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El congal postapocalíptico
Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
Un hombre de bien
Por Jorge Hill
12 de octubre, 2012
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Cinderella Man
Hang on to your plans
Try as they might

They cannot steal your dreams.

Cinderella Man –  Rush

A mis (inserte aquí un número de dos dígitos al azar) años, aún no sé qué signifique “ser un hombre de bien” y no es que me lo pregunte tanto con respecto a mí, sé que no lo soy en prácticamente ninguno de los rubros que podrían delimitar a tan esquiva abstracción; me lo pregunto por aquellos con el deseo, propio o introyectado (casi siempre lo segundo), digamos “metido a huevo”, de serlo.

La pregunta o el más mínimo intento de análisis compartido insulta a muchos, hace brillar en los ojos ese fulgor de quienes sienten que una base estructural de su ser, tal vez imaginaria, pudiera estar tambaleándose, que algo en los pilares más básicos de la definición propia pudiera correr peligro. Ojos de Gollum en plena escición esquizoide.

¿Me estás llamando “Godínez”?

Admiro la dedicación de muchos amigos y conocidos que un día pensaron que querían ser “tal cosa” y dirigieron todos sus esfuerzos a lograrlo, muchos de ellos lo han hecho, otros siguen en el camino. Una visión del mundo que me parece completamente respetable y que habla de personalidades estructuradas y disciplinadas, que asumen un papel con su consecuencias, buenas y malas. Es curioso que muchas de estas personas, al saber lo que pienso o escribo sobre lo que denomino “la esclavitud moderna”, se sientan de alguna manera atacadas, como si el kraken de los mil tentáculos de la esclavitud moderna no nos tuviera agarrados a todos, hasta a los que se creen liberados y viven en alguna comuna hippie o comunidades “cerradas” como en el caso de los menonitas, subsistemas de otros sistemas de los que dependen, así quieran hacerse la chaqueta mental de que no. Tampoco es una burla a quienes intentan independizarse, es, simplemente, la visión de cómo este kraken nos tiene agarrados por huevos y ovarios a todos, en todo y no hay escapatoria personal, no hay cómo eludir tal situación a menos de que un fantástico apocalípsis nos obligue a reestructurarnos como especie-mundo; somos demasiado egocéntricos, ambiciosos y autodestructivos para pensar en el todo como un ecosistema y no como materia servil infinita, los escogidos de los dioses de todas las religiones, el pináculo de la creación, incluso, de la evolución.

Lo que hoy tantos consideran “evolución” y hasta “darwinismo”

Ay, mijos *facepalm*

Desde que tengo memoria se ha utilizado un término que en los últimos años ha tomado más fuerza, tal vez por la apertura cultural en México hacia maneras menos “subordinadas” de ganarse la vida y que ha tomado los más diversos matices. “El Godinez” es una construcción del otro cada vez más tangible en la pequeña clase media del país gracias a la adopción que ha hecho prácticamente todo el mundo de las efectivas maneras gringas de conformarse como una máquina de hacer dinero, recortando todos los gastos y derechos hasta que se llegue a los límites “permitidos” del abuso y la explotación: la corporación sin regulación. Millones de clasemedieros soñando con la promesa de subir “algún día” hasta el éxito (significante con significado “dinero”), inyectando la esperanza con algunas películas feel-good que cuentan la historia de un “suertudo” entre millones, mientras los señores de arriba se lo llevan todo. Así se va la vida entera.

Llora con esta magnífica película que nos muestra

cómo un hombre que no tiene nada

se convierte en un stock trader de Wall Street que lo tiene todo

y encuentra La Felicidad

mientras cada uno de sus movimientos destruyen a otras familias

o crean una crisis global en 2008…

y la que sigue.

Tagline: ¡Lo siento! Yo sólo estoy haciendo mi chamba!

A lo que se denomina “Godinez” parece ser este soñador que entró a trabajar a una gran empresa para llenar de orgullo a toda la familia, que se casó con una chica bien y de buenos modales, sumisa y maternal; que quiso ganar dinero para “vivir la vida” y que cinco años después no ha podido salir de vacaciones porque hay mucho trabajo. Pero las criaturas están bien, ahí con su madre, la familia se sostiene, el ritmo diario se vuelve un vals sistemático que trae los sinsabores, las caricias y las sonrisas de aceptación. Y todo está bien, porque se es un hombre proveedor, porque uno le chinga y se chinga, porque no hay de otra, porque así debe de ser para todos y quien no lo haga está muy mal, porque todos se deben de chingar como yo, “cállate y ponte a trabajar”, sé un hombre de bien.

Así es que el exterior responde a las necesidades internas de las mayorías y se crean los lugares para godínez. Bares, antros y restaurantes diseñados para el hombre de bien de hoy y su mujer de bien, con las canciones más escuchadas y más populares de la radio, el fútbol en las pantallas inmensas, comida rápida que sature el paladar a la primer mordida, bebidas de colores y nombres llamativos que puedan noquear a un rinoceronte, meseras tetonas con shorts y camisetas pegadas… y escote; la sensación de pertenencia al ver tantas corbatas sueltas en el mismo lugar, trajes sastre modificados dinámicamente para el momento “de la fiesta” que muestran (u ocultan) el suficiente cuerpo para enganchar al nuevo gerente pero no tanto como para molestar a las demás compañeras de la oficina, no vaya una a ganarse el título de puta trepadora y se meta en problemas.

Tengo un viernes y sé cómo usarlo…. lobuki.

Dentro de este mundo de mirreys-wannabe, ya que el mirrey auténtico suele ser junior, venir de familia “acomodada” y vivir en un mundo muy diferente; encuentro a personas que están bien ahí, que han logrado mucho y que realmente gozan de lo que hacen y de su vida. Debo decir que son muy pocos y que he encontrado en ellos algo especial, una inteligencia y un talento que los ha llevado a poder ser dueños de una vida placentera y coherente, que les ha tomado tiempo y que les da ahora, si lo aprovechan, el tiempo para hacer esas cosas que se quisieron hacer y ser, y que por azares del destino y una economía mundial y local dadas a la absoluta chingada, no se pudo. Encuentro que estas mismas personas no sienten orgullo por ser “hombres de bien” o “mujeres de bien”, no, sienten orgullo por haber logrado cosas, por ponerse metas y alcanzarlas, por sortear obstáculos; incluso, algunos de ellos en cuanto a personalidad no tienen nada de “hombres de bien” o “mujeres de bien” en los términos culturales más estereotípicos. Cosa tan rara…

Para esos que lo han logrado o que siguen en el camino, debo decirles “Salud” y dar una respetuosa reverencia. Tal vez un día no muy lejano tenga que tomar ese camino, a golpes, si es que la esclavitud moderna deja de darme los escondidos caminos que a veces muestra en el paisaje lejano. Mientras, creo que prefiero este caos, este no saber qué soy, ni qué quiero, ni querer saberlo.

Buen fin, hoy y mañana todos podemos ser hombres de mal sin que el niño dios llore encueradito en el cielo.

 

 

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