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El congal postapocalíptico
Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
Tu Punching Bag
Por Jorge Hill
19 de septiembre, 2015
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SpeedBallBag

Tenía yo unos 15 años y “el vicio” se me dio desde pequeñuelo, una carita semiangelical servía para disipar las sospechas de que mi primer cigarro y cerveza fueron a los 12 años en la azotea del edificio que juntaba a mi entonces mejor amiga, un par de hermanos con los que nos llevábamos y a mi primera noviecita santa, de manita sudada y hermana chaperona en el cine.

Los demás amigos de las otras bolitas empezaron lo suyo por entonces, también. Nos juntábamos a fumar y tomar caguamas, con una teníamos cada quién para terminar trompicando. Ah, quisiera volver a tener esa no-tolerancia, qué pedas tan baratas.

Para entonces mi personalidad actual ya se estaba empezando a forjar: me andaba valiendo madre lo que pensaran de mí los amigos de mis amigos, los primos de mis amigos, los papás de mis amigos. Únicamente escondía a mi pequeño Satanás a mis padres, que seguramente podían vislumbrarlo a ratos.

Aprovechando la situación, uno de mis mejores amigos de aquel entonces dijo a su papá -un tipo que me odiaba- que la quemada en su colchón y el olor a cigarro en su cuarto eran mi culpa. Más tarde medio se disculpó conmigo aclarando que “como a ti te vale madres, pues…”

Así empezó mi carrera juvenil como punching bag.

Que alguien vomitó en el clóset en casa de Manuel, ah pues seguro fue el pinche Hill. Que alguien se cayó borracho y rompió algo en la fiesta de la hermana, ah pues el pinche Hill. Que huele a mota, pinche Hill seguro ya pasó del alcohol a las malditas drogas, era de esperarse. Que la de la limpieza está embarazada y no quiere decir de quién, uy, Hill borracho pitoflojo.

Raro, porque siempre he sido muy borracho, pero casi siempre muy bien portado –algunas notables excepciones y diferentes épocas hay, así es esta matraca vida-. Las “drogas” nunca se me dieron, aunque probé varias en diferentes edades.

Fue cuando me empecé a llevar con un amigo muy de excesos, un tipo inteligente, culto y divertidísimo, pero con serios vacíos emocionales. Algo resonaba entre nosotros a un nivel profundo. Una de mis bolitas de amigos se unió y pasamos un par de años de algunos de los excesos más divertidos de mi vida. Finalmente, el amigo tuvo serios problemas médicos porque se metía de todo y para todo, un asunto ya medio trainspotter.

Escándalo total. Madres, padres, hermanos, amigos, conocidos.

Uy, fue la influencia del pinche Hill.

What?! ¿Kú?! ¡¿Khé?! el asunto incluso me trajo problemas laborales en lo que era mi primer trabajo “serio”, de oficina, desde entonces me di cuenta que no quería estar en una oficina nunca más. Pero esa es otra historia.

La madre del amigo llegó a esa conclusión, probablemente junto al hermano, probablemente junto al mismo amigo, huyendo de su propia responsabilidad. Ya no estábamos nada chamacos, pero supongo que a las patologías familiares compartidas poco les importa la edad.

No quise volver a saber nunca más de ellos, que probablemente y sin saberlo, me deban una disculpa. No creo que llegue nunca.

A un pinche chavorruco valemadrista “vividor” nunca se le debe nada, aunque se le deba.

Juré no volver a meter las manos al fuego por nadie en este tipo de patologías compartidas, con las propias tiene uno suficiente. No más intentos por explicar cosas o por caerle bien a tu primo el chismoso, a tu amigo el mamalón, a tus papás paranoides, a tu novia control freak, a tu novio celotípico. A ti.

Nunca más, #NeverForget y todo eso.

Así acabó mi carrera de punching bag, y me fui invicto.

@JorgeHill

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