El virus de la guerra – los militares y el Covid-19 en América Latina
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El dispensario. Diálogo sobre drogas.
Por PPD CIDE
El Programa de Política de Drogas del CIDE es un espacio académico interdisciplinario cuyo obje... El Programa de Política de Drogas del CIDE es un espacio académico interdisciplinario cuyo objetivo es estudiar el fenómeno de las drogas, la política de drogas y sus consecuencias. Este es su blog. (Leer más)
El virus de la guerra – los militares y el Covid-19 en América Latina
La militarización sigue creciendo en América Latina en medio de la pandemia de Covid. Los militares que ya se hacen cargo de la seguridad pública en algunos países, también están asumiendo funciones relacionadas a la prevención del contagio y el control del cumplimento de las leyes de distanciamiento social.
Por Beatriz Teixeira dos Santos *
10 de julio, 2021
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Desde que empezó la pandemia de Covid-19 a finales de 2019 e inicio de 2020, se instauró una crisis de salud en todo el mundo. Así en la mayoría de los países de Latinoamérica hubo un incremento de las funciones de los militares para la gestión de la crisis y el control social respecto de las reglas de aislamiento social. Los doctores Igor Acácio y Anaís Medeiros informaron en su estudio las posibles consecuencias de un incremento de las actividades de los militares en países donde el control civil militar no está muy bien establecido. Así identificaron que en países como Chile, Bolivia, El Salvador, y Brasil, los militares asumen funciones que pueden tener riesgos para la democracia, como por ejemplo, estar en frente de las decisiones políticas para la gestión de la crisis sanitaria y el mantenimiento del orden público. Tenemos que tener en mente que además de la crisis de salud, la región también enfrenta una crisis económica donde el aumento del desempleo y la falta de renta son retos preocupantes y que ahora se suman a la crisis de salud por la pandemia.

Las Fuerzas Armadas, como en el caso mexicano, acabaron asumiendo un par de actividades extras además de las ya establecidas funciones en seguridad pública. También fueron designados por Andrés Manuel López Obrador para funciones de control social y de distanciamiento en las calles de las ciudades con fin de contener el virus, además de operaciones logísticas y de infraestructura como la construcción de un nuevo aeropuerto. En Chile, los carabineros asumen su papel en seguridad pública y vienen actuando también en el cumplimiento de las medidas de aislamiento social y toques de queda. En El Salvador el presidente Bukele despliega sus militares armados por las calles y recibe denuncias sobre uso excesivo de la fuerza y aplicación de medidas punitivas a las personas que no cumplen las reglas de distanciamiento.

El problema de utilizar a los militares para “combatir” el virus es que con armas no se combate un virus, ni se protege a las personas de contaminarse. Es necesario invertir en los sistemas de salud, y en programas que garantizan renta básica para que las personas consigan mantener sus empleos en línea y no tener que salir de sus casas y ponerse en riesgo para que tengan algo de comer al fin del día. Ya se sabe que en tiempos de crisis se alarman los problemas estructurales que enfrenta una sociedad, y en el contexto de los países latinos la pobreza, la desigualdad económica, el desempleo se profundiza y la debilidad de las instituciones para la contención de estas crisis acaba por llevar a la decisión de resolver problemas de manera militarizada. Ejemplo de porque las fuerzas armadas acaban asumiendo un par de funciones diversas.

El tema del control civil-militar en la región trae recuerdos de los terribles tiempos de las dictaduras y de los periodos de transición conturbados. Se debe pensar en la problemática de que los militares se valgan de la crisis del coronavirus para ganar aún más importancia política, asumiendo tantas funciones inclusive hasta el término del período de crisis. Debemos tener en mente que las instituciones militares no son famosas por prestar cuentas a la sociedad y son constantemente acusadas de corrupción y de violaciones de derechos humanos en sus actuaciones en temas de seguridad pública como en el caso de países como México, Brasil, Bolivia y otros.

La retórica de guerra contra el virus

Desde el inicio de la pandemia algunos líderes políticos, como es el caso del expresidente Donald Trump, hablaron de este momento como un desafío que tenía que ser enfrentado con seriedad, y para eso se utilizaron de la idea de que el virus era un nuevo “enemigo” a ser enfrentado. Así fue también con el trato de los trabajadores de la salud que están en la línea de frente en los hospitales alrededor del mundo, constantemente llamados de héroes, presume así la idea militarizada de que el virus es de hecho un enemigo. Sin disminuir la importancia de los trabajadores de la salud, es importante decir que ellos también necesitan cuidados y recursos para hacer su mejor servicio y salvar vidas. Por detrás de las mascarillas también hay personas de carne y hueso que son vulnerables, y no héroes. Este es un ejemplo más de que la gran parte de los sistemas e instituciones de los países latinoamericanos todavía no están preparados para pasar por tan desafiadora crisis, y acaban por delegar a los militares la tarea de solucionar problemas que no son militares, considerando la posición de prestigio social que tienen los militares y su preparación logística. Esto indica que necesitamos de reformas institucionales y estar atentos para las tareas que asumen los militares.

El ejército y la marina son, de hecho, esenciales en situaciones de emergencia de salud como en el caso de una pandemia. Por supuesto son ellos que tienen capacidades de operar la logística para el transporte rápido de materiales como respiradores, jeringas y vacunas por el territorio nacional, para hacer la protección de las fronteras y la contención del tránsito de personas. Son los militares que obtienen capacidades operativas para auxiliar a los servicios de salud. El problema es cuando asumen demasiadas funciones y actividades alejadas de su función principal, y que se convierten en más autonomía política y debilidad democrática.

Brasil representa un gran ejemplo de cómo los militares están cada vez ganando más importancia política. Asumieron, en el actual mandato del presidente Jair Bolsonaro, lugar de liderazgo en frente de varios ministerios como el de la salud, de la defensa y otros. Los militares ocupan, en Brasil, la mayor cantidad de cargos públicos en un gobierno desde los tiempos de la dictadura civil-militar en el país, estando en frente de la gestión de la pandemia y garantizando los presupuestos a las instituciones militares.

La gestión de la crisis en Brasil en el gobierno de Bolsonaro ha sido desastrosa desde el principio. Desde que el general de la activa Eduardo Pazuello, especialista en logística, fue nombrado para el ministerio de la salud demostró tener dificultad en la gestión de la crisis. A pesar de su especialidad en logística, no pudo resolver con maestría la cuestión de falta de oxígeno en el Estado de Manaus. Actualmente el general es investigado junto a otros miembros del gobierno por una comisión especial que analiza sus acciones ante la crisis de salud, hay sospechas que indican que él y otros miembros del ministerio intentaron implementar la teoría de inmunidad de rebaño en el estado de Manaus. Varias personas fallecieron sin acceso a oxígeno. En el período que el general estuvo al frente del ministerio de la salud, sustentó la idea de utilización del medicamento Cloroquina como tratamiento previo para la Covid.

Preocupante también está la cuestión de los hospitales militares, que en muchos casos cuando había camas vacías no recibieron pacientes civiles porque son exclusivos para uso de los militares. En medio del colapso del sistema de salud en Manaus, los dos hospitales de las Fuerzas Armadas no atendieron la población, aún contando que el ministerio de la Defensa destinó en el año de 2021, 3,7 millones de reales para preparar el hospital militar para la pandemia. Así como en otros asuntos que involucran a los militares, es difícil obtener transparencia en los datos sobre la ocupación de los hospitales militares.

La retórica de guerra indica, así como en la guerra contra las drogas, que hay un enemigo que debe ser combatido, y en este caso se piensa que nadie mejor que los militares. Pero no se puede estar en guerra contra una sustancia, así como no se puede estar en guerra contra un virus. Sin embargo, a los militares les caben funciones importantes para la contención de la crisis como por ejemplo actuar en las fronteras, en la logística de los materiales de salud. Pero es importante afirmar que la crisis no debe ser un momento para que los militares ganen aún más autonomía en sus tareas, sea en frente de ministerios o en cargos políticos de toma de decisiones, o en las calles. Los riesgos para las tan nuevas democracias de la región aumentan en un momento crítico de crisis de salud, y quienes perdemos, somos todos.

*Beatriz Teixeira dos Santos es internacionalista y estudiante de maestría en Relaciones Internacionales en la Universidad del Estado de Rio de Janeiro (UERJ). Es parte de la red AMASSURU, una red de mujeres que trabajan temas de Seguridad y Defensa en Latinoamérica y el Caribe.

Referencias:

  • Acácio, I., & Passos, A. M. (2020). The militarization of responses to COVID-19 in Democratic Latin America. Brazilian Journal of Public Administration.
  • Diamint, R. (2020). “Militarización, pandemia y democracia”, Fundación Friedrich Ebert.
  • Ortega, L. M. S. (2020). “Militarización y pandemia en el México del 2020”, Fundación Friedrich Ebert.
  • Campos, P.H.P. (2020). “A pandemia do coronavírus e a escalada do poder militar no Estado brasileiro”, Espaço e Economia.
  • Isacson, A. (2020). “ En América Latina, a causa del COVID-19 se está poniendo en riesgo alterar permanentemente las relaciones cívico-militares”, WOLA. Disponible en:https://www.wola.org/es/analisis/america-latina-covid-19-relaciones-civico-militares-policia/

 

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