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El congal postapocalíptico
Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
Sacando el parche y liberando el colmillo
Por Jorge Hill
4 de mayo, 2012
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En esta semana, como en todas desde hace más o menos una década, la influencia que la cultura de internet  tiene en el poder ha tenido sus golpes y sus aciertos, altas y bajas, fails y lolz, veamos algunos.

En completa contraposición gracias a la incoherencia de las leyes y el lobbying corporativo, tenemos dos casos que se dan simultáneamente en dos de los grandes poderes del mundo.

Por un lado, en el Reino Unido, el gobierno accede, como ya es costumbre de los gobiernos del “primer mundo”, a las presiones corporativas de los no-tengo-llenadera del entretenimiento y los viejitos dinosaurios defensores de modelos que ya huelen a podrido como el del copyright. El país ha obligado a los proveedores de internet a que bloqueen acceso nacionalmente a “The Pirate Bay”, el inmenso sitio de descarga de torrents que cuenta incluso con partido político y más apoyo del que se cree, sobre todo en Suecia.

 

Muchos imaginan esto…

En realidad se ve así.

Y así.

 

Aunque usuarios avanzadillos de internet y más vivillos desde chiquitillos sabrán varias maneras de pasarse por el arco del triunfo las  limitaciones de los ISP ante The Pirate Bay, lo que se revela es muy importante:

1) Cada día se vuelve más claro el descarado poder corporativo que mueve a sus anchas a gobiernos y leyes. Incluso, en algunos casos, corporación y gobierno se funden en misteriosa mórula que presta funciones de un órgano a otro, haciéndolos un sólo ser simbiótico que da más pinche mello que un facehugger de “Alien”

¡Wal-Mart y el gobierno mexicano te dan la bienvenida!

2) Que el mundo está lleno tanto de ruqillos como de jóvenes que están en el poder y que no tienen la menor idea de cómo funciona internet. Al mismo tiempo, no debe uno ser tan inocentón, y saber, que también hay mucho ruqillo y joven en el poder que sabe perfectamente cómo funciona internet, que sabe el camino hacia el que está llevando a la cultura y que el lugar donde desemboca es terrible para ellos: un lugar de distribución libre, sin intermediarios y sin monopolios. ¡Ay, jesú! ¿Dónde quedaría tanto dinerito y podercito acumulable?

¿Y mis 50,000 copyrights exclusivos de artistas y

creadores a los que exploto, qué?

3) Que el poder global que tienen estos grupos es tan fuerte, que incluso ha permeado en la cultura para llamarle “criminal” a cosas que antes de la invención de la corporación y el copyright, eran lo más común y productivo del mundo: compartir la cultura misma. Así que señores, si alguna vez hicieron un maldito mix-tape o grabaron el top 10 ochentero de alguna estación de radio para poder escuharlo después y mostrárselo a sus amigos, que lo mostraban a sus amigos y entonces los artistas se hacían ricos y famosos, pues eres una maldita bestia criminal, le estás rompiendo el corazón al niño Jesús, a tus mismísimos ídolos y seguramente el cretino de Lars Ulrich de Metallica debe estar muy, muy enojado contigo, tanto así que hasta te metería a la cárcel. Eres un cerdo traidor, criminal e incluso terrorista.

 

 

 

En el caso que tenemos en la otra mano, el otro gran poder del entretenimiento, Estados Unidos, hace un fallo histórico por un juez de Nueva York, diciendo que una IP (el numerito que identifica a tu conexión de internet en el mundo) no puede equipararse con una “persona” y por lo tanto no se puede criminalizar a alguien por ese mugriento numerito. Esta cosa, al parecer una pequeñez, es enorme. Así de grande es: miles y miles de casos de trolleo e intimidación corporativa que consisten en “dame una lana o te llevo a juicio”, o juicios en toda la extensión de la palabra, llevados a cabo por corporaciones del entretenimiento en contra de individuos por “robar” “sus” contenidos, quedan en el estado que yo llamaría: se la acaban de pelar durísimo, maicols.

 

¡Una victoria más para las internetz!

 

Lo más importante, es que esto queda como un gran precedente para el avance en la nomenclatura naciente y creciente de las leyes que regulan internet y la protegen de la voracidad de los señorcitos del todo-es-mío-y-te-lo-cobro.

Significa un paso más hacia lo que muchos creemos que viene en el horizonte no tan lejano y que no se dentendrá ante el bullying corporativo o intereses de grupos monopólicos globales, un libre intercambio de cultura junto a la pesadilla de capitalistas de hueso colorado y los millonarios abusivos que ha creado: el comunalismo. Un sistema que sin dejar el libre consumo y producción, se deshace de todos los pendejos intermediarios abusivos que monopolizan los bienes y derechos de otros, haciéndolos mucho más caros para beneficio único de terceros, explotando de manera insostenible a gente, animales y recursos; causando escasez, clases, privilegios, pobreza y obsolesencia programada; creando tarjetitas de plástico para que puedas comprar con ellas todo eso que ellos hicieron inalcanzable y que en la televisión te dicen que hará de ti una persona más exitosa y valiosa; creando, también, un adecuado sistemita de mínimo 8 horas diarias, en el mejor de los casos, para que puedas intentar pagar todas las tarjetitas en vez de dedicarte a algo verdaderamente productivo, creativo o cultural. Ajá, a eso le llamamos hoy: mi trabajo. Hasta hay gente que cree que “dignifica” y que entre más le dedique uno a eso y no a su crecimiento personal, intelectual o cultural ¡se es una persona más valiosa!… ay diochito chanto, el siglo XXI nomás no quiere entrar porque no lo dejan.

 

¡Se los juro… el perro y el humano TIENEN que estar trabajando juntos!

 

Qué grandes resultan ser las “pequeñas” cosas cuando se hace un zoom-out hasta esquemas más extensos que revelan interconexiones ¿no?

Ojalá la gente aplicara más seguido este mismo concepto y ejercicio mental cuando se trata de ver su propia “pequeñez”, cuando se cree ser “un vil grano de arena en el vasto mar de la humanidad”. Pero, en fin, se los dejo de tarea para un almohadazo en el silencio y oscuridad de sus hogares.

En más noticias buenas, hablemos de… ¡perritos! ¡Yay, perritos!

 

 

 

Resulta que en Italia hay un lugar que se llama “Green Hill” (Nada que ver con su no-servidor) en el que se crían perrines todos pinches hermosos, pequeñas bolitas de amor, de manera masiva.

Pero esos perros nunca llegan a las manos de alguna querendona persona o familia, son reproducidos en masa para más tarde experimentar con ellos, los perros obviamente sufren y mueren gracias a algo análogo a lo que más arriba escribí, un vil complejo industrial que funciona como todo complejo industrial: pasándose por los huevos los derechos y el sufrimiento humano o animal con tal de llenarse los bolsillos de dineritos y existiendo gracias a complicados constructos en las leyes de gobiernos que se los permiten, ya que también, directa o indirectamente, se benefician de ello.

Es el mismo caso de las corridas de toros que aún existen en México y, afortunadamente, en muy pocos otros países del mundo que se empiezan a liberar y luchar contra una quesque culturita que no es otra cosa que los vestigios de brutalidad romana y la estúpida idea devolutiva que convence al humano de que tiene algún lugar especial y privilegiado en “la creación”… pft, “creación”, no mames.

Ande, ande, ande, la marimorena.

 

El caso es que algunos activistas decidieron que ya era suficiente con los de Green Hill, después de algunos intentos de negociación, y se metieron al complejo a sacar perros, donde encontraron cientos de cachorritos Beagle.

Y aparte ¡Beagles, mi raza favorita! ¡Esto es personal, hijos de puta!

 

 

 

 

La policía, como buen órgano al servicio del poder establecido y sin mente propia, llegó a arrestar a estos “terroristas” de la misma manera que se arresta a los protestantes y manifestantes alrededor del mundo que tienen pancartas que dicen “Por una democracia real” o “Paz e igualdad para todos”.

El nivel de incoherencia al que está llegando el mundo gracias a las confrontaciones entre aquellos que saben que se acerca un nuevo paradigma global y aquellos que quieren dejar bien establecido el status-quo, se revela más al paso de los años, y desgraciadamente, se torna cada día más violento.

Aquí en mexicalpans, como siempre está de moda andar como 15 años atrasados en todo, todavía queremos confundir los síntomas con la enfermedad y nos enfrascamos en si nuestro salvador será el copetudo, el hipster, el moreno o la doñita; las cosas a las que uno quiere reducir “nuestros problemas”.

La controversia doble que se desprende del, al parecer, poco importante suceso de la salvación de los perritos, se puede interpretar en dos preguntas acomodables en casi cada rubro de nuestra vida diaria y sus sistemas:

1) ¿La explotación de personas, animales y recursos es verdaderamente necesaria para el “avance” del mundo o sólo responde a los caprichos económicos de ambición desmedida de los de la punta de la pirámide?

2) ¿Lo que está circunscrito en lo que permiten y promueven las leyes como protesta permitida es sinónimo de lo correcto y de lo justo?

Dejo al aire entonces esas preguntas y un par de reflexiones que les dan contexto:

1) Recordemos que hay países, comunidades y grupos que consideran una manifestación en la calle como una protesta legítima, en otros, las mujeres ni siquiera pueden mostrar sus caras. En todos, esos gobiernos pretenden que sus leyes sean consideradas un tipo de moral “inapelable” y “universal”; en muchos casos, incluso se consideran Divina Providencia.

2) Las constituciones están escritas por aquellos que “nos dieron patria”, aquellos que nos dieron patria fueron en su momento nombrados por el poder establecido como los terroristas y los criminales.

3) El vencedor es el que escribe la historia, siempre, y siempre lo hace a su manera y acorde a sus valores, que bien podrían no ser universales y responder al abuso del poder e intereses exclusivos de ese grupo que busca imponerlos hacia los demás, en forma de “cultura” (regrese al punto 1 si es necesario).

El asunto es que intentamos evadir estas preguntas a como dé lugar: son muy incómodas. Y contestarlas, necesariamente nos pone en “un lugar”, nos da una posición, que es un nicho en donde la mayoría de las personas simplemente no quieren estar. Pero ¿será que cada día se acerca más un contexto global que nos va a obligar a contestarlas, queramos o no?

Esperemos que no y que así podamos, como hasta ahora, seguir haciéndonos bien pendejos, así estamos felices ¿no?

 

 

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