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El congal postapocalíptico
Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
Todos reyes de una nada, nadie el caballero valiente
Por Jorge Hill
21 de octubre, 2011
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El pasado sábado 15 de octubre nos dimos varios el gusto de ir a lo que se le ha llamado “manifestación” y “protesta” #15O que entre otras cosas tiene la misión de educar y hacer conciencia a la gente sobre la realidad social, económica y política de México y el mundo, de un sistema económico que ha comprado las leyes y a los políticos para que funcionen a su favor y a su capricho, dejando de lado a todos los demás que no son el 1% (mucho menos, en realidad) de la población mundial que tienen juntos entre el 40%-60% de los recursos económicos y la monopolización de los recursos naturales a servicio de sus empresas y consumo.

Mi proceso mental de ese día pasó por dos diferentes momentos, en un principio pensé que estaríamos 15 pelados, durante la tarde que estuve ahí se habrán reunido cerca de 800 personas, algunos perros mascota y un perro manifestante.

 

 

En un principio fue una buena sorpresa, un poco más tarde pensé “Sea como sea, somos tan pocos… ¿Dónde están todos los demás?”  y recordé que en Wall Street llevaban ya un mes cientos de personas acampando y habían inspirado a miles más, si no es que a millones, a hacerlo en 80 ciudades alrededor de Estados Unidos. Después recordé que en Madrid ya habían hecho eso en la acampada Sol y que a su vez fueron ellos los que inspiraron a los de Wall Street. Haciendo una elípsis llegamos a que el movimiento global fue inspirado por todos ellos, pero parece ser que en especial fue el hecho de ver a los estadounidenses moverse, tan acostumbrados a tener las cosas de manera mucho más fácil que casi todos los demás países del mundo.

Desayuna bien, no queremos que la gente se dé cuenta

de que eres un robot.

¿Qué pasa? ¿por qué en Estados Unidos fueron y siguen siendo miles y miles, cada vez más, y en México no?

 

 

Tal vez la caída desde más alto es más dolorosa y hace abrir más los ojos, tal vez una cultura basada en un sueño americano despertó finalmente a la terrible realidad de que tal cosa como el sueño mismo no existe y si se logra es por casualidad, y que quienes lo viven son los que han sido privilegiados, nietos de privilegiados, hijos de privilegiados que concentran el poder, el dinero y las decisiones importantes para el país y el mundo entero, en monopólico pasado y destino.

 

Goodbye blue sky

Llevo casi dos años siguiendo muy de cerca estos asuntos a nivel mundial, los bancos, las caídas, los “bail outs”, las burbujas económicas, las caídas de Islandia y Grecia que anunciaban ya en sus rincones convenientemente oscurecidos la fractura de algo mucho más grande, pero de manera más importante, el boleto para algo más, algo que existe en un balance tan fino, casi fantástico, que un pequeño movimiento podría hacer tambalear a toda la gran estructura. Desde el 2008 se nota el crecimiento de estas grietas y la consecuencia clara: la furia de la gente que ve a sus hijos vivir peor de lo que viven ellos con el doble de educación y la quimera mediática de las “miles de oportunidades del mundo moderno”.

 

Todavía no queremos entender que sólo nos separan fronteras impuestas

y que si algo nos une a todos, en lo jodido,

es el sistema económico que el mundo entero comparte.

Es entonces que la gente empieza a voltear a otros lugares, a ver más allá de las narices, a averiguar y educarse, a encontrarse con la shockeante realidad: que el mundo, en especial en occidente, es un gran tablero de ajedrez en el que nosotros, el 99% de la población y junto con la clase política, somos las fichas en una disputa perpetua que se lleva a cabo por el 1%, los jugadores. Las fichas no tienen voz real, no tienen voto, se les da un trabajo, un medio de producción que genera el consumo que los tiene callados, dormidos y relativamente “cómodos”; un cambio por aquí, otro por allá, una pequeña reforma política de vez en nunca, mendrugos y sobras que aceptamos con una sonrisa heróica en la cara que denota la pequeñez de haber “logrado algo” en un sistema que defiende las cosas de tan hermosa y magistral manera, de tan sociopática y maquiavélica manera, que nos hace creer que “todo lo que tenemos” y que poder votar entre 3 pioresnadas es “democracia” y “equidad”; pero sobre todo, ese sistema nos ha enseñado, a la mala, a cerrar los ojos y a pensar que “el cambio” es algo que sólo puede venir del patriarca señor don presidente semidios y que se debe dar durante décadas y décadas por venir, que uno lucha por sus hijos o sus nietos y no por él o por ella, la cultura del sacrificio, el pobre que sabe que las puertas del cielo estarán abiertas para él por su humildad y su aguante, su silencio y su sumisión.

 

No, mi gran señor, esas cosas son para resentidos y

la desobediencia civil es una blasfemia, aunque haya

moldeado a la historia una y otra vez.

El segundo proceso mental vino al regresar a mi casa en la noche y seguir el 15O mundial en twitter, pero poniéndole atención más que nada a México. Un día glorioso, ver los videos de tantas ciudades del mundo, todos con la mismas consignas y la misma conciencia, el conocimiento. Pero fue hasta que vi la noticia “Pamplona rompe el record con 13,000 personas manifestándose” y unos segundos después encontrar estos videos, que lo entendí:

 

Manifestación 15O Madrid mientras suena la Sinfonía 9 de Beethoven

conocida normalmente como “El himno a la alegría”

Supe en ese momento que tendría que escribir esto y que a mucha gente le iría a molestar, aunque asumir que mis palabras suelen ser molestas para identidades y sueños cotidianos es algo que ya hice desde hace mucho.

Supe en ese momento también que no sólo somos pocos, somos mínimos, somos una nada los mexicanos que están conscientes que el dinero impreso es probablemente la mayor farsa a la que se ha obligado a la humanidad, que los sistemas bancarios, de crédito y las grandes corporaciones son los que han destruído el nivel de vida y la esperanza por una vida mejor de todas y cada una de las personas del mundo y que eso simplemente no va a mejorar mientras se les permita seguir funcionando así; supe finalmente que tal vez sí es cierto, que sí somos el tercer mundo demasiado alejado del primero, que la gente simplemente quiere seguir su vida, como pueda, así sea perpetuando lo que lo está haciendo cada día más esclavo y sumiso, aunque alguna buena racha se pueda tener, el mexicano no quiere “meterse en pedos”, aunque no hacerlo le genere más pedos y mucho más graves a futuro.

Pensé por primera vez la posibilidad seria de que el mexicano sí tenga algo enterrado en la mente desde su entorno cultural, que sí se asume como el hijo de la chingada (la violada), un hijo bastardo, achicado y a su vez, chingado, que no merece nada y lo que puede tener lo debe de tomar a la mala, que ya nace castrado e inútil, que la vida pasa, diosito nos cuida y que de la visión de la muerte hay que burlarse porque nos acerca demasiado al pensamiento final “¿Qué tal si no hay nada después y a la mera hora sólo perdí el tiempo haciéndome pendejo, siendo lo que me dijeron que se podía y no lo que quise?”. ¿Será que el mexicano sí es corto de visión porque está acostumbrado a que el más mínimo cambio es prácticamente imposible y entonces mostrarle algo que requiere un cambio global le parece una absoluta idiotez, una hippiosidad, una utopía, un idealismo barato de gente que no tiene nada que hacer? ¿Será que el mexicano sí es como lo pintan y que los estereotipos existen por algo en la realidad? no lo sé y me lo sigo preguntando, quiero pensar que no, a veces quisiera simplemente asumirlo, como para poder sobrepasar una barrera mental propia, como si fuera algún tipo de duelo inconcluso al que sólo le falta el despedirse bien y asumir la ausencia.

O simplemente ¿será que todos los que pensamos en esos problemas y cambios necesarios en realidad sí somos unos hippies idiotas que deberíamos de ponernos a trabajar duro y callarnos la boca? no lo sé, tampoco, quiero averiguar.

Como nota final dejo las palabras de Cenk Uygur de “The Young Turks” explicando cómo se gana una guerra que no necesita de armas y únicamente necesita de la cabeza y la voluntad:

“La mala noticia es que el caballero de brillante armadura nunca va a llegar desde la política, la buena noticia es que ese caballero con brillante armadura eres tú”

En muchas ciudades de México se han hecho ocupaciones, en el D.F. está #OccupyBMV en la bolsa mexicana de valores, en Reforma, mañana sábado 22 habrá una asamblea ahí mismo a las 12 p.m. Si te interesa primero sólo debes de “prender” internet y twitter, ya que prender la televisión y buscar las noticias en los medios corporativos de este país y del mundo, créeme, de nada te va a servir 😉

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