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El Dispensario. Diálogo sobre Drogas.
Por PPD CIDE
El Programa de Política de Drogas del CIDE es un espacio académico interdisciplinario cuyo obje... El Programa de Política de Drogas del CIDE es un espacio académico interdisciplinario cuyo objetivo es estudiar el fenómeno de las drogas, la política de drogas y sus consecuencias. Este es su blog. (Leer más)
Las drogas, la Guardia y la Constitución
¿Cómo podemos explicar el incremento del protagonismo militar en la vida política del país más allá de la excusa de la guerra contra las drogas?
Por PPD CIDE
19 de febrero, 2019
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Por: Raúl Bejarano Romero

Poco tiempo después de haber asumido la presidencia de México, Felipe Calderón lanzó una campaña militar para evitar que las drogas llegaran a los niños, a pesar de que este no había sido tema durante su campaña. Una de las hipótesis más aceptadas entre los especialistas es que lo hizo para llamar a la unidad nacional en un país profundamente dividido después de una elección sumamente competida y cuestionada. Desde entonces, la participación de los militares en tareas de seguridad pública y su influencia en la toma de las decisiones fundamentales del país se fueron incrementando paulatinamente. ¿Cómo podemos explicar el incremento del protagonismo militar en la vida política del país más allá de la excusa de la guerra contra las drogas?

Doce años después de aquella elección sumamente competida y cuestionada, como candidato a la presidencia por tercera vez consecutiva, Andrés Manuel López Obrador propuso la creación de una Guardia Nacional, que no sería otra cosa que una policía militar. Una vez en el cargo, los diputados del partido que fundó el actual presidente aprobaron modificaciones a la Constitución para que las Fuerzas Armadas puedan participar en tareas de seguridad pública sin contravenir lo plasmado en la Constitución, que establece en su artículo 21 que en tiempos de paz los militares no podrán participar en tareas de seguridad pública. Los diputados de MORENA decidieron ignorar la evidencia que se ha acumulado en México y en el extranjero durante décadas, decidieron ignorar las recomendaciones de expertos, organizaciones no gubernamentales, organismos internacionales y a la misma SCJN, que declaró inconstitucional la participación de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad pública. De momento, parece ser que hay un solo ente al que los miembros de MORENA no han querido ignorar: el Ejército.

Para entender la sordera selectiva de los miembros de MORENA resulta útil la transcripción de una conferencia pronunciada a mediados del siglo XIX por el jurista prusiano, Ferdinand Lassalle. En ¿Qué es una Constitución?, Lasalle sugiere que una Constitución no es “el pacto jurado entre el Rey y el pueblo que establece los principios básicos de la legislación y del gobierno dentro de una país” ni “la ley fundamental proclamada para la organización del Derecho Público de una nación”. Para Lassalle, la verdadera esencia de una Constitución reside en “los factores reales de poder que rigen a una sociedad determinada”.

Lasalle ilustra este punto con la analogía del incendio. ¿Qué pasaría si un país quedase despojado de todas sus leyes en un incendio y no tuviese más remedio que elaborar otras nuevas? (recordemos que escribe a mediados del siglo XIX). ¿El legislador podría hacer las leyes que mejor le pareciesen a su libre albedrío? La respuesta es no, porque las élites, es decir, los factores reales de poder que rigen a esa sociedad, se opondrían. ¿Y cómo lo harían? Esencialmente por medio de las armas. Por ejemplo, si el legislador decidiera arrebatarle a la monarquía sus prerrogativas, el rey le diría: “Podrán estar destruidas las leyes, pero la realidad es que el Ejército me obedece; la realidad es que los comandantes de los arsenales y los cuarteles sacan a la calle a los cañones cuando yo lo mando y, apoyado en este poder efectivo, en los cañones y la bayonetas, no toleraré que me asignes más posición ni otras prerrogativas que las que yo quiera”.

En México, el ejército parecía sometido al poder civil desde 1946, cuando el pacto político del que surgió el PRI apartó a los militares de sus estructura central. Sin embargo, ante el desmoronamiento del régimen autoritario y el pretexto de la guerra contra las drogas que sacó a los militares de sus cuarteles en 2006, la Fuerzas Armadas aprovecharon su posición como factor real de poder que rige a la sociedad mexicana para ser, de nuevo, un actor deliberante.

Además de la inexorable postura del presidente en torno al papel del Ejército en tareas de seguridad pública, los legisladores de Morena han decidido cambiar de pronto su postura frente al traslado a Puebla de la fábrica de armas que actualmente se encuentra a Santa Fe, para que el ejército se beneficie económicamente de la urbanización del actual complejo armamentista, en detrimento de la calidad del aire en la Ciudad de México, y, por lo tanto, de todos sus habitantes. Asimismo, el hecho de que el presidente haya decidido entregar al ejército los contratos para la construcción del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México apunta en el sentido de un creciente involucramiento de las Fuerzas Armadas en las decisiones del país.

Todo esto sorprende poco, pero preocupa mucho. Adam Przeworski, uno de los politólogos más influyentes de la segunda mitad del siglo XX, cierra un texto reciente sobre democracia y conflicto armado, diciendo que siempre se ha preguntado ¿por qué personas armadas obedecerían a personas desarmadas? Aún no tenemos una respuesta universal para esta pregunta, pero, en todo caso, por eso resulta poco sorprendente que las personas armadas en México hagan cumplir sus caprichos, y se impongan ante nosotros, simples civiles desarmados, apoyados en el poder efectivo de los cañones y la bayonetas. Por otro lado, la creciente participación de los militares en tareas de seguridad preocupa mucho porque la evidencia demuestra que el efecto en la violencia es mayor cuando las Fuerzas Armadas participan en un enfrentamiento que cuando lo hacen las fuerzas civiles, y porque contamos con indicios de violaciones a los derechos humanos por parte de militares, los cuales se reflejan en muchos casos en denuncias concretas. Cierro con una frase que pronunció el experto en temas de seguridad, Ernesto López Portillo, durante las audiencias públicas sobre la Guardia Nacional: “Cada paso que den atrás los civiles, lo darán adelante los militares”.

 

* Raúl Bejarano ([email protected]) es asistente de investigación del Programa de Política de Drogas del CIDE. Es licenciado en Ciencia Política y Administración Pública por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y maestro en Ciencia Política por el CIDE. Anteriormente se desempeñó como asistente de investigación del director ejecutivo del Instituto por la Seguridad y la Democracia (INSYDE).

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