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El dispensario. Diálogo sobre drogas.
Por PPD CIDE
El Programa de Política de Drogas del CIDE es un espacio académico interdisciplinario cuyo obje... El Programa de Política de Drogas del CIDE es un espacio académico interdisciplinario cuyo objetivo es estudiar el fenómeno de las drogas, la política de drogas y sus consecuencias. Este es su blog. (Leer más)
Consumir drogas no es lo mismo para hombres y mujeres
Mientras que socialmente es aceptado el consumo en los hombres (salvo en los casos de adicción), en mujeres es prácticamente inaceptable y duramente reprochado o sancionado, puesto que supone una transgresión al rol de cuidadora, que se asume incluso desde etapas tempranas del ciclo vital (como la adolescencia).
Por Carolina Pinzón
18 de abril, 2020
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“Los problemas que presentan las mujeres que consumen sustancias psicoactivas tienen una mayor gravedad. Algunas sustancias psicoactivas tienen mayor impacto en sus cuerpos y no logran acceder a una atención específica debido a que tienen menos apoyo social y familiar; tienen mayores responsabilidades familiares y, además, los tratamientos pueden suponer un riesgo de retirada de la custodia de sus hijos”.

 

El sexo y el género tienen diferentes implicaciones en la salud, sin embargo, son pocas las investigaciones enfocadas en estudiar la influencia de éstos en el abordaje del fenómeno de consumo de sustancias psicoactivas, por lo que se sabe muy poco sobre la situación diferencial en hombres y mujeres. A pesar de que la perspectiva tradicional de roles de género, donde la mujer se asocia con el hogar y la familia mientras que el hombre con la vida pública y el trabajo productivo, ya no está vigente, las dinámicas de consumo de drogas siguen siendo interpretadas desde un único modelo: el masculino, considerando que las mujeres tienen patrones de conducta similares, lo que indudablemente impacta el abordaje tanto en la prevención del uso de sustancias como en el tratamiento de los consumos problemáticos y los trastornos adictivos.

Las principales diferencias entre hombres y mujeres que influencian las dinámicas de consumo son:

  • Biológicas: el peso, la estatura, la fuerza, el funcionamiento hormonal, el funcionamiento cerebral y las respuestas fisiológicas frente a las drogas.
  • Psicológicas: factores de crianza y educativos (entrenamiento en determinadas habilidades enfocadas en concentración, orientación, habilidades verbales y cognitivas, memoria, capacidad de aprendizaje, etc), el temperamento y los rasgos de personalidad.
  • Sociales: roles sociales y niveles de reconocimiento y valoración social, participación y poder.

Hoy en día sabemos que tanto hombres como mujeres consumen sustancias psicoactivas. No obstante, según Sánchez (2017), los efectos de las sustancias no son los mismos en ambos, por esta razón y teniendo en cuenta que el significado social del consumo es también diferente en cada caso, las dinámicas de consumo y la evolución de los trastornos adictivos son diferentes.

Veamos estas premisas con detenimiento:

Tanto hombres como mujeres consumen sustancias psicoactivas:

Según el Informe Mundial sobre Drogas, se calcula que unos 275 millones de personas, es decir, alrededor del 5% de la población adulta mundial consume drogas. Siendo más alta la tasa de consumo en población masculina para la mayoría de las sustancias psicoactivas a excepción de los tranquilizantes, que parecen tener una tasa de uso mayor en la población femenina.

Los efectos del consumo de sustancias son diferentes para hombres y mujeres:

Como se evidencia en el artículo “Efectos de algunas sustancias psicoactivas específicos en las mujeres”, aunque los consumos de drogas son menos frecuentes entre las mujeres, la investigación científica ha evidenciado que son más vulnerables a los efectos de ciertas sustancias como el tabaco, el alcohol, la marihuana, los tranquilizantes, la cocaína y la heroína (Sánchez, 2017).

Socialmente consumir sustancias psicoactivas no significa lo mismo para hombres y para mujeres:

Mientras que socialmente es aceptado el consumo en los hombres (salvo en los casos de adicción), en mujeres es prácticamente inaceptable y duramente reprochado o sancionado, puesto que supone una transgresión al rol de cuidadora, que se asume incluso desde etapas tempranas del ciclo vital (como la adolescencia). Esto se convierte en un problema mayor para las mujeres, puesto que se evidencia un retraso en la solicitud de orientación y apoyo para superar los problemas de consumo.

Hasta comienzos de los años setenta, el consumo de drogas como alcohol y tabaco se relacionaba únicamente con la población adulta masculina, sin embargo, la lucha por la igualdad de género causó un cambio en estas dinámicas haciendo que las mujeres adquirieran conductas de propensión consideradas como típicamente masculinas, lo que se tradujo en el aumento de las tasas de consumo. Este aumento hoy en día se evidencia también en población femenina adolescente.

Estos factores hacen que las dinámicas de consumo y la evolución de los trastornos adictivos sea diferente en cada caso:

Como lo describe Sánchez (2017) las investigaciones han permitido concluir que el comienzo del consumo de drogas es más tardío en mujeres, además estas consumen menos cantidades que los hombres y se inclinan más por sustancias legales como el alcohol o los medicamentos psiquiátricos, aunque los usen sin receta médica; sin embargo, los trastornos físicos y psiquiátricos derivados de estos consumos son más frecuentes y graves, ya que progresan más rápidamente y son de mayor severidad.

El porcentaje de mujeres con problemas de abuso o dependencia de las drogas es significativamente menor que el de hombres, sin embargo, a pesar de que los problemas que presentan las mujeres tienen una mayor gravedad, no logran acceder a una atención específica, debido a que tienen menos apoyo social y familiar, mayores responsabilidades familiares y además los tratamientos pueden suponer un riesgo de retirada de la custodia de sus hijos, esto hace que la evolución en el tratamiento de los consumos problemáticos y las adicciones sea menos favorable puesto que muchos servicios asistenciales no están adaptados a sus necesidades particulares, además de que hay mayor presión familiar.

Por otro lado, las mujeres sufren de manera singular el impacto de las drogas en la actividad reproductora, así mismo, tienen mayor probabilidad de tener historia de abuso físico o sexual, intentos de suicidios, a sufrir malos tratos físicos o psicológicos a manos de su pareja, más problemas familiares, laborales y económicos que los hombres.

Ahora bien, mujeres y hombres no consumen drogas por las mismas motivaciones:

Existen factores de riesgo que favorecen el inicio del consumo de drogas, o su continuidad, específicos para hombres y mujeres. Algunos de los factores de riesgo diferenciales que se han encontrado en las mujeres son:

  • Individuales: Presencia de trastornos afectivos de tipo depresivo, baja autoestima, estrés y ansiedad (consumir para reducirlos), tristeza y frustración, soledad, necesidad de superar la timidez y mejorar la sociabilidad, abusos sexuales en la infancia o la adolescencia, dependencia a la pareja, codependencia a la pareja (cuando es consumidora de drogas), presencia de trastornos alimentarios (especialmente de bulimia), insatisfacción con las relaciones afectivas y sexuales, insatisfacción personal e imposibilidad de cubrir ideales femeninos de género y las auto-exigencias que se derivan del mismo (belleza, bondad, maternidad, etc.).
  • Familiares: presencia de patologías mentales en la familia, presencia de padre/madre consumidores de drogas, problemas de alcoholismo u otras drogodependencias en la familia, pareja consumidora de drogas, desintegración familiar y/o ruptura de lazos con la familia, pérdida traumática de familiares, conflictos de pareja y familiares, separaciones o divorcios violencia familiar y/o de género, distanciamiento emocional de los padres, débiles vínculos afectivos, estilo educativo autoritario.
  • Sociales: relación con personas consumidoras de drogas, sensación de sobreexigencia o sobrecarga física y emocional derivada del trabajo dentro y fuera del hogar, ausencia de espacios de realización personal y falta de oportunidades para el desarrollo personal, aislamiento social, ausencia de participación social, presión ejercida por la publicidad sobre las mujeres para que imiten los hábitos de consumo de tabaco y alcohol masculinos, temor al rechazo social si no participan de los consumos.

*Tenga en cuenta que estos factores no son exclusivos de las mujeres, pero inciden sobre ellas de forma diferenciada.

Igualmente, mujeres y hombres tienen diferentes motivaciones para no consumir sustancias; existen factores de protección que favorecen que el consumo de sustancias psicoactivas sea menor:

  • Las mujeres, incluidas las adolescentes, tienen una mayor percepción del riesgo asociado al consumo de drogas, lo que les permite desarrollar estrategias de control y evitación del uso y abuso de drogas.
  • Las mujeres atribuyen mayor valor a la salud, lo que hace que mantengan más autocuidados que los hombres.
  • El modelo tradicional parental ejerce mayor protección frente a las drogas a las mujeres, hay menos permisividad, mayor supervisión y control.

Se concluye entonces que las diferencias biológicas, psicológicas, sociales y culturales entre hombres y mujeres exigen estrategias adaptadas para intervenir en el consumo de drogas. Reconociendo que las políticas y estrategias de reducción de riesgos y daños no incluyen herramientas orientadas a la perspectiva de género, se hace necesario comprometerse con la desestigmatización del consumo de sustancias por parte de las mujeres, de forma que se derriben las barreras que tienen de acceso no sólo a tratamiento sino a información y orientación sobre el consumo.

* Carolina Pinzón (@deliberarorg) es psicóloga de la Pontificia Universidad Javeriana de Colombia, especialista en conductas adictivas, activista por los derechos de las personas que usan drogas y fundadora de #deliberar, una iniciativa de reducción de riesgos y daños en consumidores de drogas en Colombia.

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