Su nombre fue Tadeo
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
El derecho olvidado
Por Asistencia Legal por los Derechos Humanos ASILEGAL
La defensa de derechos humanos no es selectiva ni negociable y, normalmente, encuentra su necesid... La defensa de derechos humanos no es selectiva ni negociable y, normalmente, encuentra su necesidad en los sectores más estigmatizados y olvidados de la sociedad, como lo son las personas en conflicto con la ley penal. Luchamos por darle voz a las mujeres olvidadas, las personas indígenas sin intérprete, las víctimas LGBTTTI de abusos y discriminación del Estado. Luchamos por el derecho de las y los olvidados. (Leer más)
Su nombre fue Tadeo
¿Qué somos ahora que vivimos en el país que no le dio el “lujo” al bebé Tadeo —y a su mamá y papá—, de tener un sepulcro digno?
Por Sergio Pérez Gavilán
7 de abril, 2022
Comparte

Hace un par de semanas una mujer y un hombre enterraron a su bebé en un cementerio en Iztapalapa, Ciudad de México. Con el dolor que solo puede abstraer una madre o un padre después de perder a su hijo, dejaron el pequeño cuerpo en lo que debió ser su último paradero. No lo fue. Y los actos que lo llevaron días después a un penal en otro estado del país dejan un sendero de destrucción que probablemente no logremos terminar de abstraer.

Estos hechos, descritos en la investigación preeliminar de la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México arroja unos primeros indicios de lo que pudo haber ocurrido, añadiendo una bruma tintes de negros y rojos a una realidad que, por sí sola, cuesta trabajo nombrar.

Pero sí tiene nombre, y su nombre fue Tadeo. Un bebé que falleció en la Ciudad de México y fue transportado a Puebla como un bulto, sin nombre, sin reconocimiento de la mínima dignidad que le debe deparar a cualquier ser que perteneció a la especie humana. Su cuerpo fue encontrado en un basurero, y hay que moverse de esa oración para no tener que pensarla. Para evitar degustar los elementos que componen la tragedia que nos rodea. Para apartarse la realidad que nos somete y asfixia a cuentagotas mientras el sufrimiento de otros nos congela la piel de impotencia frenética por pensar que de algo así se puede salir. Que de esa oración de 7 palabras no se agota la experiencia de ser un mexicano en estos días. Y darse cuenta que no. No se agota pues la fuente no se cierra, sino se fragua con mil expresiones diferentes de un umbral de dolor tan intensamente ejercido que su única lucha, ahora, es luchar contra el cinismo: su nombre fue Tadeo y fue encontrado en el basurero de un penal.

Tenía 3 meses de edad y días de haber fallecido cuando se le recogió y metió al Centro de Reinserción Social de San Miguel en Puebla. Después, como sabemos, fue encontrado en un basurero. Entró, presumiblemente, como contrabando o en los brazos de un supuesto tío, padre, hermano, madre o abuela. Su cuerpo, llevado al grado de cosificación más despreciable, tenía una función. Y la instrumentalización de ese pequeño cuerpo, describe más de lo que ya estamos dispuestos a aceptar.

En el momento en el que se ejecuta esta objetificación de su cuerpo, todos perdimos, una vez más, una fracción de la humanidad que nos hermana. La condición de las posibilidades que permitieron este atentado, por supuesto, señalan una maquinaria gigantesca que ataca con violencia la mera comprensión que tenemos de nosotros mismos. ¿Qué somos ahora que vivimos en el país que no le dio el “lujo” a Tadeo —y a su mamá y papá—, de tener un sepulcro digno?

Ellos, sus padres, tras enterarse de la noticia y las particularidades del cuerpo de su bebé, después de que un noticiero filtrara la identidad completa del pequeño, regresaron al panteón. Esta vez recibieron amenazas y fueron testigos de que la exhumación del cuerpo de su bebé se hizo sin su voluntad o consentimiento; la maquinaria de corrupción que atañe todas y cada una de las partes del aparato estatal que nos gobierna ya se había echado a andar, en su contra. Al cabo de unos días y gracias al esfuerzo colectivo de la sociedad civil y de personas cercanas al caso, pudieron recuperar el cuerpo de su pequeño. Sin embargo, hablar de justicia o reparación para algo de este talante ya es imposible.

Del otro lado de esa misma moneda, los usuales sospechosos que azotan un sistema penitenciario rebasado, cruel e ineficiente dan la cara de la que la sociedad civil ha hablado hasta el cansancio. Se puede hablar de cifras como los números de autogobierno en las prisiones de Puebla y del país, visibles en la Encuesta Nacional de la Población Privada de Libertad (ENPOL 2021), o tal vez de la falta de acceso a espacios de maternidad en reclusión, o incluso la omisión de mecanismos de control de acceso en ciertos centros penitenciarios, pero los números en esta ocasión parecen insensatos ya que ellos señalan, pero no nos nombran.

El nombre es el primer reconocimiento de nuestra identidad, una palabra a la que nos habituamos por fuerza de costumbre. Por el paso de días y años escuchando esa misma palabra que nos refuerza el sentido de pertenencia a nuestro entorno, ¿qué pasaría si de pronto nos lo cambiaran por uno nuevo? Pues ya no es necesario imaginar, porque fue precisamente eso lo que sucedió. Su nombre fue Tadeo y también es el nuestro. Nuestra patria y bandera se llaman Tadeo, nuestra política, los ataques a los periodistas y mujeres se llaman Tadeo, nuestro sistema penitenciario y el aparato de “justicia” se llaman Tadeo. Nuestra convergencia en estos sucesos nos cambió el rostro para siempre.

Podremos ahogarnos en la incomodidad de un nombre que sentimos que no nos pertenece, pero en el fondo ya lo sabemos: nuestro nombre es Tadeo porque esta tragedia tiene como conclusión alterar nuestras entrañas hasta quedarnos sin una identidad a la qué aferrarnos. El despreciable sinsentido de un acto tan barbárico solo deja la destrucción de lo más preciado en su camino.

@Asilegalmx

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.