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El Dispensario. Diálogo sobre Drogas.
Por PPD CIDE
El Programa de Política de Drogas del CIDE es un espacio académico interdisciplinario cuyo obje... El Programa de Política de Drogas del CIDE es un espacio académico interdisciplinario cuyo objetivo es estudiar el fenómeno de las drogas, la política de drogas y sus consecuencias. Este es su blog. (Leer más)
Maternidad, uso de sustancias y reducción de riesgos y daños
Ser mujer-madre-usuaria de drogas supone múltiples posiciones de subordinación social que exponen a esta población a estigmas internalizados al punto de las conductas autopunitivas y del ocultamiento del consumo.
Por PPD CIDE
5 de marzo, 2019
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Por: Manuelita Diez

En los últimos años, en Argentina, comienza a visibilizarse un progresivo aumento del consumo de sustancias psicoactivas por parte de las mujeres que se encuentran transitando el embarazo y puerperio. Sin embargo, las intervenciones sociosanitarias no parecen considerar este incremento y aún cuando lo hacen, tienden a implementar tratamientos tradicionales diseñados en función de los patrones de consumos de una población típicamente masculina. Incluso en el caso de aquellas intervenciones que se desarrollan en el marco de la reducción de riesgos y daños, aparecen ciertas contradicciones, y es que allí donde debería considerarse a las usuarias como sujetos de derecho, se vislumbran posicionamientos paternalistas en relación al consumo y el ejercicio de la maternidad. El moralista y antinómico imaginario social que distingue a una buena de una mala madre opera en la producción de subjetividades y con ello, en la producción de conocimientos e intervenciones.

Queda de este modo delimitado un campo problemático complejo, en el que se entraman los procesos de subjetivación y los roles sociales, la producción de conocimiento y la intervención profesional. ¿Cómo se construye la otredad cuando es la categoría de género la que la define? ¿Qué consecuencias produce esto en los tratamientos de las mujeres-madres-usuarias de drogas? ¿Qué implica en este caso sostener que la reducción de riesgos y daños tiene su principal eje axiomático en una apuesta ética?

Las otras del placer

La producción histórica de las subjetividades femeninas occidentales se organiza en torno a “ser de un otro” -en detrimento de un “ser de sí”- a partir de la operatoria de tres mitos que definen contratos entre varones y mujeres. Entre estos mitos se reconocen: el del amor romántico, el de la pasividad erótica femenina y el de la equiparación entre mujer y madre. Este último se sostiene en el postulado del “instinto maternal”, mediante el cual se naturaliza el vínculo amoroso madre-hijo instaurando que deberán ser las mujeres -en particular las madres- quienes ejerzan el trabajo del cuidado, de manera invisible y no remunerada, solo por amor. Por lo tanto, ser madre en occidente es sinónimo de mujer abnegada y tolerante, pendiente prioritariamente del cuidado de los hijos. Este mito se efectiviza también en los discursos académicos, ya que gran parte de la bibliografía referida al uso de sustancias en mujeres, se centra más en los efectos que éste tiene sobre sus familiares más que en los que recaen sobre ellas mismas.

El segundo de los mitos, que aboga por una mujer cuya sexualidad se subordina al disfrute del varón, coloca en escena la dimensión del placer. Esta también aparece excluida de las producciones académicas, excepto cuando se la retoma en articulación con el tercero de los mitos. Así, si una usuaria-madre antepone su propio placer ante el cuidado de sus hijos, recaen sobre ella duras condenas sociales cuya forma extrema se expresa en los casos en que desde el Estado aparece la amenaza de perder la tenencia de sus hijos bajo el supuesto de que el consumo imposibilita la función de cuidado. Estas intervenciones suponen dos grandes obstáculos: por un lado, omitir la dimensión del placer implica hacer foco en la concepción que homologa droga a problema y por otro, entender que cualquier consumo inhabilita al ejercicio del cuidado materno supone una visión monolítica tanto de las drogas como de la maternidad.

Frente a esto es necesario plantear algunos quiebres:

1. Si bien las mujeres tenemos la capacidad para concebir, ser madre no se agota en el hecho de gestar, parir y/o cuidar;

2. No existe un único modo de maternar,

3. Incluir a la dimensión del placer implica considerar el recaudo de que formamos parte de una sociedad de gubernamentalidad, en la que el placer también puede funcionar como forma de control social gestionando el deseo en función de beneficios mercantiles, y

4. Una visión socio-política del problema de las drogas implica poner en el centro a la articulación entre sujeto-contexto-sustancia, considerando que los usos problemáticos resultan de la trama que se teje entre estos elementos y nunca de la sustancia en sí mísma. En este sentido es necesario sostener algunas tensiones y es que, por ejemplo, pueden darse usos de cannabis muy problemáticos para el ejercicio del cuidado o usos de la cocaína que no lo son y que resultan solidarios al ejercicio de la maternidad. En este sentido, ni el consumo de sustancias por parte de una madre implica necesariamente la vulneración de derechos del hijo, ni la separación del niño de su madre garantiza una restitución de derechos.

El jano bifronte de la ética

Sostener este tipo de tensiones implica desandar los procesos de medicalización, judicialización y victimización que en el campo del problema de las drogas invisibilizan la dimensión política de la cuestión, detrayendo a su uso de las condiciones estructurales que las (re)producen y burocratizando las intervenciones. Se trata de tres procesos que han operado como base de los tratamientos tradicionales pero que también se han replicado en la impronta de origen de la reducción de daños en Argentina, la cual fue condenada durante casi una década al lugar de una estrategia compensatoria para el abordaje del uso de drogas inyectables limitándola a la distribución de jeringas.

Sin embargo la reducción de riesgos y daños supone un marco conceptual y referencial que incluye políticas, programas e intervenciones que buscan reducir los riesgos asociados al uso de drogas entre personas que no quieren/pueden dejar de usarlas. Se trata de una apuesta ético-política que supone la ruptura con la base moral propia de las políticas e intervenciones prohibicionistas. Ser mujer-madre-usuaria supone múltiples posiciones de subordinación social que exponen a esta población a estigmas internalizados al punto de las conductas autopunitivas y del ocultamiento del consumo. Esto aumenta aún más la vulnerabilidad de las usuarias alejándolas no solo de los tratamientos sino también de las estadísticas.

Las mujeres-madres-usuarias se piensan a sí mismas como no merecedoras del acceso a la salud y los estudios cualitativos muestran que el inicio de los tratamientos responde las más de las veces al resguardo del embarazo y no de la propia salud. Reducir riesgos implica necesariamente considerar en nuestras intervenciones a los determinantes macropolíticos que condicionan las matrices de socialización de las mujeres-madres, entendiéndolas como sujetos situados e inmersos en prácticas colectivas, dignos de respeto, capaces de ejercer el autocuidado y la toma de decisiones. Se trata de considerar, desde una ética de las relaciones humanas, la operatoria de los determinantes sociales de la salud y desde una posición política la necesidad de construir intervenciones tendientes a la construcción de alternativas viables para que las mujeres-madres-usuarias puedan decidir acerca de su propio consumo sin tener que renunciar a sus hijos por ello. Sostener desde las intervenciones psicosociales el lugar idealizado de la maternidad nos condena al lugar de técnicos que despolitizan lo social. El ejercicio hegemónico de la maternidad requiere de ciertas condiciones materiales y sociales, pero esas condiciones ¿existen realmente? El mayor desafío de las intervenciones se encuentra en trabajar con mujeres reales y no con las madres de la ilusión que los relatos hegemónicos nos han impuesto.

 

* Manuelita Diez es becaria de investigación de la organización argentina Intercambios A. C.

 

 

Ana María Fernández, La mujer de la ilusión (Argentina: Paidós, 2002)

Martínez Oró y Pallarés Gómez . De riesgos y placeres: Manual para entender las drogas. (Barcelona: Milenio, 2013)

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