nuestras vidas, como si fuera un artificio donde lo que se ha conseguido ahí es tabú o que no vale lo suficiente, como si se hubiera uno ganado en rifa a la novia o novio, el trabajo fuera regalado o la obra perdiera valor si son tocados por un nuevo duende maligno de la devaluación cibernética que no había aparecido en los libros de mitos sino hasta estos días tan avanzados, donde ya sólo queda la idea de Dios, uno que otro fantasma trasnochado y algunas luces raras en un cielo lleno de satélites y fenómenos meteorológicos para que algunos se sigan agarrando de los últimos restos del pensamiento mágico.

¿Sí es tan difícil entender que nuestras redes sociales son una extensión de nosotros mismos, de la misma manera que lo son las redes sociales “tradicionales”?

La siguiente vez que usted vea a un ranchero o ranchera que se apene por algo que consiguió en las redes sociales o a un pinche menso retrógrada resentido no-entiendo-qué-pedo que se burle de usted por algo que consiguió gracias a las redes sociales, dele un zape virtual, esos no duelen -por lo menos físicamente- y muchas veces funcionan, sobre todo si van acompañados, después de una cariñosa aclaración y explicación, de un bonito “Please, bájate, pero ya de ya, de ese pinche tren bala del mame”.

Si estaban esperando una respuesta a “¿por qué nos sigue dando pena decir que conseguimos algo a través de las redes sociales?”  será “Pues por rancheros” o “Pues… supongo que por pendejos”, no sé, mejor superar las inseguridades a preguntarse obsesivamente por qué siguen existiendo.

Buen fin de semana, sin distinción entre real o virtual.

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