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El derecho olvidado
Por Asistencia Legal por los Derechos Humanos ASILEGAL
La defensa de derechos humanos no es selectiva ni negociable y, normalmente, encuentra su necesid... La defensa de derechos humanos no es selectiva ni negociable y, normalmente, encuentra su necesidad en los sectores más estigmatizados y olvidados de la sociedad, como lo son las personas en conflicto con la ley penal. Luchamos por darle voz a las mujeres olvidadas, las personas indígenas sin intérprete, las víctimas LGBTTTI de abusos y discriminación del Estado. Luchamos por el derecho de las y los olvidados. (Leer más)
Ser LGBTTTI en prisión: un infierno hecho de prejuicios, discriminación y tortura
Lejos de los reflectores y las campañas comerciales, de las libres expresiones de su identidad, de su propia realidad sexual, las personas LGBTTTI privadas de libertad son un grupo por el que falta mucho por librar.
Por Sergio Pérez Gavilán
30 de junio, 2021
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Las banderas de arcoíris ondean en junio, pero un grupo no está viendo sus colores

El 26 de junio se celebró la 43 marcha del orgullo en la capital del país. Miles de personas se dieron cita para recordar que los derechos no se piden, sino se exigen. Marchando por los caminos que otras, otros y otres han caminado para la liberación de la identidad y orientación sexual, las personas generaron un testamento de memoria, celebración y recordatorio que el movimiento a favor de los derechos LGBTTTI+, es decir, humanos, está más vigente que nunca.

Dentro de los miles de grupos y comunidades que se encuentran con las vulnerablidades de una identidad sexogenérica divergente, no obstante, hay grupos que permanecen en el olvido. Lejos de los reflectores y las campañas comerciales, de las libres expresiones de su identidad, de su propia realidad sexual, las personas LGBTTTI privadas de libertad son un grupo por el que falta mucho por librar.

A través de la construcción del reportaje Entre los últimos círculos del infierno: Ser LGBTTTI en Prisión, en ASILEGAL se busca generar una narrativa que ponga a todas las personas de la comunidad en conflicto con la ley penal al frente y al centro. Desde las conflictivas realidades a las que se enfrentan a la niñez, el inicio de la adultez regularmente en las calles o en contextos de violencia extrema, hasta que por necesidad, falta de oportunidad o un juicio deprovisto de herramientas, caen en el sistema penitenciario. Ello, con los obstáculos específicos, vengativos y en ocasiones crueles que se tienen con las personas de pocas posibilidades económicas y sociales al enfrentarse al sistema de justicia.

La realidad de las personas que se identifican bajo las siglas LGBTTTI dentro de prisión se configura desde tiempo antes, “como escalones, esta condición de vulnerabilidades acumuladas: calle, violencia, VIH, cárcel, afectaciones mentales por drogadicción, etcétera”, según comentó Georgina Gutiérrez, directora de asociación civil Ciudadanía Positiva quien lleva más de 20 años luchando por los derechos sexuales y reproductivos al interior de las prisiones de la CDMX.

Al paso de los años, después, cuando las personas se encuentran en posiciones de extrema vulnerabilidad, sin acceso a medicamentos necesarios para su desarrollo y su salud como portadores de alguna enfermedad derivada del trabajo sexual o vivir en las calles, el silencio e ignominia de las autoridades. Tal y como lo comentó David Alborez, director del programa de sexualidad y VIH de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, quien en la práctica ha podido comprobar que si bien pueden haber pronunciamientos y recomendiaciones, autoridades a lo largo y ancho de la república simplemente prefieren hacer caso omiso: “En alguna ocasión lanzamos un comunicado para tratar los temas de matrimonio entre personas del mismo sexo en el Congreso de Querétaro y ellos se atrevieron a decir: ‘No, eso aquí no, tu recomendación no la voy a atender, a ver oblígame’, hay un descaro impresionante y si jalamos todos los hilitos encontraremos muchísimas cosas más”, dijo, haciendo énfasis en que no era la primera ni última vez que se enfrentaría una negligencia voluntaria por parte del servicio público. Comprobable además no solo por las afectaciones que generan en la población, sino por la misma falta de conocimiento de cuántas personas LGBTTTI se encuentran en necesidad de algún servicio del Estado.

Todo esto, sin obviar que la falta de mecanismos institucionales hacen particularmente dura la vida en reclusión de las personas trans. Ellas son un jaque al sistema penitenciario desde el mero hecho de no cumplir con la norma binaria de prisión: varonil o femenil. En entrevista con Daniela Vázquez, subdirectora de la asociación civil Almas Cautivas, la cual se enfoca en apoyar a las personas trans en privación de libertad,  nos comentó que las personas trans aun se tratan con criterios completamente subjetivos, de esta manera afectando su reinserción social: “asumimos que todas las orientaciones sexuales, todas las identificaciones que no se ajustan a las identidades normativas, a la orientación sexual normativa, a la heterosexualidad, están mal. ¿Qué vamos a encontrar? Que justamente los operadores, las personas van a funcionar de manera y van a trabajar con base en estos prejuicios y estigmas, con base en una cultura discriminatoria que atenta contra los derechos de las personas LGBT+ privadas de la libertad por ser lesbianas, por ser gays, por ser afeminadas, por ser trans, por expresarse diferente de acuerdo con lo que se espera de su sexo o su género”. Además, comentando el efecto sobre la psicología y cuerpos trans que tiene cuando se le niegan las hormonas y medicinas para seguir viviendo con su identidad sexogenérica: “Las personas trans con cambios corporales derivados de la ingesta de hormonas, cuando llegan a prisión y el sistema de salud no les provee estos medicamentos ni estas hormonas, su cuerpo retorna a su antiguo estado. Nosotras le llamamos efecto de doble prisión”.

Finalmente, las historias en carne propia de tres personas de las decenas que tuvimos la oportunidad de entrevistar para generar una serie de perfiles que si bien son individuales y subjetivos, hablan de una realidad universal que supera los barrotes de las prisiones de todo el mundo. La íntima conexión que se tiene culturalmente, como lo fue en el Infierno de Dante Alighieri entre la disrupción de la heteronorma y el castigo. Historias de resiliencia profunda que muestran que incluso dentro de los castigos más injustos, las personas no renuncian ni se remiten a dejar de creer en lo que son: Teodoro en busca de un trabajo que se le ha negado durante toda su privación de libertad por ser bisexual; Perla queriendo retomar su vida después de que unos policías le detuvieron bajo un delito menor que no cometió, pero sin poder salir a falta de recursos económicos; Mario que ha vivido desde los 18 años en prisión y fue mutilado cuando se le encontró llevando a cabo un ilícito, para después encontrar serenidad y fuerza en su propio camino como hombre trans.

Entre los últimos círculos del infierno: Ser LGBTTTI en Prisión es una realidad de la comunidad LGBT que no se ve durante las marchas, que se olvida durante los pronunciamientos de las marcas y de la clase política, pero que es real, existe, y está atacando directamente a los derechos de todas, todos y todes.

* Sergio Pérez Gavilán es periodista de investigación, colaborador de ASILEGAL.

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