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El Dispensario. Diálogo sobre Drogas.
Por PPD CIDE
El Programa de Política de Drogas del CIDE es un espacio académico interdisciplinario cuyo obje... El Programa de Política de Drogas del CIDE es un espacio académico interdisciplinario cuyo objetivo es estudiar el fenómeno de las drogas, la política de drogas y sus consecuencias. Este es su blog. (Leer más)
El desafío de la regulación de drogas en Venezuela
¿Cuál es la actuación de los actores sociales, políticos y económicos para regular la realidad de los jóvenes hombres entre 15 y 35 años que viven en sectores populares de Caracas? ¿Es realmente posible un escenario libre de drogas? ¿La situación actual es una oportunidad de transición o de continuación del prohibicionismo?
Por PPD CIDE
25 de marzo, 2019
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Por: Giorgina Cumarin

Héctor tomó una decisión valiente. Vive en el barrio San Miguel de la Cota 905, conocido también por ser uno de los impenetrables “corredores de la muerte” de Caracas debido a la presencia del crimen organizado por secuestros, robo de carros y narcotráfico. Héctor vive con su mamá y su hermana, su padre fue asesinado hace un par de años. Aun atravesando el complejo camino del duelo en un contexto lleno de violencia por la presencia de armas u operativos militares de exterminio de jóvenes, decide casi sin otra opción no continuar los estudios y emprender la aventura del empleo formal a través del programa “Vamos Convive” de la organización Caracas Mi Convive que busca brindar oportunidades de formación y oficios para jóvenes en situación de riesgo.

Es contratado por la panadería Danubio, una de las más famosas de Caracas por sus cachitos (pan de jamón) y postres. Se forma durante una pasantía de 3 meses en el arte de la cocina, conoce y hace nuevos amigos. Su mamá y los amigos de Héctor del barrio San Miguel están contentos de verlo, comentan que tiene un ánimo diferente desde que trabaja.

El desenlace de Héctor

Después de 5 meses en la Danubio, una situación de infortunio le ha cambiado la vida a Héctor. Ha sido encontrado con otros compañeros del trabajo hurtando algunos kilogramos de harina de trigo que significaron su despido inmediato.

Héctor ha decidido aislarse de los coordinadores del programa de Caracas Mi Convive y de los que eran sus tutores comunitarios. Ahora su círculo social es otro, se sabe que está involucrado con la banda del crimen organizado de su sector que domina el mercado del narcotráfico y que se ha adentrado en el consumo de drogas ilícitas.

Más que lamentar la situación de la realidad de Héctor, que es similar a la mayoría de los jóvenes hombres entre 15 y 35 años que viven en un sector popular de Caracas, es necesario preguntarse ¿cuál está siendo la actuación de los actores sociales, políticos y económicos para regular esta realidad?

Según infobae, Venezuela es uno de los países con mayores tasas de fallecimientos por consumo de drogas en términos absolutos con la cifra de 55,3 cada millón de habitantes. Y, aunque quizá no sea el que posee mayor tasa de consumo comparado con otros países de la región como México y Colombia, hay que detenerse a pensar porqué estamos posicionados con esta cifra cuando no somos reconocidos como un país productor.

Las políticas preventivas del socialismo del siglo XXI

Para el 2017 el Estado ha invertido aproximadamente 12.000 $ USD en el 2017 para programas de prevención del consumo de drogas en escuelas, conformaron 1.200 observatorios escolares y han alcanzado a más de 3 millones de personas a través de 37.094 actividades. El objetivo de estas medidas es reducir la amenaza del tráfico ilícito de drogas y lograr una Venezuela “libre de drogas”.

Pero ¿es posible tal escenario libre de drogas? Teniendo en cuenta que:

a) Durante décadas los países de América Latina que se rigen bajo políticas prohibicionistas no han logrado acabar con el narcotráfico y el consumo de sustancias ilícitas. Países que han sufrido de la guerra contra las drogas han aumentado significativamente las tasas de homicidios, en México durante el 2007 y 2011 tras las políticas de militarización contra el narcotráfico hubo más de 43.000 muertes producto de más de 30.000 eventos de ejecuciones (Atuesta, 2016).

b) Venezuela se ha convertido un país clave para el tráfico de drogas, según infobae “más de la mitad de la cocaína que llega a Europa sale de Venezuela” y la red de narcotráfico está conformada por generales de ejército, jueces, funcionarios, empresarios y traficantes de cárteles de Colombia y el país. En los centros penitenciarios, el delito del narcotráfico está por encima de los homicidios, según el Consejo Superior Penitenciario para el 2011, “de las 44.672 causas que tenían los 39.694 presos que había en el país, 14.142 (35,6 %) eran por robos, mientras que 9317 (23.4 %) estaban relacionados con hechos de narcotráfico y 9038 (22,7 %) con homicidios”.

c) La aproximación sobre del consumo de drogas de parte del Estado ha sido desde la perspectiva de la criminalización, la regulación por posesión de sustancias psicotrópicas ni siquiera definen estándares en la cantidad mínima de dosis permitida para uso personal. No existe posibilidad de cultivo individual bajo ninguna medida para evitar el trato con traficantes, pues la penalización por este acto puede ser entre 12 y 18 años de prisión. Si te capturan bajo posesión o consumo de drogas, la persona está obligada por ley a presentarse en un “centro de rehabilitación para practicarle exámenes médicos, psiquiátricos, sociales y psicológicos. Si se comprueba que el individuo es consumidor, la persona debe completar un proceso de rehabilitación y desintoxicación”. Es decir, no hay distinción alguna entre consumidores ocasionales, habituales o dependientes.

¿Oportunidad de transición o de continuación del prohibicionismo?

Ahora que en Venezuela existe una posibilidad de transición democrática, es necesario poner en palestra el debate público sobre cuáles serán las medidas que los políticos y representantes del gobierno de oposición.

Si hay alguna oportunidad de cuestionar, regular e implementar políticas diferentes es desde la perspectiva del problema de la seguridad ciudadana, el asunto del narcotráfico y la plaza de tránsito que representa el país para el mercado mundial. Pero cuáles serían los riesgos si este problema público solo se enfrenta desde la réplica de los países vecinos, haciendo la guerra contra las drogas y sesgando una realidad existente sobre el problema de salud pública y violación de derechos humanos de los consumidores.

El país tiene al menos 20 años de retroceso cuando la prioridad en la agenda pública y de los ciudadanos gira en torno a la hiperinflación, la crisis de alimentación, salud y seguridad ciudadana, pero no por eso las políticas de drogas tienen menos que ver con esto. Si bien hay una ola de organizaciones de la sociedad civil, políticos, organismos internacionales y ciudadanos atentos y dispuestos a desarrollar nuevos planes de recuperación de la nación, es imperante aprovechar la oportunidad para recuperar los años perdidos. El nuevo estado de transición debe asumir que mantenerse al margen del mercado de las drogas es dejar un vacío de poder para el narcotráfico y que acudir al prohibicionismo, la criminalización del consumo y la mano dura sería solo mantener el legado de la involución del socialismo del siglo XXI.

 

* Giorgina Cumarin es Gerente General de la organización venezolana Caracas Mi Convive.

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