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Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
Taparle el ojo al macho: El gran fail activista
Por Jorge Hill
10 de febrero, 2012
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Ayer durante la noche y madrugada de hoy se pudo ver en internet mucho movimiento en México y latinoamerica ante la noticia de la venta y subasta de un bebé en MercadoLibre.com. Mi primera reacción ante lo que automáticamente asumí era broma y un trolleo lleno de wins, fue loleo puro:

 

La carita y todo, lulz.

Ya venía yo con el vuelo de ver durante todo el día anterior y ése, las quejas y movimientos ante una página de facebook que exaltaba la violencia y odio hacia la mujer, otro asunto para más adelante en esta misma entrada. Me llamó la atención la forma viral en la que se recorrió esto y las respuestas indignadas de muchos activistas, en especial, tweets de Anonymous -maestros en el trolleo y en la ubicación de todo aquello troll- llamando a la acción:

En una pronta entrada de El5antuario, Ruy Salgado narra cómo llamó al celular que estaba en la página de la venta del bebé y alguien le contestó con nerviosismo, sin poder definir si el asunto se trataba de una broma, de una broma que se le revirtió al bromista o de una realidad que se había complicado demasiado.

La verdadera sorpresa para mí fue mi propia inocencia, cuando acostumbrado a repetir y ver que “la realidad supera a la ficción”, mi tan repetido lema-cliché WoodyAllenesco se me mostraba de vuelta:

Aunque queda la incógnita sobre la veracidad de los dos casos, el punto a exponer aquí es la reacción de la gente y los caminos que nuestra indignación toma cuando finalmente es suficiente para llevarnos a la acción.

Para tener otro ejemplo a la mano, veamos el caso de la página de facebook mencionada anteriormente.

 

La obvia y merecida indignación causó también un movimiento masivo en las redes sociales y en menos de 12 horas la página había sido eliminada.

La realidad es que este usuario de Facebook y otros miles llevan abriendo páginas como esta (odio a grupos, géneros, maltrato animal y demás) desde hace años, que se les cierran, sólo para abrir otra algunos días o semanas después.

Algún día, en una taquería madrugadora, después de la celebración de aniversario de este Animal Político y platicando casualmente con @andreslajous, @antoniomarvel y otros que hacemos de internet nuestro campo de acción, nos burlábamos de la gente que lee únicamente los primeros párrafos de un blog para después abalanzarse sobre ti con intenciones de destrozo en las redes sociales u otros escritos. Desgraciadamente, esa gente es mayoría, así que en un tema tan delicado intentaré ir al grano lo más rápidamente posible, ya que el simple hecho de que exista una reflexión sobre estos temas que ponga en tela de juicio o simple análisis las reacciones de la gente ante ellos, es prender una insufrible mecha emocional, que ya tocada por el fuego, se vuelve virtualmente imposible de apagar por las deliciosas agüitas frescas de lo racional.

 

Cuidado con la furia de aquellos que utilizan los 

siguientes LulzClichés cuando están heridos:

Bloguero de a varo, escritorsucho perdedor, pseudointelectualoide.

Que la venta/subasta del bebé en Mercado libre haya sido eliminada, sea una broma o no, es obviamente algo necesario, esto no se pone en duda, detrás de esto hay delito y grave.

 

El llamado al análisis viene en la queja, la indignación y hacia dónde se dirige. En este caso, los malos han sido Mercado Libre, que le han permitido a “un loco o a una loca” publicar tal cosa. La realidad es que Mercado Libre tiene el funcionamiento típico de la empresa contemporánea: les importa un carajo y es hasta que las quejas masivas llegan, que ellos actúan. Si esto es algo nuevo para la gente, es hora de ir abriendo los ojos. Por poner un ejemplo simple y cercano: llevan un año cobrándome 65 míseros pesos por error de una transacción que no es mía, llenándome de mails e incluso amenazando con abogados (lulz), pero cuando uno intenta ponerse en contacto con ellos para arreglar las cosas, es imposible, su servicio al cliente es inexistente y su historial de quejas de consumidores aparece en toda su gloriosa potencia con una simple búsqueda de Google.

En el caso de Facebook, los malos han sido Facebook, que permiten que tales grupos de odio puedan formar sus páginas.

A raíz de esta entrada se generó en Twitter una discusión que ponía como los malos a la prensa amarillista en los casos de aquellos que publican en sus diarios fotos de destripados y demás tragedias. Se ponía en tela de juicio el “derecho” que aquellos tendrían de mostrar esas imágenes y como ya es costumbre y cliché de estas discusiones, se utilizó con singular alegría el abstracto, etéreo y fantasioso constructo lingüístico “de mal gusto

El punto es que incluso entre luchadores sociales, cuando llega “la hora de la hora” en la que algo nos pica en lo personal, todos brincamos hacia ese oscuro rincón de nuestra cabeza en el que odioso concepto aparece, mágica e irónicamente, como opción auténtica y efectiva: La Prohibición.

Ah, las ironías de la vida.

La opción, entonces, para aquellos que tanto nos quejamos en el descenso de nuestros derechos en aras del “bien común” resulta ser… ¡¿Más prohibición y minimización de derechos?!

Todos queremos más libertad de expresión y movimiento para nosotros, pero cuando algo no nos gusta, queremos prohibición. Cuando pensamos que somos tantos millones en el mundo, todos y cada uno con sus propios derechos, convicciones y necesidades, resulta que la prohibición universal de lo que individualmente se cree correcto termina siendo una de las bromas más idiotas que podemos jugarnos entre la humanidad, epítome del absurdo cotidiano.

Las preguntas que quedan, serían entonces ¿Indignarse ante Facebook, Mercado Libre y la prensa no es únicamente taparle el ojo al macho?

¿Qué la responsabilidad no quedaría en una cultura que consume lo que su morbo dicta, que encuentra divertido o correcto odiar a un grupo o género, que está tan necesitada y al mismo tiempo adoctrinada que cree que la venta de un bebé resolverá sus problemas?

¿No somos nosotros el problema? ¿Nuestra incapacidad de ver hacia adentro y después asomarse al desierto de lo real, asumirnos como una especie que va por tantos caminos incorrectos que ha hecho que el hoy parezca tan irreversible y perdido que tal decepción nos lleva a actuar en lo que está frente a nuestras narices en vez de asumir el gran esquema de las cosas y la ya apremiante necesidad de apretar el botón “reset”?

En el mundo de Oz le llamaban “Cobardía”

No, no vaya a ser que nos digan “chairos”, que nos digan “idealistas”, que seamos unos pinches anarkopunketos de a varo. Mejor a seguir tapándole el ojo al macho, mientras el animal sigue por dentro con un build-up que si las leyes de los sistemas no mienten, siempre termina en explosión.

Resulta que hoy, ante la consciencia de nuestra existencia como sistema complejo y entretejido, como ecosistema, dependientes todos de las acciones de todos los demás en el globo, el “cada quién su rollo, cada quién su vida” ya empieza a dejar de funcionar como chaqueta mental y evasión de la realidad.

Hay dos maneras de asumirlo, a la buena, con pensamiento y racionalidad, o a la mala, echándole la culpa a construcciones conceptuales inexistentes sin injerencia en la realidad hasta que nos explote todo en la jeta. La mala noticia es que ya estamos así:

Buen fin de semana.

 

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