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El derecho olvidado
Por Asistencia Legal por los Derechos Humanos ASILEGAL
La defensa de derechos humanos no es selectiva ni negociable y, normalmente, encuentra su necesid... La defensa de derechos humanos no es selectiva ni negociable y, normalmente, encuentra su necesidad en los sectores más estigmatizados y olvidados de la sociedad, como lo son las personas en conflicto con la ley penal. Luchamos por darle voz a las mujeres olvidadas, las personas indígenas sin intérprete, las víctimas LGBTTTI de abusos y discriminación del Estado. Luchamos por el derecho de las y los olvidados. (Leer más)
Encarcelamiento y abuso de prisión preventiva: una guerra contra las mujeres
Desde el inicio de la Guerra contra el Narco son las mujeres quienes han recibido los impactos desproporcionados del encarcelamiento y, si bien es cierto que el punto más crítico en números ocurrió entre 2012 y 2015, fue durante el año pasado cuando se alcanzaron los niveles más altos que desde entonces se habían registrado.
Por Verónica Garzón Bonetti
27 de enero, 2021
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El poder actúa en este estadio directamente sobre el cuerpo y es por eso que, desde esta perspectiva, es posible decir que los cuerpos y su ambiente espacial inmediato constituyen tanto el campo de batalla de los poderes en conflicto, como el bastidor donde se cuelgan y exhiben las señas de su anexión.

Rita Segato (2016)

 

Cuando hablamos de violencia contra las mujeres nos obligamos a entender la diversidad de manifestaciones que tiene en la vida cotidiana; muchas de ellas trascendiendo las barreras de lo físico o tangible. Hablamos, sobre todo, de sistemas de opresión que las colocan en una posición de desventaja para el ejercicio de sus derechos.

“Nosotros estamos a favor de las mujeres, no somos machistas”1, dijo el Presidente en una conferencia de prensa en febrero del año pasado. Sin embargo, son las mujeres quienes continúan percibiendo menores ingresos que los hombres (un 34%); siguen teniendo tasas mayores de ocupación sin remuneración (por cada 100 hombres ocupados sin paga, hay 141 mujeres); son quienes se sitúan en los niveles de pobreza más altos respecto de los hombres (51.3% de mujeres están por debajo del umbral nacional de pobreza, en contraste con el 49% de ellos2).

Y aunado a todas esas y más desventajas, son ellas quienes siguen teniendo las tasas más aceleradas de encarcelamiento. Tan solo en el transcurso del 2020, el número de mujeres privadas de libertad aumentó un 12.5%, mientras que el de hombres fue del 6%.

Si eso no es machismo, ¿qué lo es?

Más allá del discurso político, escandalosamente vacío, es en la realidad en que se basa cualquier reclamo por justicia e igualdad. Es machismo en tanto que se impida el avance de las mujeres y se obstaculice cualquier ejercicio de su autonomía para la toma de decisiones libres.

Desde el inicio de la Guerra contra el Narco son las mujeres quienes han recibido los impactos desproporcionados del encarcelamiento y, si bien es cierto que el punto más crítico en números ocurrió entre 2012 y 2015, fue durante el año pasado cuando se alcanzaron los niveles más altos que desde entonces se habían registrado. Un año que sacudió al mundo en todas sus formas y que demostró no solo la incapacidad del actual gobierno para hacer frente a la adversidad, sino sobre todo los rezagos que se venían arrastrando desde las administraciones anteriores.

Sí, ese machismo que se venía arrastrando de las administraciones anteriores.

Durante todo el año 2020, la población de mujeres en prisión aumentó mes con mes: en promedio, un 1.20%, mientras que el de hombres solo un 0.6%. De igual forma, el número de mujeres en prisión preventiva pasó del 45% en 2019 al 51.42% en 2020, en contraposición con los hombres quienes pasaron del 37% al 41%3. Es decir, las mujeres no solo están siendo encarceladas a una tasa mucho más acelerada, sino que también están sufriendo los abusos de la prisión preventiva de una manera significativamente desproporcionada.

Hoy, la mayor parte de las mujeres en la cárcel se encuentran sin una sentencia y se mantienen, ahí, inocentes, pero con cuerpos marcados como culpables, por el tiempo que a capricho determine la autoridad.

Según López Obrador, el machismo no es de su administración, no es de su izquierda progresista y feminista. “¿Saben quiénes son los machistas y los que discriminan? Los conservadores”, afirma. Sin embargo, muchas de las políticas públicas que se han desplegado en los últimos años han recrudecido las desventajas existentes para las mujeres. Las políticas de seguridad y los programas de persecución delictiva que han colocado a tantas mujeres en las prisiones mexicanas vienen directamente de sus elegidos: Durazo, Icela Rodríguez, Gertz Manero, Sánchez Cordero, etc.

Probablemente se quiera afirmar que nada de esto tiene que ver con un sistema patriarcal, sino que se trata de números inconexos, meras coincidencias y fortuitos de la vida. Hablemos, entonces, de coincidencias:

En virtud de las desigualdades en la participación dentro del mercado laboral de las mujeres, ellas tienen una menor capacidad económica; esto explica en gran medida no solo el por qué las mujeres delinquen, sino también el por qué, al entrar en conflicto con la ley, tienen menores posibilidades de costearse una defensa privada y quedan en manos de la defensoría pública -una institución saturada que ha fallado en velar efectivamente por los derechos de las mujeres-, donde el nivel de insatisfacción de la labor de los defensores alcanza el 44%.

Debido a la falta de una defensa adecuada, y de los prejuicios que tienen las autoridades, las mujeres sufren el abuso de la prisión preventiva en mayor medida y tienen una mayor probabilidad de recibir sentencias significativamente mayores que los hombres, especialmente en delitos relacionados con drogas.4 Esos mismos prejuicios permean sus familias y la sociedad, de manera que, al ser las mujeres consideradas como las “buenas, virtuosas y respetuosas” de la ley, son víctimas de un mayor abandono por parte de sus familiares al haber roto con el rol que se espera que cumplan, realidad que de ninguna forma abona a su situación económica y emocional. Finalmente, por representar un porcentaje pequeño del total de población privada de libertad, no existen muchos centros penitenciarios femeniles, por lo que la mayor parte de las mujeres se encuentran recluidas en cárceles mixtas, lo que las pone en un mayor riesgo de ser víctimas de actos de violencia, sobre todo violencia sexual.

Si algo podemos afirmar de todo lo anterior, es que no existen coincidencias. La situación de las mujeres tiene un nexo causal perfectamente identificado, cuidadosamente construido y, por supuesto, atravesado por el género.

En un intento por subsanar las violaciones generadas contra las mujeres dentro del sistema de justicia y penitenciario, el Gobierno Federal publicó la Ley de Amnistía. Esta prometió engañosamente durante todo el año pasado, ser la herramienta para combatir la sobrepoblación en los centros penitenciarios y atacar de mejor manera la pandemia que dentro de ellos se extendía con rapidez; además de contemplar contextos que beneficiaban en mayor medida a las mujeres privadas de libertad por delitos contra la salud. Cualquier justificación resulta innecesaria y altamente insultante para explicar el por qué, a la fecha, ni una sola amnistía ha sido otorgada.

Resulta claro, entonces, que el Estado no nos protege. Al contrario, es el Estado el que nos violenta una y otra vez al dejar nuestros cuerpos ultrajados y marcados a vivir y morir, y sufrir y llorar el vacío carcelario.

Los conservadores no son los machistas, porque no son solo ellos. Derecha o izquierda, el Estado no es y nunca ha sido feminista. Lo único que es feminista es el anhelo de vivir sin miedo a que nos maten, violen, encierren, discriminen, entierren, asfixien o golpeen. Porque lo que ha quedado demostrado es que las únicas personas que tienen un verdadero interés en eliminar la opresión, somos nosotras.

* Verónica Garzón Bonetti es coordinadora de incidencia de ASILEGAL.

 

 

1 Disponible aquí.

2 INEGI, Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENDIREH) 2016, en: INEGI, Hombres y mujeres en México 2018, México, 2018. Disponible aquí.

3 OADPRS, Cuaderno mensual de información estadística penitenciaria, 2019 y 2020.

4 WOLA, Mujeres encarceladas por delitos relacionados con drogas en América Latina: Lo que los números evidencian, noviembre de 2020, p. 12.

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