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El derecho olvidado
Por Asistencia Legal por los Derechos Humanos ASILEGAL
La defensa de derechos humanos no es selectiva ni negociable y, normalmente, encuentra su necesid... La defensa de derechos humanos no es selectiva ni negociable y, normalmente, encuentra su necesidad en los sectores más estigmatizados y olvidados de la sociedad, como lo son las personas en conflicto con la ley penal. Luchamos por darle voz a las mujeres olvidadas, las personas indígenas sin intérprete, las víctimas LGBTTTI de abusos y discriminación del Estado. Luchamos por el derecho de las y los olvidados. (Leer más)
¿Qué hacemos los de afuera?
De acuerdo con lo establecido en la ley y la doctrina, la privación de la libertad como pena pretende ser una sanción que además busca la reinserción social del individuo; sin embargo, dichos objetivos no se logran cumplir debido al hacinamiento, las precarias condiciones de internamiento y la ausencia de planes de reinserción entre otras causas. Lo único que sí pasa es la continuidad de los círculos de delincuencia.
Por Luis Duran
6 de diciembre, 2021
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Con relación a la vida en prisión parece que existen dos mundos o realidades que nunca se tocan, aunque estén necesaria y permanentemente vinculados. Uno de esos mundos es el que transcurre intramuros: la vida adentro. Es el tiempo por cada hora del día de cada condena de una persona privada de libertad. Las tristezas, extorsiones, listas, violencias, escaseces, incertidumbres, angustias, sueños, amistades, solidaridades y aprendizajes.

El otro mundo sucede afuera; el que quiere venganza, el que está harto de la inseguridad, el que exige justicia, el que critica al gobierno, el que sataniza la pobreza, el que condena sin pruebas, el que excluye, el que se crece en el anonimato, el que roba al vulnerable, el que lucra con la salud.

La prisión representa la imposición de un nuevo modo de vida. El ser humano se constituye en creador e intérprete de su medio y busca permanentemente superar aquella imposición utilizando como medio su pensamiento e ingenio, con el fin de sentirse en algún momento libre. En este espacio se crea una organización con jerarquías y códigos no escritos que debe ser observada por los que no quieren tener una represalia de los que mandan adentro y no son la autoridad.

En prisión también se puede ver el afecto y apego por aquellos objetos que significan lo privado, lo íntimo, lo único que les pertenece. La privacidad se reconfigura en un espacio permanentemente vigilado, donde el lenguaje cifrado cobra importancia y se convierte en su aliado. La obtención de herramientas tecnológicas les permiten establecer un diálogo con el exterior, con lo que consiguen seguir sintiéndose parte de la vida que se desarrolla detrás de los muros y fortalece la relación entre la sociedad libre y la sociedad recluida, reproduciéndose en el interior las condiciones del exterior, a pesar de tener ritmo y dinámica propios.

De acuerdo con lo establecido en la ley y la doctrina, la privación de la libertad como pena pretende ser una sanción que además busca la reinserción social del individuo; sin embargo, dichos objetivos no se logran cumplir debido al hacinamiento, las precarias condiciones de internamiento y la ausencia de planes de reinserción entre otras causas. Lo único que sí pasa es la continuidad de los círculos de delincuencia.

Por ello es necesario reconocer la relación y el diálogo que existe entre la sociedad conformada por las personas privadas de libertad y la sociedad libre, en el entendido de que es esta última la que en su momento creó a la primera. No obstante se han construido en espacios que histórica e inconscientemente han sido vistos como la otredad, como el lugar común de sus miedos y preocupaciones.

Hay voces que afirman que nada existe fuera del espacio, sino en él, con él, mediante él y en relación con él; que éste se encuentra indefectiblemente asociado al tiempo, por lo que tanto uno como el otro, son determinantes para su existencia, definición y conocimiento recíproco. El espacio-tiempo es una relación que representa con claridad lo que hay entre la sociedad de adentro y la de afuera, ambos son continente y contenido de forma simultánea, pero no lo vemos reconocemos ni negamos.

Como un territorio lejano, la cárcel se fragmenta en pequeñas áreas de poder y dominación, los más poderosos se convierten en pequeños tiranos líderes de los más débiles o desfavorecidos como también sucede en la vida en libertad. El que quiera vivir tranquilo en prisión debe defender su territorio de cualquier forma, hace respetar su espacio y lugar con lo que se obtiene respeto y reconocimiento como afuera.

Desde la sociedad, los de afuera, debemos reconocer estas circunstancias y comprender que las personas privadas de libertad están enfrentando un procedimiento que va a determinar su responsabilidad en la comisión de un delito o ya tienen una sentencia condenatoria, por lo tanto, están sujetos a un régimen especial y eventualmente volverán en libertad a la sociedad.

En conclusión y en congruencia con la definición del término reinserción social, este regreso debe contar con las herramientas y oportunidades suficientes para no volver a delinquir, las cuales deben ser proporcionadas en coparticipación por el Estado y la sociedad. Sin embargo, en lugar de construir puentes que hagan menos impactante el regreso a la sociedad, desafortunadamente hemos hecho más complicado el regreso señalando, discriminando y quitando oportunidades a los que están retornando a una vida en libertad.

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@Asilegalmx

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