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El congal postapocalíptico
Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
Reforma Telecomunicaciones: Mira, mamá, pude con todos
El nivel de control que la ley de telecomunicaciones traería a internet se nos escapa de la imaginación y queda a criterio de nuestros filosos gobernantes.
Por Jorge Hill
4 de abril, 2014
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Tal vez algunos de ustedes lo recuerden, otros habrán estado muy pequeños, otros no habían nacido y otros tendrían algunos meses en los vientres de sus madres, siendo aún bolitas de células sin órganos o sistema nervioso. Esas masitas sin conciencia, sentidos o sentimientos que la iglesia sigue “protegiendo” hasta el día de hoy como si fueran no sólo seres vivientes, también personas, almas y no sé qué tanto argüende esquizoide dicen ¡Unete a la cigotomanía, amigo!

 

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El comercial de aquel entonces se trataba de una niña que intentaba ayudar a su mamá con los “quehaceres” del hogar y cargaba un pilar de platos frágiles que se veía más grande que ella. “Mira mamá ¡pude con todos!”, antes de que terminara la frase, las manecitas de la chiquilla se doblaban hacia abajo con una tierna mala actuación infantil y los platos caían al suelo, destrozándose con un escándalo como el que hacen diario los escuincles malcriados hijos de Satán que mis vecinos crían. La doña de la casa, que ya había aparecido anteriormente en el comercial con todo el humor de una malcogida crónica, se lanzaba contra la pequeñuela con una amenazante mano levantada… los actores quedaban ridículamente paralizados en vez de que se utilizara una pausa en postproducción (tal vez no se podía, no sé) y un narrador nos decía, con ominoso voice-over, el mensaje de la gran familia mexicana, Televisa, que siempre ve, como nuestros gobernantes, por nuestro bien. Bla, bla, bla, cuente hasta 10, respire hondo, no esté madreando a sus niños sólo porque es usted una malcogida o porque tiene una vida basura gracias a la ineptitud histórica de los gobernantes, estado e instituciones mexicanas de las que callamos lo conveniente para La Empresa en nuestros propios noticieros. Era más o menos el mensaje.

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“Bloquear, inhibir o anular de manera temporal las señales de telecomunicaciones en eventos y lugares críticos para la seguridad pública y nacional a solicitud de las autoridades competentes”

¿Eso qué? es parte del artículo 197 de la iniciativa para la ley secundaria en materia de telecomunicaciones que tu presidente Enrique Peña Nieto, junto a su equipo de copetudos wannabe y otros de sus fans, están impulsando. Sí, sí, qué bonito, se abre espacio para otras dos televisoras de las que no espero nada y dudo que me hagan usar mi pantalla para otra cosa que no sean videojuegos, películas, la PC e internet… pero uno nunca sabe (ja). Sí, sí, que payísimo, se habla de tecnología nueva y de fondo se habla de, oh, la modernización de nuestro gobierno, ocupándose de cosas de purísima tecnología de punta, casi de ese primer mundo en el que vive menos del 1% de la población mexicana y de pura actualidad. Qué bien, verdad de Dios.

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Aquí, nomás, moviendo a México hacia la teknolojisasionchur

Pero los ojos se detienen en ese parrafo, en esa frase que podría pasar desapercibida o malinterpretada, en esa pequeña construcción que encarna un poder tal, que hace que a algunos se nos hiele un poco la sangre, o un mucho.

“Seguridad pública”, “seguridad nacional”. Ah, nos deben estar cuidando. “A solicitud de las autoridades competentes”, bien, porque nuestras autoridades suelen ser competentes, serlo es tan cansado y estresante que es una gran idea, digna de los grandes señores, abrirse una cadena de prostitución interna para alivianarse con unos mameyes, de mínimo. Todo esto con el dinero que reformas, comerciales e interminables discursos nos han convencido que es bueno soltar como impuestos, que será destinado al desarrollo de tu país, tu vivienda, tus hijos y tu calidad de vida, misma que sólo baja y baja… y baja más, generación tras generación, en México y el mundo. “Pero sí hay primer mundo y México se ve cada vez más moderno, yo tengo una buena chamba, por ejemplo, no sé de qué se queja la gente”, felicidades, has tenido la suerte de mantenerte en esa punta porcentual que cada vez se hace más angosta. Ah, cuando el universo es sinónimo de “lo que se tiene frente a las narices”.

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¡Bienvenido! ¿Una chelita?

En este texto, Antonio Martínez nos escribe claramente acerca de los problemas y terrores de esta iniciativa, y en especial, de esa mentada fracción que parece salida de novela o película de ciencia-ficción distópica (no, The Hunger Games y Divergent no… que no). Nos escribe cómo, gracias a prácticamente la misma ley, se pudo lograr el silencio en Egipto hace unos pocos años. Ya sabemos cómo terminó eso ¿no?, o cómo “sigue terminando”.

“Pero no mames, ahí van con eso, típico… los problemas de Egipto, los países africanos y los países árabes no tienen nada que ver con los problemas de  México”, viene casi como necesario el ya tan escuchado y leído cliché, escrito hasta la erosión de teclas, ese escudo que tiene diversas funciones: una es intentar lapidar en el silencio al “chairo revoltoso”, la otra es quedarse con la calma de que se tiene razón y que las cosas ni están tan mal, tú, o sea… ubíquense, como yo. Si bien es cierto que los problemas de esos países y su contexto es completamente diferente, la estúpida ley es la misma, ni pedo, ni modo, a callar, calladores. En pocas palabras: Gracias al señor EPN y su equipo, pronto podríamos estar bajo un control de internet, probablemente el último baluarte de verdadera libertad de expresión en el mundo, digno de país árabe o africano. ¿Ya te cayó el veinte, señor las-cosas-no-están-tan-mal? Pero eso qué ¿no? mientras tenga uno conexión durante el Corona Hipsteral o el Muere Latino Bajo El Granizo, ¿pus qué?

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¡Ahora conocerás el swag de un esclavo feliz, beibe!

El nivel de control que esta ley traería a internet se nos escapa de la imaginación. El derecho a disentir, a manifestar y a expresar libremente quedaría al criterio de unos cuántos, y ya sabemos qué bien se llevan la palabra y concepto “criterio” con la mayoría de nuestros filosos gobernantes.

“Ash, pero igual y la ley ni pasa”, si no pasa es muy probable que sea por la presión lograda gracias a esos a los que nuestra población responsable, productiva y adaptada gusta de llamar y categorizar como revoltosos, casi siempre invitándolos a trabajar. Una chulada esta gran facción de nuestra población que vive cómodamente y disfruta de los derechos que han sido logrados, poco a poco, con sudor y a veces con la sangre de aquellos a quienes cree destruir con un par de frases cliché, escuchadas y repetidas, pilares base de todo un endeble pensamiento que en cualquier momento se nos cae… ya va siendo hora.

Así, con un discurso tras otro, con un dedazo de atole tras otro, con una reforma tras otra, Enrique Peña Nieto y su equipo se nos aparecen llenos de esa inocencia infantil que Maquiavelo enseña a todo gobernante en su tratado de teoría política llamado “El Príncipe”, cada uno con su pila enorme de platos. Nos miran con amor, quieren “Mover a México” y “Lo están haciendo”. Como la pequeña del comercial dependen de nosotros, pero también quieren protegernos, ayudarnos.

“Mira México, pude con todos“…

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