Vivir mata - Animal Político
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
El congal postapocalíptico
Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
Vivir mata
Un relato sobre sexualidad, aspiraciones e hiperrealidad
Por Jorge Hill
12 de julio, 2013
Comparte

barbie

“El infierno son los otros” – Jean Paul Sartre.

Los cuerpos se mueven con violencia en la pantalla LCD de 40 pulgadas que lleva casi dos años pagándose a meses con tarjeta, una de tantas de tantos bancos. Mientras miran la porno, Ella piensa que si va al gimnasio y come mejor, si se vuelve más asertiva en su trabajo, pueda lograr -o comprar- el cuerpo y personalidad necesarias para algún día conseguir un hombre como el de la pantalla. Un musculoso semental adornado con la estética de moda en tatuajes, esos que nos hacen únicos, que esgrima contra sus renovadas carnes una verga bestial e incansable durante toda la noche. Despertar con mimosas y un mañanero para la cruda. Después pasear a los perros, ir a comer a los mariscos de moda, viene el momento de cine, el séptimo arte, con lo más taquillero, se debe tener de qué hablar con los amigos y, total, siempre habrá salas VIP.

Él, su pareja en la vida real, ve la misma pantalla con los ojos dirigiéndose más seguido hacia ese cuerpo magnánimo, esa cara que ha perdido lo sensual para llevar los gestos hasta lo hipersexual, un gozo más allá del gozo, gime, grita, las miradas son perfectas, esos pequeños mordisqueos del labio, el arqueo de la espalda y los movimientos espasmódicos de la cadera, la manera de parar esas redondas y perfectas nalgas, su manera de recibir como una diosa primitiva pero sofisticada, agradecida. Tal vez si sigue tratando bien al jefe pueda recibir en diez años el puesto necesario para vivir, no como lo ha soñado, pero sí lo necesariamente bien como para tener un auto deportivo, el departamento y el dinero de sobra necesarios para tener a su propia diosa que agradezca como debe esos tres minutos de placer autorreferencial, que se deje vestir con las prendas que se le compran para ser mostrada en el antro, en el bar, en la fiesta, con los amigos, con los de la oficina; que enloquezca a los demás pero sólo lo ame a él, que dependa de él, que su felicidad y vida dependan de él.

La película ha puesto suficientemente caliente a la pareja como para soportar otra sesión más de mundano sexo de siete minutos, con variación de dos posiciones, con los ojos entrecerrados y los cuerpos flácidos, lleno de olores y sabores, incomodidades, algún dolor momentáneo. Sexo de humanos. Ya hay que dormir, que es tarde y es domingo. En la oscuridad él confiesa sus ganas de hacer ejercicio, comer mejor, mejorar. Ella asiente, quiere lo mismo, los espera una nueva vida.

En la mañana la rutina, el baño, el ruido, la luz, los tacones, el pantalón no está bien planchado, se hace tarde.

A las seis de la tarde no se han recordado el uno al otro, ni la cita que tenían con el nuevo grupo de amigos que promete una subida hacia un escalón más en la infinita escalera social. Ese coctel de oxitocina, dopamina y serotonina que algunos llaman enamoramiento se ha ido hace mucho, pero queda ese algo que hace que una pareja se siga soportando. Sin el coctel, es la agenda lo que los hace recordarse, llamarse, quedar de verse en ese nuevo restaurant de Polanco al que desde hace tantos meses querían ir.

En la mesa están cerca de diez personas, la pareja llega a las ocho en punto para verse afuera y llegar juntos. Los saludos cordiales, joviales, con esa sonrisa que parece fotocopia, sea la cara que sea. El grupo es diverso, alguno ha heredado la empresa familiar, alguna fotógrafa artística que toma fotos para una revista de moda, un compositor de academia que compone hits pop, un cineasta que hace comerciales, un escritor y poeta que edita una revista de viajes hacia lugares exóticos que nunca ha visitado. A todos les va muy bien, todos han logrado el éxito, se ve en sus caras. Son modelos a seguir, la pareja lo sabe y se siente intimidada, pero agradecida de ser aceptada, el reto de estar a la altura está empezando. Ante las coloridas y aromáticas tapitas de entrada, un diseñador gráfico con lentes de pasta, camisa de franela a cuadros, jeans ajustados y menos piel que tatuajes hace el comentario sobre lo buenos que están los productos vegetarianos de soya de la nueva tienda que está a unas cuadras y le hace saber al mesero que es vegetariano, necesita ese otro menú. La discusión sobre comer o no animales continua hasta el postre, un comentario de Él sobre la destrucción de ecosistemas en la selva amazónica gracias a la producción de alimentos vegetarianos ha sido evitado y su silencio da el sello de aprobación al cauce que regresa en el fluir general de la plática; un comentario de Ella sobre una marca de zapatos no tan conocida, pero con cosas lindas, ha sido convertido en una amena broma que se convierte en velero sobre el río establecido.

Las copas y la comida han hecho lo suyo, es hora de despedirse. La conclusión está en la cabeza de todos los participantes, el contenido y las palabras revestidas por el símbolo han sido lo de menos, lo importante es eso que flota ahí, ese halo que han creado y que ahora los rodea: ahí existe una moral, una ética, una sofisticación y un entendimiento superiores a lo que está alrededor.

La pareja llega a su departamento, cansados, pero sonrientes, tienen tanto por delante, tantos planes, tantas cosas por hacer, tanto por comprar, tantas fantasías por cumplir, y el porno entendido como realidad, Hollywood, los comerciales en el medio tiempo del futbol y el Super Bowl son los gurúes perfectos de esta nueva espiritualidad.

Qué importa que sea el deseo lo que nos mueve, qué importa que el presente se aparezca como un grillete, porque no hay más, no hay pasado y no hay futuro, no existen, ya no están o nunca han estado, sólo está ese aquí y ese ahora, pero ¡qué importa! ¡Vivir es vivir!

No importa la realidad cuando inicias la gran aventura descerebrada hacia la hiperrealidad.

————–

Feliz fin de semana.

Sígueme en @JorgeHill

 

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.