La paradoja de la maternidad
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
El Foco
Por Data Cívica
En Data Cívica buscamos revelar datos que detonan cambios a través de la investigación, el des... En Data Cívica buscamos revelar datos que detonan cambios a través de la investigación, el desarrollo de tecnologías, la generación de contenidos y el fortalecimiento de capacidades. El foco es un espacio donde analizaremos temas que nos preocupan con una óptica distinta: cuantitativa pero humana. Buscamos volverlos claros y distinguibles. Prender el foco. (Leer más)
La paradoja de la maternidad
Mujeres con hijes son más agredidas por sus parejas que las mujeres sin hijes, y también son las que muestran más probabilidad de pedir ayuda.
Por Mariana Orozco y Georgina Jiménez
22 de abril, 2022
Comparte

En México, las mujeres casadas que son madres reportan más vivir violencia de pareja que quienes no lo son. De acuerdo con los datos de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2016, mientras el 21% de las madres reportan haber vivido violencia física por parte de sus parejas actuales, sólo el 17% de quienes no son madres reporta lo mismo. Del mismo modo, mientras el 41% de las mujeres madres han vivido violencia psicológica, el 37% de las mujeres que no son madres la ha vivido. Finalmente, en la violencia económica sucede lo mismo, el 24% de las madres y el 19% de las que no son madres reportan haber vivido este tipo de violencia.

Los datos de la ENDIREH coinciden con los hallazgos de la investigación cualitativa que realizamos en Data Cívica para el informe “Mi experiencia puede servir para que otras no tengan miedo”, publicado en el marco del proyecto “Hacia un entendimiento del feminicidio en Nuevo León”. 1 La evidencia cualitativa indica que alrededor de la crianza surgen agresiones por parte de las parejas hacía sus esposas, quienes, por su condición de género, son las encargadas de las tareas de cuidados. Mientras ellas las ejecutan, ellos vigilan y controlan que se realicen las actividades que permiten el sostenimiento y la reproducción de los hogares: cocinar, limpiar la vivienda, lavar la ropa y todo lo relacionado con el cuidado de los y las hijas. Esta vigilancia, como indica el personal operativo de Alternativas Pacíficas A.C., 2 se agudiza en los fines de semana y los periodos vacacionales, cuando las parejas están más presentes en el hogar, y conduce a que escale la violencia al grado de llamar al 911.

Según datos de la ENDIREH, la mayor prevalencia de la violencia entre mujeres con hijes se mantiene, e incluso se acentúa, cuando consideramos edad y escolaridad. Por ejemplo, las mujeres de mayor edad reportan más vivir violencia económica y física que las mujeres más jóvenes. No obstante, la brecha entre mujeres que son madres y las que no lo son permanece entre mujeres de la misma edad. Para algunos tipos de violencia, la brecha llega a ser de casi 10 puntos porcentuales. Mientras que alrededor del 43% de las mujeres de 46 a 55 años que tienen hijes reportan haber vivido violencia psicológica, el 34% de quienes no tienen reportan lo mismo.

Algo parecido sucede al considerar la escolaridad, las mujeres con menos escolaridad reportan vivir más violencia económica y física, pero la brecha entre madres y no madres se mantiene entre mujeres del mismo nivel educativo. Por ejemplo, mientras el 20% de las mujeres con licenciatura que tienen hijes reporta vivir violencia económica, alrededor del 10% de las mujeres con licenciatura y sin hijes reportan lo mismo.

Pretexto para la violencia, pero también para pedir ayuda

Hay una paradoja en este tema, y es que, para las mujeres que son madres, sus hijes también son frecuentemente el motor que conduce a las mujeres a pedir ayuda para salir del ciclo de violencia. Estas afirmaciones se sustentan en evidencia proveniente de entrevistas a profundidad con mujeres que son víctimas y sobrevivientes de violencia de género. 3 También los datos de la ENDIREH muestran que es más probable que una mujer que vive violencia de género y tiene hijes pida ayuda en comparación con las mujeres que declaran vivir el mismo tipo de violencia, pero no tienen hijes. Así nos contó Maribel, 4 sobreviviente de violencia de género a quien el padre de sus hijas solía amenazar con un arma, prohibirle salir de la casa y hostilizar al supervisar constantemente las tareas de cuidados:

Llegó un momento en que ya no aguanté. Él es una persona muy agresiva, siempre me amenazaba que no podía salir de la casa para nada, que me tenía que quedar haciendo el quehacer de la casa nada más, y siempre estaba checando si había limpiado bien todo, que si mis hijas estaban limpias, que si sus camisas estaban mal planchadas. Yo sentía en aquel entonces que él tenía más poder sobre todo por lo económico, él era el del dinero y el que tenía la pistola. Él siempre me decía: “te voy a quitar a tus hijas, te las voy a quitar”, entonces yo me creí todo eso y siempre estuve sumisa y nomás en la casa cuidando que todo estuviera como él quería. Hasta que un día tuve mucho miedo de que me matara, y qué iban a hacer mis hijas, yo muerta y él en la cárcel, y fue como me atreví a salir de mi casa con mis hijas y pedir ayuda.

Los testimonios de mujeres del norte del país sobrevivientes de violencia de género en sus distintas formas —física, psicológica, sexual, económica y patrimonial— revelaron que les hijes fueron el motor para pedir ayuda y así intentar romper el ciclo de violencia que mantenían con sus parejas. Identificamos que la principal motivación fue protegerles de las agresiones, además de la preocupación de que sus hijes pudiesen replicar las conductas agresivas de sus padres.  A decir de Susana, quien a raíz de un programa de televisión empezó a considerar la idea de pedir ayuda:

Una vez miré en la tele el programa de Laura en América que decía “las mamás que aguantan a los maridos violentos, que porque por mis hijos, están obligando a los niños a vivir en violencia, eso no es por sus hijos, si es por tus hijos salte de ahí, sé una mamá fuerte y salte de ahí y saca a tus hijos adelante”. Y entonces como que me quedó y me entró eso, y como que cuando hubo un incidente de violencia tuve la forma ya de salirme, como ya había dejado todo en Tijuana por venirme para acá, para una mejor vida, entonces ahora me tocó dejar todo por mi hija y por mí, para tener nosotros una mejor vida.     

Además de la motivación por protegerles de la violencia familiar, algunas mujeres decidieron pedir ayuda a petición explícita de los hijos, como en el caso de Clara:

Más que nada yo decidí salirme porque yo escuchaba que mi niño me decía que odiaba a su papá y que algún día lo iba a matar, que él ya no quería vivir con él, me lloraba mucho, me suplicaba: “ya vámonos, ya no quiero estar aquí”. En la escuela bajó mucho su rendimiento, reprobó el año. Cuando mi niño en una ocasión me dijo “te odio porque por tu culpa yo no soy feliz”, me puse a pensar, yo no quiero que mi hijo diga lo mismo de mí, o sea, lo mismo que dice de su papá. Yo me puse a pensar en todo eso porque la verdad mi niño el más grande es el más afectado, tiene 10 años, pero trae mucho odio, mucho resentimiento hacía su papá, incluso me dice que él no lo quiere ver, porque él sufrió mucho, bastante, y eso fue lo que más que nada me abrió los ojos, saber que yo estoy provocándoles un daño al no quererme salir.

Desafortunadamente, de acuerdo con los datos de la ENDIREH, sólo el 8% de las mujeres que viven algún tipo de violencia por parte de su pareja actual ha pedido ayuda a las autoridades. Si consideramos escolaridad o edad, y luego comparamos madres con no madres, veremos que las primeras son más propensas a pedir ayuda. Por ejemplo, mientras el 12% de quienes son madres de 36 a 45 años que viven violencia han pedido ayuda, sólo el 7% de las que no tienen lo han hecho. Cabe mencionar que las mujeres de mediana edad son las más propensas a pedir ayuda.

Algo parecido sucede en la escolaridad. Si bien las mujeres con hijes piden ayuda más frecuentemente que las mujeres sin hijes, la brecha se acentúa en niveles más altos de escolaridad, en los que las mujeres también suelen pedir más ayuda. Mientras el 12% de las mujeres con licenciatura e hijes han pedido ayuda a las autoridades por la violencia que sufren, sólo el 6% de las mujeres sin hijes lo han hecho.

Atender esta paradoja –que la maternidad sea un pretexto para la violencia, pero también para pedir ayuda– pasa por seguir impulsando cambios culturales en la forma en que concebimos los roles tradicionales de pareja y al interior de las familias. Además de fortalecer la autonomía de las mujeres, o la capacidad y condiciones concretas para que tomen libremente las decisiones que afecten su vida, independientemente de si tienen o no hijes, 5 es necesario continuar promoviendo una paternidad más comprometida con llevar a cabo tareas de cuidados en vez de limitarse a supervisarlas. Por otra parte, queda todavía camino por andar para visibilizar que la violencia familiar no es un problema privado sino un delito y que, en la medida en que, tanto la red de apoyo (familiares, amigos, vecinos) como las autoridades, se involucren y respondan a las solicitudes de auxilio, es posible prevenir que este tipo de violencia escale hacia consecuencias irreparables.

Nota metodológica

Todas las bases y códigos para replicar este análisis están en esta carpeta.

 

 

1 El informe forma parte del Programa “Hacia un nuevo entendimiento del feminicidio: Detectando y previniendo la violencia feminicida en Nuevo León”, realizado en alianza con Alternativas Pacíficas A.C. y financiado por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).

2 Véase aquí.

3 Entrevistamos a usuarias y ex usuarias de los servicios que ofrece Alternativas Pacíficas A. C., así como al personal operativo de dicha organización, como parte de un diagnóstico para el Programa Hacia un nuevo entendimiento del feminicidio: Detectando y previniendo la violencia feminicida en Nuevo León, financiado por La Agencia de Estados Unidos para el desarrollo internacional.

4 Los nombres de las personas entrevistadas fueron cambiados para mantener su identidad en el anonimato.

5 Si eres mujer y estás viviendo algún tipo de violencia de género en tu hogar -psicológica, física, sexual, económica o patrimonial- pide apoyo a tu red de familiares o amigos; busca ayuda en tu comunidad o en alguna organización de la sociedad civil en tu localidad, y llama al 911 o acércate con las autoridades locales.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.