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El derecho olvidado
Por Asistencia Legal por los Derechos Humanos ASILEGAL
La defensa de derechos humanos no es selectiva ni negociable y, normalmente, encuentra su necesid... La defensa de derechos humanos no es selectiva ni negociable y, normalmente, encuentra su necesidad en los sectores más estigmatizados y olvidados de la sociedad, como lo son las personas en conflicto con la ley penal. Luchamos por darle voz a las mujeres olvidadas, las personas indígenas sin intérprete, las víctimas LGBTTTI de abusos y discriminación del Estado. Luchamos por el derecho de las y los olvidados. (Leer más)
¿Qué hay en la cárcel?
La infraestructura, el personal, los recursos materiales, el presupuesto y la legislación de los Sistemas Penitenciario y de Ejecución Penal sólo tienen sentido alrededor de la persona que se encuentra privada de la libertad por haber sido imputada o sentenciada por una conducta delictiva.
Por Luis Durán
7 de abril, 2021
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Bote pronto, la respuesta lógica es que hay delincuentes, pero hay más. De acuerdo con una idea popular, en un centro penitenciario coexisten, otras cosas, corrupción, adicciones, abusos, violencia, desorden, suciedad, pobreza, riqueza, etcétera. Todas estas condiciones son factores que inhiben el cumplimiento de la pena, que debería ser la reinserción social, según lo dispuesto en el artículo 18 Constitucional.

Pero debemos saber que también hay personas: personas que sienten, piensan, quieren, anhelan, sufren, buscan, necesitan, viven. Aunque históricamente no se le haya dado este enfoque, hay que pensar que es a ellas a las que está dedicado todo lo que implican los Sistemas Penitenciario y de Ejecución Penal. La infraestructura, el personal, los recursos materiales, el presupuesto y la legislación en la materia solamente tienen sentido alrededor de la persona que se encuentra privada de la libertad por haber sido imputada o sentenciada por una conducta delictiva. Esto quiere decir que todo lo pensado, construido y realizado debe servir para ellos, para atenderlos y reinsertarlos a la sociedad de una forma eficaz.

Si hablamos del Sistema Educativo o del Sistema de Salud, podemos describir que están constituidos con el fin primordial de servir y atender a las personas que, de cualquier forma, necesitan su servicio y a las que dedican sus recursos y esfuerzos para alcanzar el fin que le da sentido a su existencia. Este fin se erige como un derecho humano consagrado en las leyes de mayor jerarquía de nuestro país, lo que obliga al Estado a respetarlo, protegerlo, garantizarlo y promoverlo.

De la misma forma debe ser tratado el Sistema Penitenciario, dado que está constituido para lograr el cumplimiento de un fin específico considerado en la Constitución como un derecho humano. Sin embargo, mientras en diferentes periodos de la administración pública se ha anunciado la cobertura nacional en educación y salud, nunca se ha dicho lo mismo del Sistema de Penitenciario Nacional, como consecuencia del dolor que éste le provoca a la sociedad.

A toda acción corresponde una reacción de la misma intensidad, pero en sentido opuesto. Es una de las reglas de la física, que indica que existe una relación entre la reacción y la acción que la originó. Así, cuando a una persona le duele ver algo, como reacción, se tapa los ojos o los cierra, intentando engañar a la mente con el mensaje de que, si no lo ve, no existe y si no existe, no le duele.

“Ojos que no ven, corazón que no siente” para las cárceles en nuestro adolorido México. La sociedad no las ve porque le representan tanto dolor, que prefiere cerrar los ojos para pensar que no existen y de esta forma que no le duelan.

Con este proceso, además de evitar el dolor, también se evita la atención y el reconocimiento de la responsabilidad de su atención, generando las condiciones en las que actualmente se encuentra el Sistema Penitenciario del país. Condiciones en las que, en la mayoría de los casos, los centros de reclusión no tienen una arquitectura adecuada o está desgastada por años de uso; tampoco existe personal suficiente y el que hay, generalmente, no está debidamente preparado ni motivado con condiciones laborales dignas. De la misma forma, el presupuesto destinado para la operación y desarrollo del mismo, es destinado a otros fines o simplemente no es considerado en la planeación del ejercicio fiscal correspondiente.

En las cárceles también hay un olor característico, un punzante aroma que se percibe como una mezcla de tristeza, pobreza, enojo, injusticia, miedo y dolor. La combinación de todo eso es a lo que huele la cárcel, con algún distintivo en cada una, pero con todo lo demás en todas.

Desde una perspectiva práctica y humanista, habrá que poner atención a todas estas emociones que impregnan el ambiente de estos lugares, para conseguir el interés de la sociedad en ellos, con el fin de exigirle a la autoridad que les proporciones el mismo trato que a los demás sistemas, que han sido creados para atender una necesidad social y de esta manera cumplir con el derecho humano a la reinserción social.

Aunque pueda ser difícil de creer para algunos, también hay cosas buenas en prisión, pero eso será materia de otra entrega.

* Luis Durán es especialistas en sistemas penitenciarios y colaborador externo de @AsilegalMx.

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