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El derecho olvidado
Por Asistencia Legal por los Derechos Humanos ASILEGAL
La defensa de derechos humanos no es selectiva ni negociable y, normalmente, encuentra su necesid... La defensa de derechos humanos no es selectiva ni negociable y, normalmente, encuentra su necesidad en los sectores más estigmatizados y olvidados de la sociedad, como lo son las personas en conflicto con la ley penal. Luchamos por darle voz a las mujeres olvidadas, las personas indígenas sin intérprete, las víctimas LGBTTTI de abusos y discriminación del Estado. Luchamos por el derecho de las y los olvidados. (Leer más)
Reinserción social: el regreso a casa
En la etapa de definición de la persona recién liberada debe estar presente el Estado, con el fin de facilitarle la transición del cautiverio a la libertad, con orientación y apoyo psicológico, laboral, jurídico, económico y de cualquier naturaleza que requiera para hacer exitoso su retorno.
Por Luis Durán
20 de mayo, 2021
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El artículo 4 de la Ley Nacional de Ejecución Penal establece que la reinserción social es un principio rector del Sistema Penitenciario. La define como la restitución del pleno ejercicio de las libertades, tras el cumplimiento de una sanción o medida ejecutada con respeto a los derechos humanos. Sin embargo, debemos ser conscientes de que implica algo más profundo. Es un derecho humano de las personas privadas de la libertad y, por consiguiente, también es una obligación del Estado que se erige como custodio y ejecutor en la dinámica del encierro, pero también se constituye en garante de ese derecho. Es el momento en el que se materializa el retorno de la persona a la sociedad, a esa comunidad de donde fue separada por haber sido encontrada responsable de una conducta delictiva.

Cuando cualquier persona que está a la expectativa del día en el que se cumple una meta, se alcance un logro, llegue algún acontecimiento o simplemente se aproxime el día esperado, experimenta una mezcla de emociones en la víspera. A la persona privada de libertad le sucede lo mismo. Unos meses antes de su liberación planea y proyecta aspectos importantes de su vida, como el lugar en donde va a vivir, la actividad laboral que va a realizar, las personas con las que quiere estar, la forma de alejarse de la ocasión delictiva y conforme se va acercando la fecha, es frecuente que curse por episodios de ansiedad y angustia, al enfrentarse a una circunstancia nueva o desconocida.

De acuerdo con el entrañable maestro Antonio Sánchez Galindo, una persona que alcanza la libertad después de haber estado privada o privado de ella algunos años, experimenta diferentes etapas que inciden en el éxito o fracaso de su retorno funcional a la sociedad.

En la etapa de euforia, la persona planea su vida en libertad, pretende regresar con su familia, busca la forma de recuperar las relaciones, el patrimonio y el tiempo perdidos.

En la etapa de depresión o desilusión, recibe el golpe de realidad; es en la que se da cuenta del abandono e indiferencia de las personas que pensaba que lo ayudarían a seguir adelante; ve que su familia continuó con su vida sin él y ahora ya no lo necesitan, es más, les pesa; cuando va en busca de trabajo, le piden un documento que certifique que no tiene antecedentes penales; tiene problemas para relacionarse con otras personas ya que no es fácil decir que pasó los últimos años de su vida en prisión, porque lo señalan y se alejan.

La etapa de decisión se caracteriza por el momento en el que posiblemente el único grupo que le ofrece un lugar para dormir y alimentarse es el mismo al que pertenecía cuando cometió el delito, pero este apoyo es condicionado a que regrese a la actividad delictiva con ellos, entonces se enfrenta a un dilema.

La última es la etapa de definición, que consiste en tomar la decisión de volver al camino del delito, convirtiéndose así en una persona reincidente o habitual, o decidir alejarse de los sitios y personas que lo animan a delinquir, en cuyo caso se estaría hablando de una reinserción efectiva del sujeto a la sociedad.

En este camino debe estar presente el Estado, con el fin de facilitarle la transición del cautiverio a la libertad, con orientación y apoyo psicológico, laboral, jurídico, económico y de cualquier naturaleza que requiera para hacer exitoso su retorno.

La Ley Nacional de Ejecución Penal contiene un artículo que hace referencia a los servicios postpenales; es el último, que dispone que las autoridades del Estado deberán coordinarse con el fin de establecer centros de atención postpenal, para prestar a las personas liberadas y a sus familiares el apoyo necesario para facilitar la reinserción social, procurar su vida digna y prevenir la reincidencia. Menciona también que a través de los servicios postpenales se buscará fomentar la creación y promoción de espacios de orientación, apoyo y desarrollo personal, laboral, cultural, educativo, social y de capacitación, a fin de facilitar la reinserción social. Concluye atribuyéndole también al Estado la carga de promover en la sociedad la cultura de aceptación de las personas liberadas.

Desafortunadamente, en la gran mayoría de los casos esto no sucede. Se deja a la persona excarcelada en un estado vulnerable, liberándole incluso durante la madrugada, sin alguna forma de traslado al lugar al que decidió dirigirse, sin dinero para abordar algún transporte o, en su caso, para hospedarse y alimentarse.

Es importante considerar que todo el Sistema Penal tiene un final, que no siempre llega con el pronunciamiento de la sentencia, ya que si ésta es condenatoria y privativa de la libertad, empieza la etapa de ejecución, que concluye con la liberación de la persona, dando paso a la reinserción social. En este camino existen dos momentos igualmente trascendentes: uno es el de la privación de la libertad y el otro el del regreso a ella, por lo que es necesario y pertinente volver a ponernos frente al espejo, en el que se reflejan las imágenes de la sociedad y la prisión que mutuamente se reconocen.

* Luis Durán es especialistas en sistemas penitenciarios y colaborador externo de @AsilegalMx.

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