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El derecho olvidado
Por Asistencia Legal por los Derechos Humanos ASILEGAL
La defensa de derechos humanos no es selectiva ni negociable y, normalmente, encuentra su necesid... La defensa de derechos humanos no es selectiva ni negociable y, normalmente, encuentra su necesidad en los sectores más estigmatizados y olvidados de la sociedad, como lo son las personas en conflicto con la ley penal. Luchamos por darle voz a las mujeres olvidadas, las personas indígenas sin intérprete, las víctimas LGBTTTI de abusos y discriminación del Estado. Luchamos por el derecho de las y los olvidados. (Leer más)
Entre rejas y fosas: ¿dónde quedaron las mujeres durante la Guerra contra el Narco?
Culpables desde un inicio, detenidas arbitrariamente, arraigadas y torturadas, son procesadas y sentenciadas como si fueran los grandes capos de la droga en el país, independientemente si habían cometido conductas ilícitas o únicamente eran las madres, esposas, parejas, amigas o hijas de las personas involucradas.
Por Verónica Garzón Bonetti
9 de marzo, 2021
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El inicio de la Guerra contra el Narco significó, entre otras cosas, un aumento significativo en los niveles de violencia e inseguridad en todo el país, una presencia militar incesante en las calles, y un régimen particular de excepción que cobijó y encubrió todo tipo de ilegalidades por parte del Estado.

Para las mujeres, todo lo anterior adquirió tintes particulares. Un tipo de violencia exclusivamente dirigido hacia las mujeres, fruto de todos los elementos que trajo la guerra.

Las guerras -declaradas o no- y los conflictos armados internos resultan particularmente perniciosos para las mujeres: como reiteradamente ha enfatizado la ONU, son sus cuerpos los que se utilizan como moneda de cambio, forma de castigo, recompensa o medio para ejercer el poder. Es la cultura arraigada de propiedad e instrumentalización del cuerpo de las mujeres lo que facilita y acrecienta la violencia en su contra en los momentos de mayor inseguridad o conflicto en un país.

Esto se demuestra con el aumento de la violencia generalizada contra las mujeres en México, sobre todo en el número de víctimas de muertes violentas que, a partir de 2007, se disparó exponencialmente: de 1,089 pasó a 2,775 en 2012.1

El aumento de la violencia contra la mujer en estos contextos no es casualidad, sino que tiene una relación directa con la presencia tanto de organizaciones criminales, como de fuerzas armadas y cuerpos policiales instalados para combatirlas. Lo que sucedió en la Guerra contra el Narco fue que las mujeres eran víctimas de violencias cotidianas por todos los frentes. Por un lado, las mujeres se convierten en víctimas de la delincuencia organizada y la violencia que ejerce como parte de sus mecanismos de control y lucha territorial; y, por el otro, sus cuerpos viven la política criminal punitiva desplegada por el Gobierno Federal.

Cuando el crimen organizado me buscó

La creciente aparición de las organizaciones criminales que se venía gestando antes de la declaratoria de guerra se aprovechó de la situación de desventaja económica y social que tienen las mujeres en la sociedad para utilizarlas a su favor. Esa desventaja estructural que les impide acceder al mercado laboral y tener un empleo remunerador en condiciones de igualdad, o que les impide tomar decisiones autónomas y libres sobre su vida y su cuerpo, es la que marcó el inicio de una serie de reclutamientos para realizar labores de alto riesgo.

Algunas mujeres fueron reclutadas para trabajos únicos, y otras prolongaron sus estancias para recibir las ventajas que venían con su participación. Halconas, mulas, transportadoras y vendedoras, todas ellas formaron parte del eslabón más bajo en la cadena de mando de las organizaciones delictivas. Reproduciendo las dinámicas laborales y sociales del exterior donde, sin voz ni voto, solo siguen las órdenes y deseos de los hombres a su mando.

A su vez, las mujeres fueron utilizadas también como objeto sexual, ya sea a manera de recompensa para los miembros o bien, a manera de castigo o represalia contra el enemigo. En estos tiempos la violencia sexual contra las mujeres fue utilizada como una táctica más de guerra, siendo sus cuerpos donde simbólicamente se deposita el bastión de la victoria y la vergüenza de la derrota.

En virtud de la posición de subordinación que tienen respecto de los miembros del crimen organizado, estas mujeres se convirtieron en la carne de cañón y fungieron como elementos desechables en sacrificio del bienestar y supervivencia de la organización. Al ser las más expuestas por sus trabajos de alto riesgo, son ellas quienes son detenidas y encarceladas por el Estado.

Cuando el Estado me encontró

Uno de los grandes errores que tiene la política criminal en México es el régimen de excepción que se creó únicamente con el fin de combatir la delincuencia organizada. Este régimen, en conjunto con las otras ilegalidades que abundan en el sistema de justicia, ha sido el calvario de las mujeres detenidas en el contexto de la Guerra contra el Narco. Quienes, por cierto, hoy siguen siendo víctimas de esas políticas: recordemos que el 49% de los delitos por los que están procesadas o sentenciadas las mujeres del fuero federal están relacionados con esta guerra.

Culpables desde un inicio, detenidas arbitrariamente, arraigadas y torturadas, son procesadas y sentenciadas como si fueran los grandes capos de la droga en el país, independientemente si habían cometido conductas ilícitas o únicamente eran las madres, esposas, parejas, amigas o hijas de las personas involucradas. De cualquier forma, estas mujeres no tienen oportunidad alguna de acceder a la justicia ni ejercer el resto de sus derechos.

A todos los presidentes que han dirigido el país desde entonces y las autoridades actuales, nos ponemos de pie ante los invisibles resultados que el régimen de excepción y criminalización de las mujeres han traído. Sin lugar a duda, ahora México está más seguro después del encarcelamiento de esas mujeres que, por 1,000 pesos, transportaron 10 kilos de mariguana de Tijuana a Tamaulipas para tener comida en la mesa. Mientras tanto, grandes personajes como Cienfuegos o Salgado Macedonio viven la impunidad que el gobierno les otorga a unos cuantos -hombres-. Vergüenza.

Estas mujeres, despojadas de todo lo que son y de las posibilidades de libertad, no les queda más que vivir el abandono y la violencia de las cárceles; vivir en las cimentaciones que el sistema de justicia machista ha construido para ellas: “Con dos hijos, un trabajo como costurera que no me da más de 800 pesos a la semana y la necesidad de pagar una operación de glaucoma para mi mamá, dime tú, ¿qué va a hacer uno? ¿qué va a hacer?”

* Verónica Garzón Bonetti es coordinadora de incidencia de ASILEGAL.

 

 

1 INMUJERES, La violencia feminicida en México: aproximaciones y tendencias, 2020, p. 28

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