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Por Alberto Serdán
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Plascencia: inútil y despilfarrador
La presidencia de Raúl Plascencia al frente de la CNDH es tan inútil que hizo el ridículo en casos emblemáticos como el de Tlatlaya (por señalar el más reciente) y el de la Guardería ABC (por señalar uno particularmente doloroso). Bajo sus narices revivieron con ferocidad las prácticas de tortura, de ejecuciones extrajudiciales, desapariciones a manos de las autoridades, el asesinato y la vulnerabilidad de los defensores de derechos humanos y de los periodistas.
Por Alberto Serdán
7 de octubre, 2014
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La titularidad de Raúl Plascencia en la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) se ha caracterizado por el despilfarro en su presupuesto y la inutilidad en su gestión. Nada nuevo. El Senado se apresta a revisar su trabajo en un proceso que concluirá sea con su reelección o con la selección de un nuevo presidente. Actores clave para tomar esta medida no tuvieron pudor en rendirle pleitesía en el pasado. A menos de que ocurra un milagro, los tiempos nublados seguirán en una institución que debería ser vital para México.

En su comparecencia ante la Comisión de Derechos Humanos en el Senado el 21 de octubre de 2009, el entonces aspirante para ocupar el cargo de la CNDH, Raúl Plascencia, dijo categóricamente que “la única diferencia entre Soberanes y yo es la edad”. La crítica a la gestión de José Luis Soberanes, presidente de la CNDH de 1999 a 2009, tuvo varias aristas; una de ellas fue la del manejo escandalosamente frívolo de su presupuesto. Plascencia, en sus ánimos de diferenciarse repetía constantemente “les quiero dejar bien claro que yo no significo la continuidad ni el continuismo a absolutamente nada” (Reforma.com, 10/nov/09).

Mintió. Sí hubo continuidad en muchos ámbitos, incluido el despilfarro.

Con Plascencia continuó la ruta ascendente del presupuesto de la CNDH para no perder el dudoso puesto de ser la comisión de derechos humanos más gastalona.

Figura 1

Aunque no es eficiente en gastarse todo el dinero aprobado por el Legislativo.

Figura 2

No obstante, en áreas como el pago de bonos y estímulos de productividad (adicionales a las prestaciones de ley), Plascencia ha tenido el buen gusto de ejercer mucho más de lo aprobado por el Congreso en este rubro (como hizo Soberanes), mientras que los materiales y suministros de toda la CNDH son castigados con el látigo de su desprecio (al igual que su mentor).

Figura 3

De hecho, aunque la comunicación social es un apartado de por sí opaco y discrecional para la selección de los medios que disfrutan de su caridad, no supera al pago de bonos y estímulos de productividad (como su predecesor), la cual está muy por encima del gasto en materiales y suministros.

Figura 4

A su vez, los gastos administrativos no han bajado sustancialmente estando por encima de otros rubros mucho más sustantivos para el trabajo de una comisión de derechos humanos que se respete.

Figura 5

En un seminario en el que tuve la fortuna de asistir en 2009, aún recuerdo la voz de Jorge Carpizo quien señaló enfáticamente que un Ombudsman debe ser congruente, honrado y austero. “Es un defensor del pueblo. No debe vivir entre lujos ni ser un dandy de la vida social”. A Raúl Plascencia todo esto le tiene sin cuidado.

La presidencia del actual titular es tan inútil que hizo el ridículo en casos emblemáticos como el de Tlatlaya (por señalar el más reciente) y el de la Guardería ABC (por señalar uno particularmente doloroso). Bajo sus narices revivieron con ferocidad las prácticas de tortura, de ejecuciones extrajudiciales, desapariciones a manos de las autoridades (como nos lo recuerda desconsoladamente el caso de Iguala); así como el asesinato y la vulnerabilidad de los defensores de derechos humanos y de los periodistas, al tiempo de que, como siempre, la impunidad está en niveles absurdos e intolerables sin que la CNDH meta las manos. Lamentablemente no se ha encontrado en la voz del presidente de la CNDH una herramienta útil para detener estas prácticas. En suma, Plascencia es un ¿defensor? de los derechos humanos perdido en la irrelevancia.

Sin embargo, el titular de la CNDH no debe preocuparse. En 2009 fue cobijado por Manlio Fabio Beltrones; mientras que Gustavo Madero, actual mandamás del PAN, lo llamó “profesional, institucional”, de quien está seguro que “demostrará sus cualidades de él propias y que no se las debe a su antecesor”; mientras que Carlos Navarrete, ahora flamante presidente del PRD, dijo entonces fiel a su estilo que al elegir a Plascencia “el Senado tomó una decisión en absoluta libertad” (Proceso, 5/nov/09). En sus alforjas, Plascencia tuvo a Jorge Serrano Limón, defraudador y líder de Provida, que en 2009 dijo que “la candidatura ideal es la de Raúl Plascencia” (El Universal, 27/oct/09) sin olvidar que Isabel Miranda de Wallace fue quien, a nombre de la sociedad civil, propuso la candidatura de Plascencia ante el Senado. A cinco años de aquel proceso, nada indica que estos apoyos dejaron de existir. De hecho, se multiplicaron por el número de gobernadores agradecidos (como Rafael Moreno Valle, Javier Duarte, Roberto Borge, Guillermo Padrés, Ángel Aguirre y un largo etcétera) por su inacción e intrascendencia.

Carpizo dijo algo más en el seminario, que un Ombudsman debe ser “un apasionado de los derechos humanos, un militante de los derechos humanos”. Raúl Plascencia no lo ha sido. Las víctimas y el país han padecido su indolencia y el Senado, en la ceguera a la que nos tiene acostumbrado, lo reelegirá una vez más. ¿O no?

 

@albertoserdan

 

 

* Todos los datos provienen de la Cuenta de la Hacienda Pública Federal desde 1993 hasta 2013, así como del Presupuesto de Egresos de la Federación para 2014 y el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación para 2015.

* Las gráficas son la continuación de una investigación que hice para Fundar, Centro de Análisis e Investigación en junio de 2008.

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